El Índice de Precios al Consumidor de marzo volvió a dar un salto. Los impactos sobre los ingresos, independientemente del comportamiento posterior de los precios, ya están dados. Por lo que no se revertirán a menos que exista una política activa al respecto. Pero en su discurso en la AmCham Summit 2026, Javier Milei aseveró que odia a la inflación, y dio una explicación que no esclarece.
El Índice de Precios al Consumidor de marzo volvió a dar un salto. Con un alza mensual del 3,4 por ciento, superior en medio punto al 2,9 de febrero, ya lleva nueve meses consecutivos de aumento. Lo cual habla de una tendencia.
Los impactos sobre los ingresos, independientemente del comportamiento posterior de los precios, ya están dados. Por lo que no se revertirán al menos que exista una política activa al respecto. Hasta ahora, solamente fue la de techar las paritarias en el 2 por ciento para el sector privado.
El capítulo de educación creció 12,1 por ciento. Pero no es el dato más destacable. Transporte aumentó 4,1, y los servicios de vivienda, 3,7. El concepto de precios regulados marcó una variación de 5,1 puntos. Es decir que lo relacionado a la energía, gas y tarifas, tuvo un impacto. Es la guerra de Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz. También la falta de iniciativas del Gobierno para mantener un control sobre esos precios.
En su discurso en la AmCham Summit 2026, Javier Milei aseveró que odia a la inflación, que el dato no le gustó y le repugna, y que lo importante para encontrar soluciones es explicar lo que está pasando. El motivo de la aceleración del IPC se lo atribuyó a la caída de la demanda de dinero que tuvo lugar durante las elecciones. Un concepto tan difuso como incomprobable. Y, de hecho, la “explicación” del Presidente tampoco contribuye a esclarecerlo.
Algo interesante fue el hincapié que hizo en los dos párrafos que siguen:
*“A eso, marzo es un mes con una estacionalidad muy negativa en términos de inflación, y en el dato puntual de este mes impactó educación; impactó todo lo que tiene que ver con la guerra y cómo eso afectó a todo lo que vinculaba el transporte; y obviamente también, por una cuestión estacional, el impacto de la carne. Por lo tanto, eso es lo que explica este salto en la tasa de inflación: nosotros estamos purgando todavía lo que fue la caída de la demanda de dinero en la segunda mitad del año pasado, más estos efectos estacionales. Primer punto interesante: la política monetaria no cambió.”
*“Por lo tanto, esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios, por cambio de precios relativos; pero la inflación de largo converge a la internacional. Eso no ha cambiado. Es decir, al equilibrio que vamos de largo plazo, ese no cambió. Lo que cambió es la dinámica, cómo se mueve en el tiempo. Ese es un primer punto muy importante.”
El punto importante no es tal. Lo destacable es el desconcierto que denota esa afirmación. Primero, en la jerga cotidiana, movimiento del nivel de precios se asimila con inflación o deflación, según el signo que tenga. Y el caso es que, como reconoce el Presidente y muestra el índice oficial que lo mide y da lugar al discurso, lo hubo.
Aunque se puedan establecer distinciones teóricas entre inflación y nivel de precios, la verdad es que en la práctica pierden relevancia, porque es altamente inusual que los precios se muevan de manera generalizada sin cambios en los costos de origen, que sería lo que John Maynard Keynes llamaba “la verdadera inflación”.
Y el equilibrio del cual habla Milei está mal concebido, porque no se trata de la tendencia del nivel de precios por sí sola. Es la tendencia del nivel de precios en conjunto con sus determinantes la que conforma “el equilibrio”. Si los ingresos quedan por detrás como variable de ajuste, pensar que en ese equilibrio se van a recomponer por la propia baja de la inflación, como lo expresó el Presidente en otro fragmento de su discurso, es un contrasentido.
A continuación, el Presidente sostuvo que si a la inflación núcleo, que dio una variación del 3,2 por ciento, se le excluye la carne, da un aumento del 2,5, igual que el mes pasado. O que la canasta básica alimentaria y la total subieron menos que en febrero, ratificando la tendencia a la desaceleración inflacionaria. Y por último, que el Índice de Precios Internos Mayoristas mantiene una tendencia a variar entre 0,8 y el 1 por ciento.
Viene al caso reiterar que, aunque se aceptara que los aumentos que vienen sean inferiores, el problema es el daño sobre la capacidad de compra de la población que ya tuvo lugar.
Y, a decir verdad, el Índice de Precios Mayorista se desaceleró en octubre, luego de haber tocado un alza mensual en septiembre del 3,7 por ciento. Desde entonces, la variación más baja que alcanzó fue del 1 por ciento, en febrero. El jueves, dos días después de que Milei pronunciara su discurso, se difundió la suba de marzo, de 3,4 puntos. Eso de que anticipaba una tendencia declinatoria va a tener que esperar.
El Presidente mostró, al hablar, que el problema de los precios se le escapó de las manos. Afirma que el alza se descomprime, cuando no hace más que continuar. Y, por otra parte, cuando el Gobierno hace todo para que comprar carne sea más caro, no es extraño que eso repercuta en el nivel de vida de los argentinos, al igual que los aumentos de tarifas. Por lo que obviarlo sin más es un ejercicio escolar.
Los subterfugios enmascaran la incapacidad de modificar una situación que se consolida. Siguen los aumentos, sigue el empobrecimiento de la población argentina.