El jueves 22 de octubre el Riesgo País cerró por encima de los 700 puntos, prosigue un alza que comenzó en agosto y evidencia un ciclo de salida de capitales, precios mayoristas que se aceleran y un traslado a precios aletargado por el rezago de la demanda. Si estas condiciones se mantienen durante el próximo año electoral, será muy difícil transitarlo.
Cinco claves:
1.El Riesgo País volvió a acercarse a los 710 puntos, reflejando una creciente venta de bonos y acciones argentinas.
2.Los precios mayoristas aumentaron 3,2% en septiembre y acumularon dos meses consecutivos de aceleración.
3.Los productos primarios subieron 7,9%, impulsados por los aumentos del petróleo y el gas.
4.La debilidad del consumo retrasa el traslado de los mayores costos a los precios y comprime la rentabilidad.
5.El atraso de los ingresos frente a la inflación deteriora el poder adquisitivo y amenaza con profundizar la caída del empleo.
La proximidad a los 710 puntos de esa jornada resultó un nivel cercano a los valores de mediados del año 2025, pero hasta julio de este año cayó paulatinamente hasta arrimarse a los 400 puntos y, de todos modos, nunca se aproximó a una franja que permitiera colocar deuda externa en los mercados internacionales, por lo que la baja resultó anecdótica, incluso si se hubiese sostenido.
La importancia del alza
Del mismo modo, el alza no es significativa en ese aspecto sino por lo que evidencia directamente. El Riesgo País se calcula por la distancia en el rendimiento que mantienen los bonos soberanos con respecto a los de Estados Unidos. El rendimiento es la diferencia en el valor original del bono y su precio en el mercado secundario. Si la tendencia es a la venta, su valor baja, y el rendimiento sube, porque la suma de capital e intereses que recibiría el inversor al momento del vencimiento es mayor que si se adquiriese el bono a un precio más alto, o si se le hubiese adjudicado en la emisión original.
En otras palabras, la suba del riesgo país denota una venta de activos argentinos. Más allá de que sea un indicador concerniente a los bonos soberanos, el fenómeno se extiende también a las acciones. Se trata de una estampida generalizada de capitales que empezó desde agosto, explicada por Y ahora qué? en su momento.
Poco importa si hay acontecimientos globales que exacerban esa tendencia, que se explica por la dificultad estructural del Gobierno para apuntalar el crecimiento y revalidar su vigencia política, hecho que entra en contradicción con el esquema del carry trade que la garantiza tranquilidad en el tipo de cambio.
La noticia del IPIM
Hubo una noticia que precedió al tembladeral del riesgo país. El Indice de Precios Internos Mayoristas (IPIM) registró un alza en septiembre del 3,2%. Luego de una suba de 2,1 puntos en agosto, es el segundo mes consecutivo en el que se acelera, y supera al índice de precios al consumidor (IPC), que en agosto se incrementó 1,7 puntos, y en septiembre 1,9.
Hay una correlación entre el IPC y el IPIM. Mientras que el primero mide el precio de venta de los bienes e incorpora servicios a la canasta, el segundo se concentra en bienes y tiene mayor énfasis en los insumos. Es decir que sirve como indicador de los costos de producción. Cuando el IPIM se incrementa, anticipa un impacto sobre el IPC, aunque no sea inmediato ni lineal.
En abril, el IPIM alcanzó una variación mensual del 5,2%, y desde entonces se mantuvo en retroceso y llegó a estar por debajo del 1% en julio. En ese lapso, el IPC absorbió paulatinamente los aumentos anteriores, quedando en subas del 2,1 en mayo, 1,9 en junio, 2,1 en julio, 1,7 en agosto y 1,9 en septiembre.
La aceleración del IPIM entre los dos meses es heterogénea. Mientras que en agosto el incremento de los productos importados fue del 2,9%, en septiembre solamente llegó al 0,4%. Los productos manufacturados y la energía eléctrica tuvieron una suba del 1,3, frente al 1,8 de julio, pero en septiembre llegaron al 2%.
Lo que se mantuvo constante es el impulso de los productos primarios: 4,6% en agosto y 7,9 en septiembre. Eso se explica por la incidencia de la categoría petróleo crudo y gas, que subió 8 y 15 puntos respectivamente. Obedece a la reaparición de la presión sobre el precio del petróleo, cuyo valor en el mercado internacional llegó a 110 dólares por barril en la semana anterior. Los productos primarios y las manufacturas explican, cada uno, 1,4 puntos del incremento total.
El peor de los mundos
No es una novedad lo que acontece con los precios, y en eso estriba lo preocupante. Este Gobierno se jacta de sus resultados al “bajar la inflación”, lo cual a veces es mal interpretado y compartido por sus detractores. Nunca se ensayó un cambio general en el funcionamiento de los precios. Solamente se mantuvieron atrasados los ingresos, tras una devaluación a fines de 2023, provocando que los trabajadores absorban todo tipo de impacto, que incluyó los aumentos de tarifas de los servicios públicos.
Consecuentemente, la capacidad de intervención para compensar fenómenos específicos, como el aumento internacional sobre el precio del petróleo, es escasa. Cada alteración de esta clase repercute en el atraso de los ingresos, porque, aunque no llegue a observarse un cambio en la marcha del IPC, la mantiene estancada. Y ante un alza, por más leve que sea, los ingresos corren por detrás.
Además, en contextos de baja demanda y actividad, los precios se adaptan para poder vender, aunque sea a pérdida, para deshacer stocks o con un margen inferior al habitual. Eso provoca que los aumentos se aletarguen, y luego lleguen de manera repentina. Para las empresas, se trata de arbitrar entre la pérdida de rentabilidad directa o una mayor caída de la demanda. Para los trabajadores, de perder poder de compra primero, y puestos de trabajo después. Es el peor de los mundos.
Hay un vínculo entre la situación de los precios y la imposibilidad de que baje el riesgo país. Más allá de las cuestiones internacionales, que afectan de manera directa a ambas variables, la debilidad del Gobierno a la que conduce la pervivencia de este esquema es la que explica la salida de capitales.
Si se llega al año que viene con el mismo nivel de volatilidad, la salida de capitales puede acentuarse, y repercutir sobre el tipo de cambio. En ese caso, el Gobierno deberá hacer frente a las consecuencias de una inflación elevada, que profundizaría los problemas que está acumulando.
Sería una forma difícil de transitar el año electoral.