Al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, le será “difícil acortar” la diferencia de 52 a 48% que se perfila en los sondeos en favor del candidato derechista Flávio Bolsonaro para la segunda vuelta electoral del 25 de octubre, según el consultor y analista político argentino Eduardo Sincofsky, residente desde hace más de 20 años en el gigante latinoamericano.
Sincofsky es director del barómetro cualitativo Plaza Pública, con una maestría en Psicología de la opinión pública y autor del libro ‘La polarización en el diván’ (aún inédito en Argentina) donde postula un cansancio de las sociedades acerca de los fenómenos de polarización política y social. El analista le describió a Y Ahora Qué? cuáles son a su juicio los síntomas de “agotamiento y crisis” del modelo del Partido de los Trabajadores, el PT de Lula, y asegura que le será “difícil” lograr la reelección tras ser derrotado en primera vuelta por 47,06 a 45,13% de los sufragios, sobre un padrón de casi 160 millones de electores.
Sincovsky sostiene que hay puntos de contacto, pero también diferencias entre el proyecto bolsonarista y el del presidente argentino Javier Milei, y considera que un triunfo del ultraderechismo brasileño pondrá al país bajo un intento de sumisión a los Estados Unidos liderados por Donald Trump pero advierte que a los brasileños “no les gusta la injerencia extranjera” ni los recortes fiscales indiscriminados.
–Sin vueltas, ¿puede Lula revertir en el balotaje la derrota en primera vuelta? Se sabe que las alianzas con otros sectores de izquierda y progresistas ya las sumó en la primera ronda.
–Sincofsky: La posibilidad de que Lula vire el resultado es improbable, pero no imposible. Los datos de las primeras encuestas de ahora le dan ventaja a Bolsonaro: 52% frente a 48%. Hay que contabilizar que tres de los cuatro candidatos de la derecha declaran su apoyo a Flávio. El restante, Renan Santos, dejó libres a sus electores, así que el foco de Lula está en convencer a los electores que no fueron a votar.
–Se calcula que se abstuvieron de sufragar unos 33 millones de brasileños y brasileñas ¿La esperanza de Lula sería captar una parte de ese conjunto?
–Sincofsky: Veo muy difícil que el escenario cambie porque históricamente el ausentismo crece en segunda vuelta. Tampoco existen ejemplos de un viraje en segunda vuelta. Aunque es verdad que nunca hubo una diferencia tan chica en la primera vuelta (N. de la R.: no llega a 2 puntos).
–¿En qué acciones se observa un empeño por convertir derrota en triunfo?
–Sincofsky: Lula apuesta a cambiar su estrategia digital, apuntar a un discurso más empático y de inclusión del contrincante. Tratar de surfear fuera de la grieta, aunque aún lo hace tímidamente.
–¿Qué hace a Bolsonaro atractivo para que reciba de la ciudadanía tanto apoyo?
–Sincofsky: Lamentablemente, hay un viento de mudanza, de cambio. El viento sopla para cambio y, por default, por defecto, Flávio representa ese cambio.
–¿En qué aspectos representa un cambio el candidato del Partido Liberal?
–Sincofsky: No es el cambio, pero hay como una ola contradictoria. Flávio se desliga, se despega un poco, de la idea de la gestión del Gobierno de su padre, Jair (N. de la R.: el Supremo Tribunal lo halló culpable de intento de Golpe de Estado contra Lula, su vencedor en las elecciones de 2022).
–¿Tales rasgos no democráticos del bolsonarismo no son considerados un factor negativo por los votantes?
–Sincofsky: Los electores brasileños están usando una expresión que aparece en los últimos grupos focales que hemos hecho y que es una expresión muy local: estoy pagando para ver. En español, sería algo así como ‘bueno, a ver qué pasa”. Muchos me dicen: “sabemos que es un tiro en lo oscuro, no sabemos qué pasará, pero lo que hay tampoco me cierra”. Entonces así se da una disyuntiva.
–Pero ¿es una disyuntiva con escenario desfavorable al Partido de los Trabajadores, al PT?
–Sincofsky: Esos cuatro puntos a favor de Bolsonaro que muestran las encuestas, hoy diría que los veo difícil de acortar. Flávio Bolsonaro, en los primeros tres días post primer turno, consiguió fotos importantes al lado de aliados, pero también tuvo algunos deslices.
–¿Como cuáles?
–Sincofsky: El principal fue cuando dijo que iba a proponer reformar la Constitución. No es algo pequeño reformar la Constitución. Por lo que ya veo en los grupos focales, es algo que puede traerle algunas consecuencias. También a Lula lo obliga a ser preciso.
–¿Qué puntos no estaban claros semanas previas a la primera vuelta?
–Sincofsky: En la campaña de la primera vuelta hubo muchas generalidades. Flávio dijo que bajaría los impuestos, pero no dijo cómo. Dijo: “voy a cortar el déficit” fiscal, pero no se comprometió en ninguna medida en particular. Por primera vez acaba de decir que no defenderá el fin de la escala 6×1, que establece que se trabaja durante seis días y se descansa uno. Lula está empujando la agenda de una escala 5×2, en la que se trabajan cinco días y se descansan dos. Es una medida que tiene bastante apoyo popular.
–¿En cuánto se ha medido el respaldo social al 5×2?
–Sincofsky: Te diría que en unos dos tercios de la sociedad. Entre un 65 y un 70% de personas aprueban la escala 5×2. Eso a pesar de que hay todo un discurso de la derecha diciendo “cuidado”. Dicen que en un país que está con muchas deudas y con dificultades de tener una agenda de crecimiento sostenido, eso va a tener un costo social o puede tener un costo empresarial. Ahí está un poco la discusión.
–¿No es una discusión que se articula con las tendencias de la Libertad Avanza y sus aliados en la Argentina?
–Sincofsky: Flávio está proponiendo algo parecido a lo que propone Javier Milei. Es decir, vamos a una flexibilización, donde cada uno va a decidir con el patrón qué jornada quiere trabajar y a definir cómo será el régimen salarial. Es un signo de época.
–¿El resultado del primer turno no refleja cierto debilitamiento en el modelo del PT?
—Sincofsky: La gente reclama un cambio, pero no queda claro para dónde. Sí creo que hay un agotamiento. Porque, ¿qué ofrece Lula en su tercer mandato? Ofrece un pasado, para muchos, glorioso. Un pasado con cambios significativos. Y ofrece un presente del que se podría decir que es aceptable pero no es: guau, ¡qué bueno!
–¿Qué significaría que no es ‘guau’?
–Sincofsky: Que no le cambiará significativamente la vida a nadie y ese es el punto. La promesa, como pacto simbólico de Lula fue de cambiarle la vida a la gente y no se la cambió Creo que ahí hay una crisis del modelo. La percepción es que no alcanza con que el Estado te protege y te abrace.
–¿La gente pide algo más que un abrazo del Estado?
–Sincofsky: Hay como una fricción o una atención que dice: “pará, está bien que apoyes a los sectores menos favorecidos, pero ¿qué más?”. Esa es una primera pregunta. Y la segunda es que también la gente tiene que aprender a andar por sus propias piernas. Tiene que separarse de esta idea de que el Estado te lo da todo.
–¿Qué le ha sucedido a la sociedad brasileña en su relación con el PT respecto de otros tiempos?
—Sincofsky: Claramente, hay una crisis de sentido del PT. Creo que la resaca emocional, que es la tesis principal de mi libro ‘La polarización en el diván’, supone que la gente se cansó de la polarización. Porque la polarización no le cambia la vida a la gente, que se cansó de insultarse, de pelearse y de toda esta fricción. En ese cansancio hay una exacerbación que apunta más al PT y a su forma de hacer política.
–¿Todo el andamiaje depende más de Lula como líder que de las cualidades del PT?
–Sincofsky: El PT representa un poco más lo actual y lo viejo. Y la gente está queriendo esperar algo del futuro. El PT, con un candidato que va a cumplir 81 años el 27 de octubre, tiene poco para decir. Por lo menos desde el lugar de la anunciación del candidato sobre el futuro. Aparte, tenés un problema importantísimo: el PT, por el fuerte personalismo de Lula, no tiene otro candidato. Decir, por ejemplo: “mi sucesor es Fulano o Fulana”. Ahí hay un signo de interrogación muy grande sobre cómo se condujo este proceso. Hay buenos cuadros en el PT, pero no hay ninguno que tenga el fuste, el apoyo popular, el carisma o la capacidad comunicativa de Lula.
–Pero ¿no observá en Brasil una diferencia esencial con la Argentina, donde los grupos empresarios expresan un rechazo visceral a lo que hoy es la oposición?
–Sincofsky: Efectivamente, la situación en la Argentina es diferente a la de Brasil. Fíjate que una semana antes del primer turno, Lula juntó en el Hotel Tivoli Mofarrej, de San Pablo, a unos 700 empresarios. Lo voy a repetir: 700 empresarios. Estaba toda la crema, todo el Producto Interno Bruto brasileño, con Lula, sacándose fotos, abrazados. Claramente el PIB juega a dos puntas.
–¿El sector financiero y rentístico también?
–Sincofsky: Te diría que la City o el mercado, prefiere a Flávio y le da un cheque en blanco. Lo acepta y es mucho más condescendiente con él en cuanto a su definición. Y es absolutamente, riguroso, crítico y sagaz con Lula. Pero en Lula, de algún modo, hay una diferencia lacerante con Cristina Kirchner porque siempre tejió puentes, trató de que el país crezca y que los brasileños tuvieran trabajo. No entró en una pelea. No quiero opinar sobre Argentina, pero creo que Cristina se equivocó en el segundo Gobierno en como encaró la discusión pública. Así como creo que el PT también se equivoca al no tratar de salir de la polarización.
–¿De qué manera se articula la elección brasileña con procesos de fuerte contenido ideológico y confrontación que se están produciendo en la región?
–Sincofsky: El brasileño medio, el común, el brasileño de a pie, no tiene ni idea y no le interesa esta historia de la ideologización y lo que se llama la onda azul (N. de la R.: como un color del liberalismo). Está más preocupado con problemas tangibles y concretos. Testeo bastante el discurso de Milei en Brasil y lo que veo es que la idea del tijeretazo sería la traducción brasileña de la motosierra, como metáfora. El Gobierno actual no tuvo tanto esfuerzo por reducir los gastos de la máquina pública. Sin embargo, no queda claro qué pasaría con un triunfo de Bolsonarl. No creo que un tijeretazo indiscriminado.
–¿Qué reflexión le merece la decisión de Lula de prohibir las apuestas deportivas en línea y cómo cree que influyó en la votación?
–Sincofsky: Sobre las apuestas, las bets, divido la situación en tres partes muy claras. Una cosa es la cuestión de salud pública: hay un consenso en la sociedad de que hay que hacer algo. La segunda es la decisión política, a una semana, tomada por Lula. Se ve en los grupos focales que la medida tuvo un efecto bastante divisorio en el sentido de ¿por qué lo hace a ocho días de la elección? ¿No sabía antes la gravedad de la situación? Entonces ahí hay una cuestión sobre la forma en que fue tomada la medida. Y la tercera parte, que considero la de fondo y la más importante, es que el Gobierno no está viendo ni encarando la discusión de que el problema no son las bets solitas sino cómo la gente se endeuda y cuáles son las formas que tiene el brasileño de lidiar con la plata.
–Una eventual victoria del bolsonarismo, ¿de qué manera incidirá en el escenario de la relación con Estados Unidos?
–Sincofsky: Va a una consolidación en la relación con Estados Unidos. Sería una relación de sumisión a Estados Unidos. Fijate que Eduardo, el hermano de Flávio, está en Estados Unidos como fugitivo de la justicia brasileña y se dice que podría ser canciller, pero no queda claro. Tiene mucho trato y fluidez con Donald Trump quien, abiertamente, dijo que prefiere a Bolsonaro.
–¿Se sumaría Brasil al diseño estratégico de una Latinoamérica bajo fuerte dependencia?
–Sincofsky: Cuidado con una cosa: a los brasileños no les gusta la injerencia extranjera. Hay una diferencia importante en cuanto al argentino. Creo que va a haber alguna dosis de pragmatismo de Flávio. Brasil no tiene una dependencia económica tan fuerte de Estados Unidos como Argentina podría tener con la cuestión de créditos y el apoyo financiero. Brasil tiene mucha más autonomía. Pero sí se va a una consolidación del eje de la llamada onda azul.