Desde La Paz
“Vanidad, mi pecado favorito”. La última frase de la película El abogado del diablo. Y la sentencia calza totalmente al nuevo capítulo de la telenovela boliviana.
Hace pocos días el Presidente boliviano Rodrigo Paz se condecoró con el Cóndor de los Andes en el grado de Gran Collar, máxima presea del Estado, una distinción que debe ser entregada por el propio mandatario, aunque esta vez haya sido sustituido por el Canciller.
La distinción está reservada a los presidentes en reconocimiento a los servicios prestados al país. Por eso mismo se otorga la presea cuando culmina el periodo de gobierno. De hecho, Carlos Mesa la recibió 20 años después de terminado su mandato, mientras que Evo Morales y Luis Arce no la recibieron nunca. Sí la tuvieron, en cambio, los presidentes neoliberales Tuto Quiroga, Hugo Banzer y Gonzalo Sánches de Lozada.
Pero Paz ostentó la medalla con una gran fanfarria faltando más de 4 años para el término de su gestión. Es como si un maratonista reclamara la medalla de oro de la competencia habiendo recorrido tan sólo una sexta parte de la carrera. No sólo se ha roto el protocolo sino también el reglamento, que dice claramente que el Senado debe consentir la entrega de la presea. Artículo 9º: “Esta Condecoración en sus Grados de Gran Collar, Gran Cruz y Gran Oficial no podrá otorgarse sin la aprobación del Honorable Senado Nacional”.
Pero, además, debe ser unánimemente aprobada por los cancilleres de los últimos tres gobiernos constitucionales en un consejo donde también interviene el Canciller en funciones. Cosa que tampoco ocurrió, y no cumplir las reglas está penado por la propia Ley Nº 1762 que en su artículo 13 dice que “las personas que ostentasen públicamente la joya de la Orden, sin haberla obtenido legalmente, de acuerdo a lo prescripto en la presente Ley, serán amonestados públicamente por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y se les retirará la joya”.
Tal es el escándalo que el propio aliado del Gobierno, Samuel Doria Median ha pedido más acciones y menos medallas.
De gasolinas y privatizaciones
Mientras tanto, los bolivianos, sobre todo los de Santa Cruz siguen haciendo largas colas para la compra de gasolina y diésel.
El gobierno no sólo no tiene los suficientes dólares para la compra de combustible, sino que está sobre estoqueado de gasolina basura. Los técnicos les han aconsejado mezclar tres cuartas partes de gasolina buena con una parte de gasolina basura y, de ese modo, dañar menos los vehículos.
“Se arruinan en cinco años”, dijo el mecánico Juan Plaza quien todo el primer semestre de este año trabajó hasta 16 horas al día y explicó -con una gran ironía- que “con lo logrado gracias a la carbonilla me voy a comprar un buen terreno”.
Diésel basura no hay en el mercado, pero tampoco del bueno. Las colas son aún más grandes que las de la gasolina mientras -además- hay granjas donde la cosecha de invierno está paralizada.
Ante los perjuicios causados, muchos ciudadanos recurren al mercado negro o, mejor aún, a las gasolineras privadas autorizadas para importar combustibles que venden al doble del precio oficial.
Esta situación crea, al menos, dos peligros: que el precio de los pasajes públicos suba desmesuradamente con el pretexto de que deben comprar gasolina cara y que algún surtidor se avive y venda a 15.40 lo que debería vender a 7.60.
Una noche cada vez más negra
Los analistas consideran que en las próximas semanas el precio del barril de petróleo estará a 150 dólares. Y eso significa que la subvención deberá ser mayor. De hecho, hoy es más alta que en tiempos del ex presidente Luis Arce.
Ante las presiones de los transportistas, Rodrigo Paz lanzó un decreto que dice que este año no habrá alza de carburantes, pero que a partir de enero el precio de la gasolina y el diésel será al cambio del dólar y a precios internacionales.
Pero hay quien no cree que se llegue a eso. “El pollo ya es pavo. No llega vivo a Navidad” se dice en los corrillos.
Los escribas oficiales y los analistas progubernamentales han inventado la narrativa de que la izquierda y los movimientos sociales han sido derrotados en la última movilización. Un discurso consuelo para los sectores de la clase media.
Finalmente, cada quien cree lo que quiere creer, pero lo señalado no cala en los sectores populares a los que se intenta mostrar como una minoría. De hecho, entre los Ponchos Rojos del altiplano paceño, y otros, la consigna es prepararse para octubre, para cuando termine la siembra y se pueda volver a los caminos.
¿Qué pasará hasta ese momento?: Bolivia vive en la incertidumbre con un dólar que trepa y trepa. A pocos días de que se fijó el precio referencial de 9.76, el dólar aumentó a 10.75. El rumor de que continuará subiendo ha creado mayor demanda de la divisa norteamericana y la consiguiente inflación porque los precios se reajustan día a día. Analistas serios ya dicen que la divisa norteamericana llegará a 12 bolivianos.
La verdad es que el gobierno no tiene las mejores cartas en la mano. Menos aún con un Trump desatado y un estrecho de Ormuz bloqueado.
Doria Medina tiene razón: no es tiempo de condecoraciones.