La Corte Suprema se dividió en dos, pero el escándalo de corrupción quedó para después de las elecciones. El apriete secreto de Trump y las cuentas de Flavio Bolsonaro.
En Brasil todo es campaña y parece que toda la campaña se juega en la Corte Suprema, el inesperado escenario de enfrentamiento entre el progresismo y la derecha truculenta. Las encuestas de voto siguen empatadas en ese territorio ambiguo del margen de error, y tanto el presidente Lula da Silva como Flavio Bolsonaro tienen que volver constantemente a la telenovela de la Corte. Quieran o no, les convenga o no. Falta nada: se vota el 4 de octubre.
La telenovela tuvo un capítulo sabroso este martes 15, cuando la Corte tuvo uno de sus plenarios. Este era especial, porque el sábado 12 el presidente del tribunal Edson Fachin había determinado que lo iba a dedicar al tema de los mensajes entre el Supremo Alexandre de Moraes y el encarcelado banquero Daniel Vorcaro. En cualquier otro año, esto hubiera sido un fuerte escándalo, una mancha difícil de lavar al Poder Judicial. Pero es año electoral y el tema saltó porque lo filtró otro Supremo, André Mendonca, justo a tiempo para embarrar la campaña.
Mendonca, que conste, fue nombrado por el también preso Jair Bolsonaro y se define ideológicamente como “extremadamente” evangélico.
¿Por qué la jugada? Porque Moraes, que no es ni remotamente petista, es el juez que investigó y juzgó el intento de golpe de Jair en enero de 2023, cuando tenía que entregar el poder. Como el ex presidente, los comandantes de la Armada y la Fuerza Aérea, y varios miembros de la presidencia conspiraron abiertamente y hasta incluyeron asesinar a Lula, Moraes les cayó con todo.
Bolsonaro se ligó 27 años, los militares y ministros 21. El juez, quiera que no, fue un héroe de la democracia y quedó asociado con Lula en el imaginario nacional. Atacarlo, desprestigiarlo y eventualmente hacerle juicio político es objetivo declarado de su hijo Flavio. Lo que filtró Mendonca es grave, si es cierto. La mujer de Moraes, también abogada, logró un suculento contrato de representación legal con el Banco Master. El contrato fue revisado personalmente por su marido, lo que puede ser una desprolijidad. Todo indica que el contrato se cumplió, que el estudio de abogados sí cumplió y que todo se facturó correctamente. Pero el Supremo bolsonarista agregó que los hijos del colega habían recibido tarjetas de crédito pre pagas por fuertes sumas y difundió mensajes por celular que sugieren -sugerirían, indicarían- que Moraes asesoraba al banquero estafador.
El presidente de la Corte reaccionó para controlar la guerra entre ministros y le pidió copia completa de la causa del Banco Master a Mendonca. Además, jugado, se puso oficialmente al frente de la investigación sobre Moraes y dijo que si lo encontraban culpable lo iban a sancionar con el artículo 144 del Código Civil, que prohíbe a los togados ser juez y parte. La sesión de juzgamiento quedó fijada para el 23 de septiembre, esta semana que empieza; pero no va a ocurrir.
El plenario duró seis horas y fue, para los que conocen estas cosas, un festival de insultos jurídicos, de esos en que uno trata al otro de Excelencia o Meritísimo -forma normal en Brasil- y le saca la madre con un latinismo. Fue un éxito para Moraes, porque ni siquiera se llegó a votar si la causa en su contra se archivaba o procedía.
Lo primero que ocurrió fue que el Supremo Gilmar Mendes, el decano de la Corte, puso en tablas la idea de que las acusaciones contra Mendonca -básicamente por botonear- se juzgaran conjuntamente con las de Moraes. Por cuatro a tres, perdió la parada. Ahí fue el turno de otro Supremo, Flavio Dino, aliado de Moraes. El ministro pidió la causa entera, alegando que necesitaba tiempo para analizar el caso. Lo logró y, reglamentariamente, tiene 90 días para leerla tranquilo, con lo que el asunto queda para después de las elecciones, que es lo que buscaba Moraes.
Para dar una idea de la onda expansiva que está causando el caso del Banco Master, justo antes de la sesión se divulgó que en el celular del banquero Vorcaro también había mensajes con los hijos del Supremo Kassio Nunes Marques y con un hijo del ministro Luiz Fux. El primero se excusó y no fue al plenario; el segundo fue lo más campante y hasta votó. La cosa se agravó todavía más apenas una hora antes del plenario, cuando el Supremo Dino decidió que el colega Mendonca estaba involucrado en arreglos entre el Banco Master y la Intendencia de San Pablo, en manos bolsonaristas y frecuente cliente de Vorcaro.
Resulta que Mendonca tiene un instituto de enseñanza legal paulista, el Iter, que recibió 54 contratos sin concurso de la intendencia local. Dino lo acusa de parcialidad y de manipular la causa Master para cubrirse.
En campaña
El Supremo Moraes, después de la sesión extraordinaria, quebró un silencio que ya llevaba quince días y se defendió de las acusaciones. Lo hizo a la judicial, difundiendo un escrito de 44 páginas que había entregado a la mañana a la Corte y donde define todo como “una farsa” hecha “con motivación política electoral” y montada como “venganza de los aliados de los que intentaron acabar con nuestra Democracia y fueron condenados. Es todo falso, criminal y mentiroso”.
Flavio Bolsonaro no para de mencionar al juez cuestionado y de asociarlo con Lula: “es triste, pero no cómo evitar decir que el actual presidente divide su poder con Alexandre de Moraes y así, al final, Brasil se quedó sin presidente, sin mando”, es uno de los ejemplos exagerados del candidato.
En el gobierno, consideran que ese argumento no prende, pero temen una repetición del caso Lulinha, en el que ensuciaron al hijo presidencial, Fabio Luiz, para atacar a Lula. El diagnóstico del comando de campaña es seguir la misma línea, esa que dice “nadie está por encima de la ley” y ya moderó el ataque a Fabio Luiz.
Lula tomó distancia de Moraes con una frase sutil, también dedicada a Mendonca: “nadie puede ser ministro de la Corte Suprema para hacerse rico. Es que es un sacerdocio”.
¿Las consecuencias? Difícil medirlas. La última encuesta de Datafolha indica que para el 85% de los votantes, el tema Corte Suprema no cambia el voto.
El ultimátum
Se acaba de conocer, y que aparezca en plena campaña no debe ser coincidencia, el detalle de las exigencias que le presentó Donald Trump a Lula el año pasado, cuando amagó ponerle aranceles de importación de hasta el 50% a Brasil. Con inmensa discreción, en ese momento se habló de “negociaciones” comerciales, de tomas y dacas en ítems específicos. Pero el apriete fue peor.
Los temas están en una extensa minuta que Washington le entregó a los brasileños el 16 de octubre del año pasado y que contenía 21 puntos de conflicto. Lo más llamativo fue la exigencia norteamericana de que no se detuviera, encarcelara o se le impidiera “arbitrariamente” a los “disidentes políticos” participar de las elecciones.
El único “disidente” que no puede participar en las elecciones es Jair Bolsonaro, el ex presidente condenado a 27 años por armar un golpe que incluía asesinar a Lula. La delegación que recibió el escrito estaba encabezada por el canciller Mauro Vieira, que lo rechazó como una ingerencia en los asuntos internos de Brasil. Vieira exigió que el documento ni apareciera en las discusiones formales que arrancaban en esos días de octubre.
Otra demanda norteamericana fue la inmunidad de las empresas y ciudadanos norteamericanos de medios o redes. La lógica era colonial: no se puede acusar a un norteamericano en Brasil por algo que no fuera ilegal en Estados Unidos. A esta belleza se le sumó la exigencia de las empresas aéreas brasileñas compraran aviones de la Boeing. Es notable: un Estado le exige a otro Estado que los privados compren aviones de una firma privada.
Dark Horse
Hablando de norteamericanos, el productor Michael Brian Davis se acaba de negar terminantemente a entregarle a la Policía Federal brasileña algún detalle sobre las cuentas de la película Dark Horse. La productora GoUp está en las noticias por hacerse supuestamente responsable de los gastos sobre la peli que contaría la ascensión y martirio de Bolsonaro padre. El tema es que el dinero fue puesto por el banquero Vorcaro a pedido y ruego del hijo 01, el candidato Flavio.
La declaración se la mandó Davis a su socia brasileña Karina Gama el dos de este mes, y detalla que en Brasil sólo verán esos papeles si la justicia norteamericana así lo ordena, cosa más que remota. Lo que los Federales quieren saber es si el dinero del Banco Master se gastó en una producción o en mantener al hermano 0.3, Eduardo, ex diputado que vive en Estados Unidos y se dedica a hacer lobby por la familia en la Casa Blanca.
El viernes 11, el ahora notorio Supremo André Mendonca había levantado el secreto de sumario de parte de la causa y ahí aparecieron facturas y recibos de GoUp con gastos de hospedaje de actores y técnicos en Brasil, y pagos a actores brasileño.
Falta mucho, porque ni están los pagos a los actores norteamericanos y la mayoría del gasto entregado está “calculado” sin detalles ni boletas. De hecho, se dice que trece millones de dólares fueron gastados en Estados Unidos, pero no se explica en qué.
Curiosamente, los fondos eran supervisados por la firma legal Paulo Calixto SRL, que pertenece a un abogado brasileño activo en Estados Unidos.
Calixto es el abogado personal de Eduardo Bolsonaro.
