Ya se está votando por correo en varios estados y el presidente sigue diciendo que todo va de maravillas. Las encuestas y la inflación lo desmienten, y todo indica una ola demócrata en las legislativas.
Donald Trump no lo admite, pero está nervioso ante la Ola Azul que se avecina en las elecciones del primer martes de noviembre. El Presidente Naranja afirma maníacamente que es más popular que la Coca Cola, pero todos los números lo desmienten. Ya está instalado que va a perder el control de la Cámara de Diputados y ya no es un sueño, aunque también pierda el Senado, que es más difícil. Y como en Estados Unidos se puede votar por adelantado, por carta, ya se están apilando los sufragios.
Reuters publicó a fin de mes una encuesta en la que el 66% de los votantes tiene imagen negativa de su gestión, con apenas la mitad, un 32%, que la aprueba. Los latinos están abandonando esa rara alianza que hicieron con el republicano. El voto de este sector fue crucial en las elecciones de 2024 y su lealtad notable: en febrero de 2025, recién estrenado el segundo mandato, un 93% de la comunidad apoyaba a Trump. Hoy, esto se cayó a un 66%, todavía un porcentaje alto pero bajando a fuerza de la deportación de parientes.
Es notable, pero todos los estudios muestran que la comunidad veía bien cerrar la frontera y expulsar a los delincuentes extranjeros. Nunca se les pasó por la cabeza que la cosa fuera también con ellos.
Como en tantos otros países, el voto independiente es fundamental para ganar. Hace dos años, este bloque se dividió casi exactamente al medio, con Trump tres puntos adelante de Kamala Harris. Hoy, el 57% afirma que va a votar demócratas y sólo el 32% republicanos. Es una diferencia de 25 puntos y una caída de 28 para el Naranja.
¿Por qué pasa esto? La economía es fundamental y en lo que va del año los precios de los combustibles subieron un 50%, un golpazo en un país que mira ese precio como nosotros miramos el dólar. Como lo que más sube son los alimentos y los alquileres, el golpe va directo a la base obrera y de baja clase media de MAGA, la gente que esperaba algo mejor de su candidato mágico.
Para peor, la política del resentimiento social de Trump se resquebraja cuando se ve que ciertos sectores, como los fondos financieros y los inversores ganan fortunas en Wall Street con la burbuja de la IA. La brecha social en Estados Unidos está más ancha que nunca, y los encuestadores están señalando un factor nuevo en la ecuación: la evidente corrupción de Trump y su familia.
En la elección de 2024 era notable la cantidad de gente que decía que lo iba a votar por ser “un outsider” y no un político más, aunque ya había gobernado cuatro años. Hoy, parece que la novedad se gastó a fuerza de negocios con emiratos y criptomonedas.
Para los que están convencidos que todo político es un ladrón por definición, la definición está incluyendo al Naranja.
Comercio
Pero Trump parece impermeable a todo esto y sigue en la suya. El martes 29 se efectivizó la prohibición absoluta de importar de Canadá bebidas alcohólicas, ciertos productos lácteos, miel vegetal, cerveza sin alcohol y motos, parte de la guerra comercial con el vecino y socio. El impacto directo de la medida es muy menor en dólares, pero se agrega a las tarifas del 50% de septiembre, que el premier Mark Carney retribuyó al centavo.
El problema para Trump es que 25 estados de la Unión, la mitad del país, tienen a Canadá como principal mercado de sus exportaciones. Los demócratas están usando la guerra comercial como argumento para las legislativas, con impacto. En su momento, estos bandazos económicos se justificaron diciendo que era la manera de reindustrializar el país y generar empleos bien pagos. Pero no hay señal de eso y el resultado inmediato de la guerra comercial con medio mundo es un aumento generalizado del costo de vida.
Lo mismo ocurre con la otra guerra que cada vez queda más en claro que fue un capricho de Trump. Irán resultó más duro de lo que se esperaba, el petróleo subió y se hizo escaso, y la crisis global inesperadamente le dio más poder a China, que tenía enormes reservas de crudo a mano. Este mes hasta hubo una buena noticia: las exportaciones petroleras habían subido a un promedio de diez millones de barriles por día, una buena mejora, aunque lejos de los 19 millones que pasaban por el Estrecho de Ormuz antes del capricho presidencial.
Esta mejora, sin embargo, no se refleja en los precios, que bajaron apenas dos centavos por galón. Y la normalización tiene un problema serio, que nadie se cree que es por el constante patrullaje de la Armada norteamericana en la región. La convicción de la industria es que Irán, por las razones que fuera, no está haciendo fuego contra los barcos. De paso: el operativo naval en Ormuz cuesta unos cien millones de dólares por día.
Deportados
Trump acaba de anunciar que va a expandir todavía más los batallones de ICE, que se dedican a expulsar a sin papeles. Esta vez, van a ser cinco mil “agentes”, con lo que la entidad va a llegar a 34.000 efectivos. Y se aclaró que las nuevas tropas son para hacer razzias y arrestos que ya costaron varias vidas. Es que la agencia está bajo presión para echar la mayor cantidad posible de inmigrantes y los agentes trabajan siete días a la semana. A nadie le importa que el entrenamiento sea más que nada el de vestirse como para ir a la guerra, sin mayor disciplina siquiera de armas.
La Corte Suprema de justicia le dio una alegría este martes 29 al Naranja. Resulta que había tantas demandas contra el mecanismo de enviar inmigrantes a cualquier país que los acepte, sin importar la nacionalidad del deportado, que el Ejecutivo le pidió a la Corte que zanje el tema. El martes, el tribunal publicó una hojita diciendo que se puede seguir mandando a cualquiera a cualquier parte por lo menos en lo que queda del año. Recién en diciembre la Corte va a escuchar el caso, con lo que el fallo queda para el año que viene.
Le Pen
La ultraderecha francesa está de fiesta. El partido de Marine Le Pen, Reunión Nacional, y sus aliados formaron por primera vez un bloque en el Senado de Francia, con 14 bancas. El ente tiene 384 asientos y se renueva por mitades cada tres años. La mitad de los nuevos senadores son nombrados por autoridades locales y regionales, la otra mitad por voto directo, con mandato de seis años. La novedad simbólica es que es la primera vez que la ultra pasa el umbral de 10 bancas necesario para formar un bloque.
Etiopía
Se está reavivando la guerra civil etíope, que entre 2020 y 2022 causó cientos de miles de muertos en combate, por ejecuciones y por hambre. Nuevamente, el conflicto es entre el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray, la región norte del país, y el gobierno del premier Abiy Ahmed. El gobierno de Tigray movilizó a sus tropas y tomó varios aeropuertos, desplazando a las tropas nacionales que los custodiaban.
Como siempre, ambas partes se culparon mutuamente de haber empezado. Los tigriña afirman que el gobierno atacó con tropas, artillería y drones en suelo bajo su gobierno. Un ataque al menos pudo ser comprobado por la Iglesia Católica de Adrigat, que mostró fotos de un convoy de ayuda humanitaria que iba a Tigray y fue destruido por un dron. La explicación habitual, que este es un conflicto étnico, debe ser tomada con pinzas en el caso etíope. La diferencia entre los tigriña y los amariña, la mayoría nacional, es muy relativa. Ambos grupos tienen la misma fe ortodoxa etíope, seculares lazos familiares y lenguas apenas distinguibles entre sí. La cuestión es que Tigray siempre fue el eje fundamental de la política y la historia de Etiopía, pero fue desplazada lentamente de ese lugar a partir de fines del siglo 19, cuando se fundó Adis Abeba.
La feroz dictadura del Derg, entre 1974 y 1991, detonó una larga guerra civil capitaneada por el Frente de Tigray. En 1991, los insurrectos entraron en la capital e instalaron en el poder a su líder, Meles Zenawi, que gobernó hasta su muerte en 2018. Fueron buenos años para Etiopía, de crecimiento económico y una explosión demográfica. La llegada al poder de Abiy en 2018 puso en crisis el modelo.
La intriga actual es ver qué posición va a tomar Eritrea, el vecino al norte, por muchos años un enemigo que Abiy logró acercar.
En la última guerra civil etíope Eritrea, una brutal dictadura, apoyó al gobierno central contra Tigray. La situación hoy es más compleja, porque Estados Unidos corteja a Eritrea por su posición estratégica en el Mar Rojo, camino al Estrecho de Suez.