Un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la carrera de Psicología de la UBA indica que el clima emocional se tornó más negativo para el Gobierno libertario, incluso entre sus votantes. Prevalecen la incertidumbre, la preocupación y el malestar producto del resultado de sus políticas en temas como la economía y algo más profundo como la pérdida del sentido de la vida.
La nueva edición del estudio “Termómetro Psicosocial y Económico”, que ya lleva tres ediciones, intensifica la centralidad del factor económico como organizador del malestar subjetivo porque los problemas personales reaparecen en una estructura que en términos generales marca el predominio de las preocupaciones vinculadas a la economía, los ingresos y la estabilidad laboral.
La investigación, que releva los datos de más de 1.500 encuestados entre los votantes de Javier Milei y Sergio Massa en la segunda vuelta del 2023, detecta que entre los votantes del presidente libertario emerge con más fuerza temores sobre la inseguridad, el futuro y la autonomía económica, mientras que entre los votantes de Massa predominan la pobreza, la incertidumbre estructural y la percepción de un marcado deterioro social. Y la pérdida del sentido de la vida alcanzó a un 50% del total de los encuestados.
“Esta diferencia no es menor porque muestra que incluso el disgusto cotidiano se construye desde marcos interpretativos distintos”, explicó a Y ahora qué? Luis Jaume, profesor adjunto a cargo de Técnica de grupos en la carrera de Psicología de la UBA e integrante del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), designado como vocero para conversar sobre los resultados de dicho estudio.
Sin embargo, a diferencia de la medición anterior, el clima emocional general es más negativo para los votantes de ambos candidatos del 2023, con una mayor centralidad de la incertidumbre, la preocupación y el malestar.
En la consulta por el estado de ánimo de los entrevistados, los votantes de Milei y Massa, por primera vez, comenzaron a coincidir en conceptos como “tristeza”, “cansancio” y “angustia”.
“Si en la medición previa la esperanza ocupaba un lugar predominante como emoción espontánea, en esta nueva investigación la escena emocional aparece más tensionada. La esperanza sigue presente en los votantes de Milei pero ya no como emoción dominante sino como algo más ambivalente.Este corrimiento sugiere un desgaste emocional acumulado, donde las expectativas positivas conviven con un creciente malestar subjetivo”, explicó Jaume.
En línea con esto, la evaluación del bienestar general muestra un deterioro también claro. El 46% declara estar peor que hace un año, mientras que solo un 36% percibe mejoras.
“A diferencia de la medición anterior, donde la distribución era más equilibrada, aquí se observa un sesgo más definido hacia el empeoramiento, lo que refuerza la idea de un clima social más adverso”, agregó el investigador.
Uno de los datos más contundentes del estudio es el peso que adquiere la economía en la salud mental: el 83% afirma que los problemas económicos tienen mucha o bastante importancia en su bienestar psicológico.
–Jaume: Una de las cosas que medimos es el estado de ánimo, y lo cruzamos con la elección en el voto presidencial. Ese cruce expuso, hasta el año pasado, toda una gama de emociones negativas asociadas con las personas que votaron a Sergio Massa, pero este año empezó a crecer fuerte la de incertidumbre y la preocupación entre los votantes de Milei, que hasta ahora tenían un sentimiento y sensaciones más positivas. En el desagregado del estudio aparecen palabras y conceptos como “incertidumbre”, “preocupación” y “cansancio”, que empiezan a ganar cada vez más centralidad.
–¿Y qué interpretación le dan?
–Jaume: Que la escena emocional empieza a volverse más negativa, y a crecer una visión anti Milei. De sus votantes, ya hay una minoría que empieza a ver las cosas un poco más negativas. Por otro lado, observamos que casi la mitad, el 46%, declara estar peor que hace un año, y solamente el 36% percibe mejoras con respecto al año anterior. Esto también es interesante porque se supone que, al menos desde la narrativa de Milei, se esperaba que el primer año sería complicado, el segundo también, pero ya estamos en el tercero, y entre los votantes de Milei empieza a aparecer la percepción de que la cosa no va a mejorar. También nos llamó la atención que cuando preguntamos si sentían que la economía tenía cierta influencia en la salud mental, si sumamos el resultado de “mucho” y “bastante” arroja un 83% que cree que sí. Y esto es un gran indicador psicológico de un muy fuerte malestar subjetivo.
–Cuando abordan los problemas personales me pareció curioso que entre los votantes a Milei en el ballotage aparecen más conceptos de preocupación y de problemas personales que entre los votantes en el ballotage a Massa. ¿A qué lo atribuyen?
–Jaume: Sí. Pero si desagregás y preguntas a qué espacio político se siente más cercano cada persona que respondió, el 72% es del PRO, y del PRO, el 28% desaprueba la gestión de Milei. Creo que buena parte de la explicación es que las personas que empiezan a estar disgustadas y preocupadas pueden ser los votantes de Patricia Bullrich que no se sienten del todo cómodos con el curso actual del Gobierno.
–¿Y esa gente puede ir a un nuevo voto PRO o podría caer en algún tipo de alianza progresista de centro-derecha si eventualmente ocurriera?
–Jaume: Esono lo preguntamos, pero -si es para especular- tiendo a pensar en cómo está configurada la grieta y, por una cuestión de creencias, valores, emociones y demás, podrían reubicarse en otro espacio de centro o centro-derecha, pero no peronista. No me imagino a esa gente, que quizás es antiperonista, cambiando radicalmente. Sí podrían cambiar, en cambio, algunos votantes de Milei, pero porque su voto fue antisistema y no tienen una pertenencia ideológica clara. Ese tipo de gente que votó a Milei, pero que puede haber votado en su momento a Alberto Fernández, son los que siempre terminan definiendo las elecciones. Esos sí podrían cambiar su voto si se desencantan de Milei y volver, tranquilamente, a otro espacio.
–¿Qué es lo que más destaca que a iguales preguntas se hayan modificado las respuestas entre el estudio anterior y el de este año?
–Jaume: La diferencia fuerte es que el año pasado y el anterior era mucho más claro el espectro de respuestas en función de la pertenencia política porque la grieta emocional era muy fuerte. El votante de Milei veía todo positivo y había mucha esperanza. En cambio, el votante de Massa veía todo negativo.Lo que se comienza a observarse ahora es muy distinto de lo anterior porque el espacio negativo empieza a ganar terreno. En el votante de Milei empieza a ganar cada vez más fuerza la preocupación, la incertidumbre y la ansiedad. Este es el elemento principal y diferenciador con el estudio anterior.
–¿Y qué significa en concreto?
–Jaume: Que empezó a verse la desaprobación a la gestión de Javier Milei y el crecimiento de la imagen negativa de su Gobierno.
–¿Y qué dicen de la percepción sobre la situación país?
–Jaume: Es interesante porque ambos grupos de votantes están bastante de acuerdo con que hay una cierta percepción de estancamiento y que el país siempre tiene los mismos problemas. También que hay buena gente y malos dirigentes, lo cual es interesante porque esos malos dirigentes son siempre los del otro partido y no los propios.Entérminos de psicología de grupo es muy interesante que ambos grupos coincidan en esa percepción.
–Ahora, ¿no le parece que los dirigentes son un reflejo de las personas que constituyen esas sociedades? Ahí hay algo que no termina de cerrar porque los malos dirigentes son votados por la gente que, supuestamente, es buena gente.
–Jaume: Es que las personas, en general y por una cuestión de disonancia cognitiva, tienden a pensar que una cosa son ellos, y otra los dirigentes. Y que los malos dirigentes son del otro espacio político. Como si no hubiera una asociación de que los malos dirigentes vienen de la sociedad en su conjunto y que siempre son del factor ideológico contrario.
–Este mecanismo nos pone ante un problema porque si siempre creo que mis dirigentes son buenos y que son víctimas de los dirigentes malos, que son de los otros, nunca vamos a salir de este atolladero porque no reconocemos que tenemos un problema, ¿no?
–Jaume: Esa es la principal dificultad de la grieta. Tenemos una dicotomía cognitiva y es muy natural ponernos este tipo de sesgos. A las personas les cuesta ver que hay grises en la gestión de los dirigentes. Puede ser que una gestión haga muchas cosas mal y otras bien, pero -si es del partido opositor- la gente lo percibe como todo malo. Cuanto más ideologizado estás, más creés que la gestión y la atribución de los problemas viene del otro grupo y no del tuyo.