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Macri sueña con su propio muro

El llamado “Operativo Muro”, lanzado por Jorge Macri con una fuerte puesta televisiva, aparece como una nueva escenificación de seguridad antes que como una política criminal eficaz. El despliegue de 800 efectivos en accesos a la Ciudad, con apenas cuatro detenidos, expone una estrategia centrada en la retórica de la mano dura, la estigmatización del conurbano y el impacto mediático.

El show empezó el 4 de junio a las 19, con transmisión en directo por varios canales de TV como TN y LN+. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, lanzó el llamado “Operativo Muro”. Se montó un despliegue de saturación policial a lo largo de 24 kilómetros de la General Paz, los puentes sobre el Riachuelo y otros accesos. Ochocientos efectivos y helicópteros surcando el cielo conformaron un nuevo show, continuidad del llamado “Operativo Tormenta Negra”, del 14 de mayo, que ya fue analizado aquí en “La Tormenta Negra de Macri: mucho show y ninguna cueva cerrada”.

Más allá de la efectividad del Operativo Muro —desde ahora, OM— y de la coreografía montada, lo que se esconde es una estigmatización sobre los bonaerenses, además de un ataque directo a su gobernador, Axel Kicillof.

El núcleo del OM no está en los retenes físicos, sino en la violencia verbal desplegada por Macri. Vale la pena citar sus palabras textualmente: “Si del otro lado reinan el caos y el desorden, vamos a hacer un muro contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof”; “No vamos a permitir que lo peor del conurbano se instale en la Ciudad”; “Estamos construyendo un muro de control al desgobierno de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, donde la seguridad no es prioridad”.

La mano dura y el enemigo interno

Estas afirmaciones no constituyen un exabrupto aislado. Forman parte de una política con dos objetivos claros. El primero es apropiarse del discurso de “mano dura” en la disputa con La Libertad Avanza. Alberto Binder, en Análisis político-criminal. Bases metodológicas para una política criminal minimalista y democrática, refiriéndose a la mano dura, sostiene: “Se trata de proclamar una actitud intransigente frente al delito, en particular al que se comete en los espacios públicos”. Binder la considera una retórica mentirosa, pero entiende que es algo mucho más grave y profundo que una simple demagogia electoral. “Tras la retórica de la mano dura existe siempre una lógica del linchamiento”… Asimismo, señala que “esa retórica de la mano dura siempre se focaliza en pocos delitos”.

El segundo objetivo es la búsqueda de un “enemigo interno”. Al calificar de “barbarie” a determinados sectores, se estigmatiza y se reflotan los peores prejuicios de la segregación de clases.

A la vez, ¿sería equivocado señalar que, en variadas oportunidades, la zona de Puerto Madero fue el domicilio de varios imputados en delitos de narcotráfico y penal económico? Si Jorge Macri pretende “aislar” a los impuros del conurbano, ¿propondrá también puentes levadizos y fosas con cocodrilos? ¿O acaso, como sostiene Binder, la mano dura no es para todos los delitos?

La falla operativa del Operativo Muro

En el OM, algún funcionario del Ministerio de Seguridad de la Ciudad podría justificar el operativo mediante la llamada “Teoría de la Elección Racional”, formulada por Ronald V. Clarke. En este marco teórico, el delincuente opera con una racionalidad limitada, realizando un cálculo de costos y beneficios. La idea es que el proceso de saturación de 75 puntos de acceso eleve el riesgo de captura, obligando al infractor de la ley a desistir de su accionar.

Los operativos de Macri, al realizarse sin movilidad operativa, con policía estática, e incumpliendo el secreto operacional porque lo difunden en vivo y en directo, se transforman en una especie de simulación de control.

Quizá, más que a Clarke, los diseñadores del OM leyeron la obra distópica El Muro, de John Lanchester, donde celosamente se cuida un muro para impedir que “los otros”, seres despreciables, no ingresen a la Ciudad.

Cuando un operativo de seguridad se transforma en un show televisivo, transmitido casi en cadena, pierde efectividad, ya que no altera el cálculo de los delincuentes individuales y menos aún el de las organizaciones criminales de mediana o gran envergadura. El delincuente que, por ejemplo, roba un automóvil no se “choca” con el retén. Procesa la información que, en este caso, el propio Gobierno de la Ciudad le ofrece a través de los medios de comunicación, aprovechando una frontera metropolitana cuyo cercamiento resulta imposible.

El efecto globo y la frontera imposible

En términos teóricos, un bloqueo de accesos unilateral, rígido y mediatizado activa de forma inmediata el llamado “efecto globo”. Cuando se aprieta un globo en una de sus partes, el aire no desaparece: se desplaza hacia otra. Del mismo modo, cuando se ejerce presión policial sobre un puente específico, el delito no se evapora; simplemente se traslada hacia zonas de menor resistencia. Las redes criminales, de existir, desviarán sus flujos hacia caminos alternativos o accesos distintos, por ejemplo, corredores ferroviarios desprovistos de retenes físicos.

Desde el Gobierno de la Ciudad podría señalarse que este primer ensayo fue ampliamente mediatizado por tratarse del inaugural, pero que los siguientes, de realizarse, no lo serán. Aun así, el efecto globo, con sus distintas variaciones, seguirá presente, ya que resulta fácticamente imposible controlar todos y cada uno de los accesos —más de un centenar—. Incluso en ese supuesto, el delito tiende a receptar información y actuar en consecuencia, sobre todo debido a las formas básicas y económicas de comunicación de las que hoy disponemos.

Esta obsesión por un muro de retenes conduce a una notable advertencia que brinda la literatura. Dino Buzzati, en El desierto de los tártaros, relata cómo el teniente Drogo consume su vida entera custodiando los muros de una importante barrera militar alzada frente a un desierto vacío. Espera a un enemigo que nunca llega por el frente previsto cuando está el protagonista.

Los resultados del OM fueron los siguientes: se secuestraron 484 vehículos por diversas irregularidades en su documentación y se detuvo a cuatro personas. Estos números se “vendieron” a la población como si se tratara del desmantelamiento de una organización criminal transnacional. La realidad es que todos los días entran a CABA desde la Provincia de Buenos Aires un millón trescientos mil vehículos. Los 484 requisados representan el 0,03 por ciento de ese total.

Políticas ficcionales y resultados marginales

Se desarrolla el concepto de las “políticas ficcionales”, donde se diseñan acciones exclusivamente para generar impacto mediático, pero que carecen en absoluto de efectividad para encarar en forma científica la problemática criminal. Lo secuestrado y los detenidos no constituyen más que el subproducto de una “pesca de arrastre” y, de ningún modo, una política criminal adecuada. Son las llamadas “políticas de discurso”, que solo abordan lo delictual en términos superficiales, con resultados atados a la aleatoriedad.

En el espíritu de las recomendaciones de Binder, la efectividad de las fuerzas de seguridad no puede medirse por la cantidad de policías desplegados, sino por la capacidad del Estado para desarticular las llamadas economías criminales. Por ejemplo, el mercado ilegal de autopartes o de automóviles. Inspeccionar o detener vehículos al azar constituye un uso dispendioso de los recursos estatales. Esa lógica debería reemplazarse por una inteligencia criminal dinámica, capaz de cruzar datos, identificar redes delictivas complejas y realizar intervenciones quirúrgicas, golpeando a las organizaciones criminales donde más les duele y cuando más les duele.

El camino elegido por Jorge Macri es el del show y la banalización del dolor de las víctimas del delito en general. La seguridad es un tema demasiado serio como para ser tratado con tanta liviandad y escaso rigor científico.

El camino no son las cámaras de televisión, sino, por el contrario, un trabajo interjurisdiccional en toda el área metropolitana. Un trabajo que abandone la lógica del espectáculo y comprenda que no todo vale un voto, que no todo debe ser “mercantilizado” políticamente en función de una coyuntura inmediata, de un efecto explosivo en una pantalla, pero inútil en el mediano y largo plazo.

Resulta prioritario evaluar las políticas implementadas y los recursos afectados. El Operativo Muro desplegó 800 uniformados y detuvo a cuatro individuos. Un resultado tan marginal como el de Tormenta Negra: 1.500 uniformados y apenas 300 dosis de cocaína secuestradas. En el Operativo Muro se detuvo a un individuo por cada 200 uniformados desplegados. En Tormenta Negra, cada cinco agentes permitieron incautar una dosis de cocaína.

Resultados patéticos. Pero para un Jorge Macri lanzado ya en campaña electoral, según parece, el show debe seguir.

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