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Tierra, ruralistas y propiedad

Urgido por la reelección en la Sociedad Rural Argentina, su presidente Nicolás Pino desplegó una alambicada concepción sobre la propiedad privada que desconoce aspectos contemplados en la Constitución.

La fluidez de los temas dominantes en la agenda política local es vertiginosa. En cuestión de horas ocuparon el podio la reivindicación de la soberanía de Malvinas, las maniobras de amañamiento para despojar a la Selección de la cuarta estrella en el partido contra los españoles, una nueva campaña antiargentina planetaria y el descubrimiento de que también el racismo hace al ser nacional en un país donde menos del 1% de la población es afrodescendiente, y es muchísimo más sencillo distinguir entre los ricos, que son muy escasos, y los pobres, que abundan.

Entonces a Milei se le ocurrió continuar con su cruzada pro Bolsonaro Jr. y viajó a Brasil, donde participó de un acto proselitista. Como es habitual bailó desaforadamente y bendijo al Jr. haciéndolo depositario del mandato de “parar la basura socialista”. 

Desaliñado, sudoroso, gesticulante y realizando constantes modificaciones de registro de la voz, abaritonándola como quien intenta cantar a lo Satchmo sin talento, animó una flagrante intervención abierta de un presidente extranjero en la política interna de otro país.

Al día siguiente, el domingo 26 por la mañana, Milei fue a la inauguración de la 138º Exposición Rural de Palermo, realizada en coincidencia con los 160 años de la Sociedad Rural Argentina. El operativo para custodiarlo fue el estándar de seguridad táctica que la Casa Militar dispone para ciertos traslados y presentaciones públicas del Presidente, pero llamó la atención -incluso durante la recorrida por el predio- que parte de los efectivos exhibiera armas largas, además de los maletines antibalas.

Parecía una custodia mayor que la habitual, como si el nivel de exposición de Milei, tras su visita a Brasil para batallar contra la zurda junto a Bolsonaro Jr., hubiera aumentado considerablemente. Y también su custodia daría la impresión de ser más robusta un día después, a la salida de la Casa de Gobierno luego de sostener una extravagante reunión de gabinete con una invitada especial, Kristalina Georgieva, la titular del FMI.

Plegarias desatendidas

En la ceremonia inaugural de la 138º Exposición Rural de Palermo habló el presidente de la entidad, Nicolás Pino, quien además de las palabras de apoyo al Gobierno aseguró que la mirada de la entidad “es optimista pero objetiva, crítica pero constructiva”, y seguidamente volvió a la carga contra las retenciones. Como Pino enfrenta el 9 de septiembre una elección donde se candidateó para un cuarto mandato consecutivo al frente de la Rural, apostó fuerte. Dirigiéndose a Milei, dijo: “desde el 2002 hubo un régimen confiscatorio al campo denominado retenciones. Durante el gobierno actual ese monto disminuyó, pero las retenciones deben dejar de existir por ley y para siempre.” Milei respondería después, imperturbable, que la quita definitiva de retenciones se financiará a futuro merced al crecimiento de la minería y la energía.

También Pino entró en consonancia con la mayoría de los ruralistas congregados y sentenció, aunque sin buscar gesto alguno de Caputo, que “la actual política dio notables logros. Previsibilidad y baja del riesgo país y, por eso, la producción ha empezado a reemplazar a la especulación financiera”. En otro orden, mencionó la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que el Gobierno envió al Senado, ya tiene estado parlamentario y será debatida y votada en el recinto el 6 de agosto.

Las palabras de Pino eran previsibles al respecto. Dijo que por la diversidad en materia de realidades productivas, ambientales y geográficas “toda regulación debe asentarse sobre un principio esencial: el pleno respeto al derecho de propiedad, que comprende la libertad de cada propietario de decidir el destino y uso de su tierra”. Y luego de situar esto en el marco de la ley y procurando que ese ejercicio no ocasione perjuicios a terceros ni afecten el interés común, enfatizó: “no es bueno, como sucede en la Patagonia, que compradores que destinan áreas a creaciones de reservas ecológicas, no estén obligados a establecer resguardos que protejan a los vecinos”. O sea que sobre el proyecto también conocido como “Ley de tierras” sostuvo una opinión -por calificarla de alguna manera- severamente difusa.

La oratoria creativa del titular de la Sociedad Rural prosiguió asociando ideas: “estamos convencidos de que es posible armonizar el ejercicio del derecho de propiedad con la protección del ambiente y la seguridad nacional”, dijo. “Ese equilibrio es el mejor camino para cuidar nuestros recursos, fortalecer la producción y generar confianza para invertir.  Acerca del proyecto de Ley de Carbono unas palabras: a través del manejo del suelo, pastizales, y árboles, y del combate contra la erosión, cada productor genera servicios ecosistémicos”. 

Son mejoras, aseguró, forzando algo el lenguaje. “Están basadas en la captación del dióxido de carbono que mitiga el riesgo climático y preserva la biodiversidad. Esos servicios ecosistémicos son de propiedad privada y pertenecen al dueño de la tierra. La Ley de Carbono debe reafirmar esa propiedad del productor y sancionar a cualquiera, incluidos gobiernos provinciales, que quieren apropiarse de los servicios ecosistémicos con el argumento falso de que constituyen un bien común, objeto de un supuesto dominio originario. Basta con leer nuestra Constitución Nacional para entender qué significa, en ella, propiedad privada. En Argentina no existe lo que se ha dado en llamar bienes comunes. Existen bienes públicos o bienes privados. Esgrimir derechos de propiedad sobre los servicios ecosistémicos apelando a un supuesto dominio originario es incumplir con la Constitución Nacional.”

Ciertamente, en la Argentina existen bienes públicos o bienes privados, pero también la Constitución Nacional (cuya lectura recomendó Pino) dice en el Art. 75 Inc. 17 que corresponde al Congreso: “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.

O sea que entre el cielo y la tierra hay algo más que bienes públicos o privados y sus respectivos dominios y propiedades específicos; incluso hay “bienes públicos” que habrán de proveer los Estados, no excluyentes ni competitivos o rivales, como el aire puro, o la defensa nacional. 

Pero respecto de lo dicho por Pino en el discurso, y siguiendo su recomendación, amerita además una relectura del Art. 41 de la Constitución Nacional: “todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos”.

Más situaciones enojosas

A su turno Milei pronunció un discurso relativamente moderado, con largos y solemnes elogios para sus oyentes: “el campo no es un sector más de la economía. El campo es, en el sentido más literal, el origen de la civilización. Remontémonos al inicio de nuestra especie. Durante cientos de miles de años, el ser humano fue un cazador-recolector nómade, que vivía al día, sin futuro y sin destino. Hasta que, un día, alguien entendió que podía sembrar una semilla en la tierra y quedarse a esperar la cosecha”.

Razonó con tono docente que “ese hombre dio inicio” a la civilización “porque, para sembrar y cosechar, hay que quedarse en un lugar”. También se refirió al primer derecho de propiedad de la historia, y al primer excedente “cuando sobró comida” y pudo aparecer “el herrero, que desarrolló herramientas para trabajar mejor; y el maestro, que transmitía estos conocimientos a las nuevas generaciones”.

Milei prosiguió ensalzando las políticas de su gestión a favor del sector agropecuario, pero en un punto retomó su cruzada libertaria y dijo: “cada uno de estos logros fue alcanzado gracias a una palabra mágica que la izquierda intentó demonizar siempre que tuvo la oportunidad: la rentabilidad. Solo por la baja de retenciones, la relación entre nuestros precios en Rosario y los de Chicago mejoró hasta un 19% en el maíz y un 12% en la soja. Entre 2019 y 2023, el productor que vendía soja recibía en torno al 65% del precio internacional, mientras el resto se lo quedaba el Estado en el camino. Hoy recibe el 75% y va a seguir subiendo hasta que, el día de mañana, reciba el precio pleno del 100% de lo que genera su esfuerzo”.

Tampoco faltó la repetición del credo sazonado con promesas de máxima, pero justificando el pedido de paciencia a los productores agropecuarios. Por enésima vez dijo Milei: “Todo es posible únicamente gracias al superávit fiscal, porque el superávit es el motor que nos está llevando al futuro y no hay baja de impuestos posible sin un superávit fiscal sostenido.”

O sea que el pedido de la inmediata supresión de las retenciones sería momentáneamente improcedente, no obstante el oficialismo continuará sentando las bases de un futuro luminoso. En palabras de Milei complementarias de las anteriores, el logro de un superávit fiscal sostenido requiere otras herramientas: “actualmente estamos discutiendo en el Congreso un proyecto que hemos llamado de inviolabilidad de la propiedad privada. Este proyecto no solo protege a nuestros productores de posibles expropiaciones, una experiencia traumática que ha vivido este sector, sino que habilita la inversión de capital en nuestro sector agropecuario. […] Existen cientos de negocios que requieren compra de tierras a escala, y que quieren venir a invertir a nuestro país. Hablo de la industria forestal, la industria láctea, ciertas economías regionales y el riego para volver viables cultivos en zonas áridas, por mencionar algunos”.

Luego recorrió la exposición y divisó, mientras concedía una entrevista radial, a José Ignacio de Mendiguren, ex ministro de la Producción durante la gestión de Duhalde. El ex ministro (apodado afectuosamente el “Vasco”) estaba en la muestra como propietario del gran campeón de la raza cuarto de milla, y entonces la recorría en su doble condición de productor y de premiado. Lo vio Milei y retomó el temple de ánimo que había lucido en San Pablo y lo insultó, atribuyéndole la responsabilidad de pérdidas millonarias para el país. 

Dijo, señalándolo: “ese le cagó a los argentinos treinta mil millones de dólares. Vos, sí, ladrón. Vos arruinaste el país con Duhalde y toda su banda”.

Milei asumió la presidencia de la Nación el 10 de diciembre de 2023 y su mandato concluye el 10 de diciembre de 2027.

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