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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 141
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La doctrina imperial es para todo, menos China

POR

Trump, el imprevisible.

Trump habló y habló en la ONU en un elogio a la fuerza bruta, pero recibió a Xi con altos honores y elogios comedidos. Es que China es otra cosa, tiene con qué contestar las agresiones y reclamó una “estabilidad estratégica constructiva”.

Septiembre es el mes de las Naciones Unidas en Nueva York, con mandatarios y ministros de todo el planeta inaugurando las sesiones generales de la organización. Es una ocasión en la que le pueden dar discursos al mundo, aunque en general le hablan a sus votantes en casa, y una gran chance de rosquear en los pasillos y en reuniones reservadas. Brasil, como es tradición, inauguró la tenida y el presidente Lula da Silva mandó mensajes de soberanía. Palestinos e israelíes se cruzaron, Irán desafió al mundo, Ucrania acusó a Rusia y pidió más ayuda. Todo previsible.

Menos Donald Trump.

Trump hizo una oda al imperialismo puro y duro, a la antigua, que su predecesor Teddy Roosevelt no se hubiera animado a hacer en un escenario que, supuestamente, es de paz y diálogo. El aviso fue clarito, que Irán tiene que negociar o va a ser “aniquilado”. Que América latina es el patio trasero a ser patrullado y “protegido” por el mayor poder militar “en la historia de la humanidad”.

Fue notable que ni siquiera usó algún argumento para revestir esto con un barniz de interés común, aunque sea aquello de proteger “nuestro estilo de vida” que se usaba en la Guerra Fría. Nada, fue pura fuerza bruta, lo hacemos porque podemos.

Es una expresión para el mundo de la Doctrina Donroe, que la fuerza es el mayor argumento de la política internacional, donde se desconoce el largo trabajo de la ONU de crear un marco legal que modere la brutalidad. A Trump no le interesa, su afinidad es con los “hombres fuertes” que se pasan esas tonteras por las partes.

Pero el mismo martes 22 en que desafió a todos, se supo que había arrugado en su idea de anexar Groenlandia. Es que ese día se conoció el nuevo tratado con Dinamarca para abrir nuevas bases en la gran isla nórdica, aumentando la presencia militar, algo que Trump anunció como “tremendo para Europa y para los Estados Unidos”. Lo que no sabía, parece, es que no necesitaba un nuevo tratado para abrir o agrandar bases, porque el que sus ancestros firmaron con Dinamarca en 1951 ya lo permitía. De hecho, el principal punto del nuevo documento es reabrir la base de Narsarsuaq, cerrada hace décadas porque nadie entendía para qué gastar en mantenerla si ya no servía para nada.

Varias fuentes, con reserva de nombre, le explicaron a los periodistas norteamericanos que la idea era darle algo a Trump para que anunciara un triunfo, como le gusta. Los daneses realmente temían que invadiera Groenlandia y se la quedara, y ahora rezan para que el Naranja no cambie de opinión y repudie el arreglo, como hace seguido. Lo único realmente relevante esta vez es que el nuevo tratado también lleva la firma de un representante de la población de Groenlandia. Es la primera vez que les dan un lugar así.

Otra cosa que quedó en claro en el plenario de la ONU fue el cambio de alineamiento de países antaño bajo el paraguas norteamericano. Europeos y otros aliados hablaron medio como si Estados Unidos no estuviera más ahí, con abundancia de frases sobre nuevos órdenes mundiales.

Canadá habló bajito, pero esta semana se conoció un cambio importante, inédito en ese país, que es un impulso a su industria armamentística. Los canadienses siempre consideraron eso de andar vendiendo armas por ahí como algo sucio, pero este año son la estrella de la mayor feria europea de defensa, en Polonia. Y andan por ahí hablando con coreanos, japoneses y australianos, todos preocupados en diversificar sus arsenales ante la errática política exterior de Trump.

La visita

Todo esto de hablarle al mundo y amenazar a tantos no es el centro de la vida trumpiana. Pero este miércoles 23 de septiembre aterrizó en Washington alguien a quien se tiene que tomar en serio, el presidente chino Xi Jinping. El Naranja respeta al chino, que le hizo frente con éxito en la batalla económica, y le envidia que gobierna desde 2012 y está por empezar un inédito cuarto período como secretario general del Partido, esto es, jefazo absoluto. Es lo que le gustaría ser él.

El mandatario chino es una persona públicamente impasible y en esta visita tiene con qué. Cuando Trump lo amenazó con tarifas extraordinarias, Xi contestó con las suyas y cortó la entrega de tierras raras, que su país domina y son hoy indispensables para todo tipo de electrónica. La queja fue global, los precios subieron y Trump declaró “una tregua”, que sigue. Esta visita de estado, se supone, es para negociar una paz económica, y Xi viene con varias cartas en la mano. Una importante es que sus problemas económicos no se reflejan en las urnas, porque en China no hay urnas. Trump enfrenta una catástrofe electoral el 10 de noviembre.

No extraña que fuera a recibir a su invitado a la base aérea y con alfombra roja, algo que nunca había ocurrido con un chino. Xi es un convencido de que China está en ascenso y EEUU en decadencia, pero todavía es peligroso.

Lo primero que dijo en público en la Casa Blanca fue que había que complementarse y no caer en la Trampa de Tucídides, esa que ordena que haya guerra entre el que decae, que no lo acepta, y el que asciende, que quiere ser número uno. Lindo mensaje para una visita. Pero nadie espera una pelea en las cosas que le importan a Beijing, como la IA y Taiwán. Lo que busca el chino no es una salida a sus problemas económicos de desempleo, estancamiento del mercado interno y baja de salarios reales. Xi quiere lo que llama “estabilidad estratégica constructiva”, una manera moderna de hablar de áreas de influencia, como en el siglo 19. Una ventaja que tiene es lo errático de la conducta de Trump, incapaz de sostener una política internacional en el tiempo e ingenuo a la hora de caer en trampas como la de Irán.

Modelos

Otra cosa que se juega es la competencia entre el capitalismo de aventuras que adora Estados Unidos y el planificado que practica China. Las últimas décadas vieron resurgir al viejo Imperio Celeste, ahora la segunda economía del planeta y embalado en ser la primera potencia global. En Washington, y en Silicon Valley, se consuelan con la ventaja tecnológica que mantienen y con una filosofía: China nunca los va a alcanzar porque los descubrimientos no se hacen desde el Estado, se hacen desde el caos creativo del capitalismo.

Xi no se la cree. En febrero, el presidente visitó el novísimo parque tecnológico de las afueras de Pekín en el que cientos de compañías recibieron espacios de trabajo y decenas de millones de dólares en tiempo de computación. La prioridad es crear chips de avanzada, como los que le no quiere vender Estados Unidos. “Nuestra ventaja es la capacidad de concentrar recursos hasta que cumplimos nuestros objetivos”, dijo Xi en el evento.

Esa concentración se ve en la inversión de 184.000 millones de dólares en IA desde 2000 hasta 2025, con cientos de miles más para este año solito. Toda empresa que sea calificada como tecnológica recibe una fuerte baja en sus impuestos, del 25 al 15%. Los chinos tampoco están siguiendo la dirección de los norteamericanos en el objetivo último: no parece interesarles crear inteligencias que evolucionen, una nueva especie. Lo que quieren son usos prácticos de impacto inmediato, robots para las fábricas, médicos artificiales que atiendan en el campo, IA en lugar de oficinistas. Ya están escaseando los taxistas humanos en las ciudades grandes y los actores se quejan de que los contratan una vez, para crear avatares digitales. El proyecto tiene sus peligros, con lo que no extraña que el gobierno regule estrictamente lo que puede decirte un chatbot, no sea que ayude a la oposición. Estas máquinas están prohibidas para los chicos, como tienen prohibida la salida del país los mayores expertos en el campo de IA.

Espías

Y lo que no se consiga por inteligencia artificial, se puede conseguir haciendo inteligencia tradicional. La inteligencia militar norteamericana admitió que está muy preocupada con la presencia china en Arabia Saudita, país que firmó un contrato para comprar 24.000 millones de dólares en cazas F-35, de lo más avanzado del mundo. Los sauditas tienen un pacto de defensa y cooperación militar con los chinos, con lo que podrían tener acceso a esos aviones, que Washington quiere que se guarden en bases seguras, lejos de ojos chinos.

Alemania

El domingo 19 de septiembre los democristianos alemanes recibieron otra paliza y la extrema derecha de la Alternativa por Alemania otra alegría. El partido del canciller Friedrich Merz perdió con los Verdes en Berlín y con los neonazis en Mecklenburgo-Pomerania Occidental, en este caso por cinco a 37%. Esto está creando una paradoja única en el mundo.

La Alternativa es considerada oficialmente por los servicios de inteligencia “sospechosa de extremismo”, con la filial de Saxonia-Anhalt considerada “extremista confirmada”, aunque está tratando de formar un gobierno en esa provincia después de ganar las recientes elecciones con 39 puntos.

Resulta que, en el sistema federal alemán, cada provincia recibe copia de los informes de inteligencia, de modo que cada gobierno local esté al día en ciertas cosas. Lo que se discute, ahora, es el Plan de Defensa creado hace dos años por los militares alemanes, un bodoque de mil páginas escrito especialmente para defender al país de una invasión rusa. Pero la Alternativa es un partido abiertamente pro ruso, desvergonzadamente pro Putin, con lo que la pregunta es (si forman gobierno en una provincia) ¿cuánto van a tardar en darle una copia del plan a Moscú? ¿Minutos? ¿Horas?

Mientras buscan la vuelta legal para vedarle la copia a los Alternativos, surgió otro problema: los servicios también distribuyen informes de inteligencia a las provincias sobre la misma Alternativa, vigilada como grupo extremista.

Periodistas

Trump tiene una relación difícil con la prensa, pero no la que suelen tener los políticos normales. Estos se enojan cuando les hacen pisar algún palito o les revisan el archivo, pero el presidente se enoja como un empresario que publicó una gacetilla y no se la citan textualmente. Quien lo dude, pregunte a algún colega que cubra negocios y empresas, pero prepárese a escuchar una larga letanía de rezongos e historias de caprichos.

Desde ahí se entiende la insólita medida de la semana pasada en la que la Casa Blanca le prohibió la entrada a tres canales de televisión, CNN, MS NOW y Político. Los tres son medios “de nicho”, que cubren casi exclusivamente la política local y global, esto es, no son canales con divisiones de noticias. Trump los odia porque “virtualmente cada historia sobre mí o cualquiera cosa que tenga que ver conmigo, es negativa, equivocada y en muchos casos PELIGROSA para el país. No importa cuán GRANDIOSOS sean mis Logros, ellos los trivializan y ningunean”. (Perdone el lector las mayúsculas erráticas, pero así escribe el Presidente).

Los tres exiliados inmediatamente le hicieron juicio al gobierno, sobre la base de la libertad de prensa y el derecho adquirido a cubrir la Casa Blanca. La sorpresa fue la inmediata reacción de los canales “de cadena”, que cubren todo lo que haga el presidente y comparten su video con todos los demás, en un sistema de pool. ABC, CBS, Fox y NBC boicotearon a Trump y lo dejaron solito. El sábado 19 de septiembre fue la inauguración del nuevo helipuerto en la Casa Blanca, un proyecto que el Naranja había cuidado personalmente. La única cámara fue una de la propia presidencia, con un micrófono que andaba mal… un papelón. Para peor, el resto de la prensa participó de la protesta y no había fotógrafos.

Trump se construyó como personaje público en televisión, vive mirando televisión y mide su popularidad y su peso por cuánto está en pantalla. Hasta miente, diciendo que su sola presencia dispara el rating de cualquier cosa. Hace una semana que no aparece constantemente, lo que debe molestarlo. Este miércoles 23, un juez declaró ilegal el exilio de los medios y le dio hasta el mediodía del jueves para dejarlos entrar. Alguno fue a la mañana y fue maltratado por el Servicio Secreto. Pero a las doce, volvieron a probar y todo se normalizó.

Se nota que estaba Xi en la Casa Blanca y hacía falta la televisión.

Caprichos

Hubo una época en que la etiqueta “seguridad nacional” justificaba barbaridades como golpes militares y asesinatos políticos. En estos tiempos naranjas, también se usa para justificar tonteras. Trump está encaprichado en dejar “mi marca” en Washington con edificios, porque “soy un constructor”. Los dos más notables son el enorme salón de fiestas en la Casa Blanca, en plena construcción, y el todavía naciente Arco de los 250 años, enorme, feo, dorado y que va a tapar la tradicional perspectiva del Cementerio militar de Arlington.

Como a nadie le gustan estos proyectos y resulta difícil justificar el gasto, Trump recurrió a la seguridad nacional y ahora dice que ambas obras son “indispensables”. Resulta que el nuevo salón de banquetes es un “complejo militar” subterráneo, y el arco un “complejo militar de primera línea” con puestos para francotiradores y facilidades para lanzar drones.

Preguntado, el Pentágono dijo no tener “ninguna información” al respecto.

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