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Río Paraná: la renuncia a un proyecto nacional

La nueva concesión de la Vía Navegable Troncal, mal llamada Hidrovía, constituye una decisión estratégica que, según el autor, exsubsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Nación, no puede reducirse a un debate técnico sobre dragado, balizamiento, peajes o plazos de concesión. La Argentina está consolidando un modelo logístico que condicionará su desarrollo económico, industrial y geopolítico durante décadas, mientras el debate público permanece atravesado por el silencio.

La reciente adjudicación de la Vía Navegable Troncal constituye una de las decisiones estratégicas más trascendentes adoptadas por la Argentina desde el retorno de la democracia.

Sin embargo, el debate público ha sido sorprendentemente superficial. La discusión ha quedado reducida a cuestiones administrativas, jurídicas o técnicas vinculadas al dragado y balizamiento.

Se discuten profundidades, canales, peajes, plazos de concesión y mecanismos de contratación. Todo eso es importante. Pero no es lo fundamental.

Lo fundamental es que la Argentina acaba de consolidar un modelo de navegación y organización territorial que condicionará su desarrollo económico, industrial y geopolítico durante las próximas décadas.

Por eso el problema no es el dragado. El problema es el modelo.

Una continuidad que trasciende a los gobiernos

Sería un error interpretar esta decisión como una iniciativa exclusiva del gobierno de Javier Milei. Cuando se analizan las decisiones adoptadas durante las administraciones de Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, aparece una continuidad estratégica difícil de ignorar.

Las diferencias discursivas fueron importantes. Las diferencias políticas también. Pero las decisiones concretas terminaron convergiendo hacia un mismo objetivo: consolidar un esquema logístico que concentra los flujos comerciales argentinos en una estructura diseñada fundamentalmente para facilitar la exportación de materias primas y fortalecer la posición de grandes operadores internacionales, donde las necesidades de la Argentina están ausentes.

La derrota geopolítica argentina

La discusión sobre la Vía Navegable Troncal nunca fue simplemente una discusión portuaria. Detrás del debate sobre el Paraná, el Río de la Plata, el Canal Magdalena, el Puerto La Plata o el Puerto Buenos Aires existe una discusión mucho más profunda: quién ejercerá el control efectivo sobre la organización logística del espacio económico argentino.

La cancelación práctica del Canal Magdalena, la pérdida del rol estratégico del Puerto La Plata y la consolidación de un esquema dependiente de puertos extranjeros constituyen mucho más que decisiones técnicas. Representan la renuncia a construir una estructura logística propia al servicio de los intereses nacionales.

El silencio ante el modelo

Lo más llamativo de todo este proceso no es la decisión adoptada. Lo más llamativo es el silencio.

Silencio de buena parte de la dirigencia política.

Silencio de sectores empresariales que deberían comprender las consecuencias que este modelo tendrá sobre la industria argentina.

Silencio de organizaciones sindicales que observan cómo se consolidan estructuras que condicionarán el empleo y la producción futura.

Silencio de universidades, centros académicos y espacios de pensamiento que históricamente participaron de los grandes debates nacionales.

Parecería que la Argentina ha perdido incluso la capacidad de discutir estratégicamente su propio destino.

La renuncia a un proyecto nacional

Durante gran parte del siglo XX la Argentina discutió distintos modelos económicos, pero existía una coincidencia básica: la necesidad de construir una nación integrada.

Los puertos, los ferrocarriles, la marina mercante, los astilleros, las empresas energéticas y las políticas de transporte eran concebidos como partes de un mismo sistema destinado a integrar el territorio, promover la producción y fortalecer la soberanía económica.

Esa visión parece haber desaparecido.

Hoy los problemas se discuten por separado. Los puertos por un lado. Los ferrocarriles por otro. La industria por otro. La energía por otro. Y cuando se pierde la visión del conjunto, se vuelve imposible construir una estrategia nacional.

Por eso esta discusión trasciende ampliamente el ámbito portuario o fluvial.

Lo que está en discusión es si la Argentina seguirá siendo una comunidad organizada alrededor de un proyecto colectivo o si aceptará convertirse en un simple espacio geográfico atravesado por intereses ajenos.

Toda generación enfrenta decisiones que terminan definiendo su legado.

Tal vez dentro de algunos años los argentinos descubran que el verdadero debate nunca fue el dragado de un río.

Tal vez comprendan que la discusión no era técnica ni administrativa.

Tal vez comprendan que lo que estaba en juego era la posibilidad de sostener un proyecto nacional propio.

La Argentina no está licitando un dragado.

Está licitando su futuro.

Y cuando una nación delega durante décadas la organización de sus ríos, de sus puertos y de sus flujos económicos, no está resolviendo un problema de navegación.

Está definiendo quién tendrá la capacidad de organizar su territorio, su economía y su destino.

Ese es el verdadero debate.

Y sobre ese debate todavía reina el silencio de la verdad en que la mentira ha terminado de aturdirnos.

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