Ya llegan las elecciones del 4 de octubre y las encuestas dan empate entre el presidente y Flavio Bolsonaro. El escándalo de la Corte Suprema se expande y la corrupción de la derecha se evidencia, pero nada parece poder cambiar los números.
Faltan días para las elecciones brasileñas y es notable cómo la guerra entre los jueces de la Corte Suprema sigue en el candelero. Quien espere grandes contenidos, planes, ideas y visiones en esta campaña tendrá que limitarse a escuchar al PT porque la derecha dura del bolsonarismo no las tiene, o no se anima a expresarlas.
El presidente Lula da Silva habló esta semana en la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso dirigido sutilmente a Donald Trump (que habló justo después de Lula, pero parecía que el brasileño le había leído el apunte antes), y menos sutilmente a Flavio Bolsonaro. Es que el lobby del candidato derechista en Washington es claramente intervencionista y cipayo. De hecho, su hermano Eduardo, ex diputado que perdió la banca por faltar por meses, se mudó a Estados Unidos y se dedica a que Trump sancione y ataque a su país. Hasta le abrieron una causa penal, de lo alevoso que fue.
El novelón de los jueces supremos terminó resumiendo la preocupación general de los brasileños sobre la corrupción estructural del Estado, y cómo (los que tienen) consiguen coronitas de impunidad que el pueblo llano no dispone.
Esto trasciende acusaciones puntuales contra este o aquel político, porque refleja la estructura de clases histórica del país. Que sea un tema caliente es, más allá de la manipulación de la derecha, una muestra de cómo se democratizó Brasil en los años de Lula: del silencio, el pueblo pasó al reclamo. El caso que terminó sacudiendo la Corte, y mostrando la fragilidad de su honestidad es un clásico, con un banquero corrupto, Daniel Vorcaro, que hizo crecer su empresa, el Banco Master, con favores de funcionarios derechistas, y terminó quebrando porque no le salió bien el lobby para que lo protegiera el Poder Judicial.
Ahora, Vorcaro es radioactivo y sirve para tirarse con todo en campaña. Los últimos capítulos del escándalo involucran al Supremo Alexandre de Moraes, que en su momento fue un héroe nacional por juzgar y condenar a Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado de enero de 2023. No fue solo conspirar con aviadores y marinos (el Ejército se negó) y tomar por asalto los edificios de los tres poderes en Brasilia; también se planeó matar al ganador, Lula.
Moraes le dio 27 años de prisión al ex presidente, y 21 a varios militares y ministros. En este proceso, quedó asociado a Lula, aunque no es y nunca fue petista, y ahora lo usan de blanco móvil electoral. Pues este lunes 21 se publicó una foto del ministro y de su mujer, la abogada Viviane Barci, desembarcando de un jet privado en Río para una reunión de un foro empresarial. Fue el 22 de agosto y resultó que el avión -un lujo- pertenece a una firma en la que era socio Vorcaro.
Grave: Moraes había jurado públicamente que jamás había usado un avión del banquero preso. Claro que el jet se podía alquilar, pero el Supremo no dijo que hubiera pagado el viaje desde Brasilia porque eso invita la pregunta de cómo hace para darse esos lujos. Esos viajes se cobran prácticamente por minuto de vuelo. Prime Aviation se defendió diciendo que el pasajero era, en realidad, la señora Moraes, en esos tiempos abogada de Vorcaro y con derecho a usar los jets, y que su marido era el acompañante.
Pero resulta que al día siguiente saltó que hubo otro vuelo, el 7 de agosto del año pasado, quince días antes del de la foto, con Moraes a bordo. Parece que era costumbre. Y no solo de él. El candidato Flavio Bolsonaro acaba de ser identificado como uno de los pasajeros de otro vuelo de la misma empresa, del 19 de enero de 2025. El hijo presidencial 0.1, como le dicen por allá, se defendió diciendo que no sabía que Vorcaro era accionista en la firma, pero tampoco explicó cómo paga esos lujos. Es curioso cómo el avión privado es una debilidad de cierta gente. El resultado neto de todo esto es que la Corte Suprema ya no tiene imagen pública. Hace un año, tenía mitad positiva, mitad negativa, hoy tiene 85 negativa y 4,4 positiva, el resto no sabe qué pensar. Mitad de los encuestados por AtlasIntel/Estadao quieren que le hagan juicio político a Moraes, dos tercios a todos.
La mancha
El senador y candidato Flavio tenía una relación vergonzosamente íntima con el banquero Vorcaro, al que le sacó un dineral para una película sobre su padre. Esta semana, se conocieron más contenidos del teléfono del preso y se supo que Flavio lo llamó todos los días en noviembre del año pasado, cuando la policía estaba cercando el Banco Master. Vorcaro no le contestó y Flavio le dejaba mensajes de apoyo y cariño. Por ejemplo, uno que dice “hermano, estoy y siempre voy a estar con vos, entre nosotros no hay distancia. Sólo te pido que me contestes. Abz”. Flavio no hizo comentarios.
La trama de la ya famosa película, que nunca se estrenó, se pone cada vez más pintoresca. Uno de los intermediarios del dinero de Vorcaro, supuestamente inversionista en el proyecto, fue Antonio Carlos Freixo Junior, ahora preso por otra causa de lavado de dinero del narcotráfico. Para justificar tanto efectivo, descubrió la policía, el “empresario” declaró haber ganado la lotería 570 veces en cinco años. Así, se supone, embolsó un total de 176.000.000 de reales, unos 35 millones de dólares, blanqueados y legales.
Ni a García Márquez se le ocurría. Tampoco se le hubiera ocurrido que Flavio tuviera algo que ver con uno de los mandantes del asesinato en 2018 de la concejal Marielle Franco. El acusado es el ahora notorio Robson Calixto, conocido como El Pez, que purga larga prisión porque su chofer, Anderson Gomes, mató a la concejal y militante.
Pues resulta que, en 2023, una de las asesoras del senador negoció personalmente con El Pez un subsidio de 40.000 dólares, parte del apoyo de Flavio a las milicias cariocas. Estos son grupos paramilitares, de ex policías y de matones puros y duros, a los que la derecha propone financiar para que “maten bandidos”. Flavio los definió en público como “un nuevo tipo de policía” y propuso que los vecinos pagaran una cuota para vivir seguros.
La grieta
Pese a la inmensa diferencia de estatura entre el hijo 0.1 y Lula, las encuestas los dan con empate técnico tanto en primera como en segunda vuelta. En el primer turno, Datafolha le da 40 puntos al presidente y 39 al senador, en el segundo 47 y 45. Los dos números entran en el margen de error técnico. Esto es pura grieta ideológica, y la encuesta lo comprueba planteando escenarios imposibles y descubriendo que Lula también empataría si la segunda vuelta fuera contra Ronaldo Caiado o Augusto Cury, que ahora registran porcentajes ínfimos de intención de voto.
Como Lula tiene que seguir gobernando, la derecha grita que hace trampa ante cada medida que beneficie al pueblo. Por ejemplo, el aumento del 15% en la Bolsa Familia, el fantástico plan social que sacó a Brasil del mapa del hambre de la ONU. El ministro de Economía Darío Durigan tuvo que explicar que la diferencia se financia dentro del Presupuesto y no aumenta el déficit, como acusaban del otro lado.
Y este viernes 25, Lula tomó una medida jugada al prohibir por decreto las apuestas digitales. Es un paso de valientes, porque esas bets ya facturan 120.000 millones de dólares por año en el país, son las principales anunciantes del fútbol y ya aparecen como un factor de la creciente deuda personal de los brasileños. La Cámara de Comercio Minorista publicó un estudio que indica que el consumo bajó un 5% en las clases bajas y medias bajas por la adicción al juego. Todo esto con una suba fuerte del tono contra Flavio.
Es la recta final de la campaña y Lula explicó en un acto en Brasilia que “este país no necesita políticos vagabundos. Este país no necesita políticos que de día ondean la bandera nacional y de noche se ponen en cuatro para la norteamericana”.
Así, bien fuerte.
Riqueza
Es francamente irritante que la derecha bolsonarista se envuelva en el honestismo y acuse a los progresistas de todos los males. Un reciente estudio de las declaraciones de impuestos de diputados federales de ese sector mostró un asombroso aumento de patrimonios. Los diputados brasileños tienen muy buenos salarios, de casi diez mil dólares por mes, más otros nueve mil en lo que se llama “cuota parlamentaria”, para viajes y gastos de la oficina. Es generoso, pero aun así los diputados se arreglaron para tener un aumento del 1581% en su riqueza. Esto es quince veces más prósperos de lo que eran al asumir.
El campeón, lejos, es el mineiro Nikolas Ferreira, del partido de Bolsonaro, que se hizo un 10.491,94% más rico. Su patrimonio es cien veces mayor de lo que era cuando llegó a la banca.
ONU
“Brasil no entra en el patio trasero de nadie”. La frase, bien dirigida y con el dedo en alto, fue de lo mejor del discurso de Lula en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Como es tradición, Brasil tiene el primer discurso y el martes 22 el presidente aprovechó sus 22 minutos para presentarse como una alternativa al norteamericano: “la democracia está otra vez en jaque. Otra vez vemos injerencia extranjera en procesos electorales. La división del mundo en zonas de influencia y las embestidas neocoloniales por los recursos naturales son gestos obsoletos”.
Y agregó que “Nicaragua no va a resolver sus problemas impidiendo que la oposición participe en elecciones. El mundo asiste asombrado al castigo colectivo impuesto a diez millones de personas en Cuba con un embargo económico y un cerco energético ilegales… las concesiones a la ley del más fuerte ya se pasaron de la raya”.
Gastos
El presidente que asuma en enero del año que viene va a tener que ponerle una rienda corta a su Legislativo. En Brasil, el parlamento es un escenario con 21 partidos, herencia de los tiempos imperiales en que ese poder (por entonces, un Senado) representaba solamente los poderes de las oligarquías locales, sin mayor proyección nacional.
Uno de los mecanismos de poder favoritos de estos bloques son las enmiendas al Presupuesto, que permiten un festival de gastos por fuera de lo votado originalmente. En 2017, estas enmiendas representaban un 0,33% del Presupuesto nacional, lo que ahora saltó al 0,89. Peor es el truco de los “recursos discretos” embutidos en la ley fundamental, que le sacan un 28,47% de recursos al Ejecutivo porque tienen que ser gastados como lo voten los diputados.
Los gastos extra ya se notan pesadamente en las cuentas públicas y anulan los esfuerzos presidenciales por controlar la deuda interna.