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¿Por qué el riesgo país no baja?

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El carry trade tiene sus límites, y los capitales vuelan.

La Argentina no puede colocar deuda y el alza del riesgo país importa como una expresión de la salida o fuga de capitales. Milei presume de un poder de fuego para contener el tipo de cambio que no tiene.

El viernes anterior, el riesgo país finalizó con 628 puntos básicos, y este lunes se acercó a los 640. El dato fue muy sonado por dos razones. La primera, porque es el valor más alto en seis meses. Y la segunda, porque el hecho tuvo lugar luego de un viaje de Javier Milei a Nueva York que duró tres días y empezó con una disertación en la ONU sobre Malvinas. El último día, el jueves, habló sobre economía frente a 160 inversores en un encuentro organizado por el Club Económico de Nueva York: al día siguiente comenzó la escalada del Riesgo País, que se mantuvo en esos valores desde principios de 2025.

Tuvo una suba durante las elecciones de medio término, cuando llegó a los 1.456 puntos luego de la elección de septiembre en la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente recuperó su tendencia, y recién para mayo de este año empezó a estabilizarse en torno a los 500 puntos, hasta acercarse a 400 en julio. Sin embargo, en agosto volvió a acercarse a los 500, y en la segunda mitad septiembre se disparó por completo, culminando con los hechos del lunes, que volvieron a ubicarlo con los valores predominantes durante el año anterior.

El índice MERVAL, que mide el rendimiento de las acciones argentinas, también tuvo un descenso pronunciado. Luego de haber alcanzado un valor pico de 3.372.415,08 puntos a fines de julio, cerró septiembre con un valor de 2.820.448,48. Una caída del 16,3%.

El riesgo país baja en el mundo

El indicador que elabora JP Morgan se obtiene comparando la diferencia entre el rendimiento de los bonos de deuda pública nominados en dólares de países emergentes frente al de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, activos considerados libres de riesgo en el mercado internacional de capitales.

Se lo suele utilizar como referencia para calcular las posibilidades de acceso al endeudamiento externo, porque se entiende que al ser más “riesgoso” un país, más alta debe ser la tasa de interés de sus emisiones para tornar más las colocaciones. Y las condicionalidades en la forma de garantía para los inversores son mayores.

Lo anterior aplica para países como Argentina en sus niveles actuales. Por lo que, desde esta perspectiva, la eventual reducción del riesgo país, sin importar su magnitud con respecto al inicio del Gobierno, es anecdótica. Es decir que la colocación de deuda externa en gran escala por ahora es impensable.

Otros países latinoamericanos de relevancia tienen valores notablemente menores. Para Brasil, se suele ubicar entre 155 y 175 puntos básicos. Para México, entre 190 y 200. Y para Chile, que tiene el índice más bajo de la región, entre 85 y 120. Y los tres se endeudaron significativamente en el último año. De acuerdo a datos del Global Debt Monitor Institute of International Finance, la relación deuda/PIB creció 7,8 puntos para Brasil, 6,8 para Chile y 2,6 para México entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026. Argentina, en cambio, perdió 2,8 puntos.

El endeudamiento en los mercados emergentes, no solamente de América Latina, es una tendencia mundial, al igual que la caída del riesgo país. Joseph Cotterill publicó una nota en el Financial Times el 24 de septiembre en la cual explica que la brecha se redujo entre los rendimientos de los bonos públicos estadounidenses y los de la periferia, pasando de 2,2 puntos frente a los 2,6 de hace un año.

En ese contexto, se emitieron títulos en moneda extranjera con un valor de 190.000 millones de dólares desde el inicio del año hasta agosto por parte de los Gobiernos, frente a 160.000 millones en 2025.

Los hechos que alimentan la incertidumbre global, y condujeron a que los bonos del tesoro americano hayan alcanzado rendimientos sustantivos en la semana -del 5,61% a 30 años, que es un máximo desde 2002, y del 5,28 a 10 años, record desde 2007- fueron concomitantes con el aumento de la deuda externa en el tercer mundo. Es decir que no modifican la tendencia.

Los límites del carry trade

Frente a las condiciones globales, lo de Argentina es un caso aislado. Antes que otra cosa, la volatilidad del riesgo país refleja la salida de capitales, y los límites del carry tradediseñado por Luis Caputo y sus adláteres.

El Gobierno se introdujo en un esquema en el que necesita evitar una disparada del dólar sin haber cimentado una dinámica estable. Simultáneamente, se encuentra con la necesidad de comprar reservas, pagar vencimientos de deuda externa, y frenar el tipo de cambio cuando entra en alza sin estar en condiciones de intervenir en el mercado cambiario de manera directa.

Hasta ahora, el carry trade se sostuvo con colocaciones transitorias en acciones y letras de duración baja a media emitidas por el Gobierno, con tasas de interés rentables en dólares, pero inferiores a la variación de los precios. Es decir que el ahorro en pesos no está alentado, dando lugar a la salida ante un panorama de incertidumbre. Su naturaleza es de corto plazo.

Si el Gobierno hubiese pretendido estabilizar la economía, hubiese requerido, además de la devaluación que llevó adelante al principio, elevar la tasa de interés, y mantener una continuidad de la acumulación de reservas. Lo último se volvió una prioridad a partir del año pasado, por imposición del Fondo Monetario Internacional al otorgar el rescate de abril, previo a las elecciones.

Bazuca de reservas

Una de las frases que pronunció Javier Milei en el evento organizado por el Club Económico fue: “les quiero decir que para el año que viene tenemos estabilidad segura […]. Hemos construido una bazuca de reservas por el equivalente a 75.000 millones de dólares”. Después agregó que “a eso tendríamos que sumarle la balanza comercial y el flujo de capitales que tengamos seguramente este año. Digamos que estamos preparados”.

Es una extravagancia muy interesante la del Presidente. Las reservas internacionales del Banco Central nunca superaron los 51 mil millones, y ese valor incluye la totalidad de los activos, de los cuales no todos sirven para intervenir de manera directa sobre el mercado cambiario.

Aunque la compra de reservas se haya sostenido, no todo se acumula, sino que se utiliza para el pago de vencimientos de la deuda externa, en particular con el Fondo Monetario. Los otros vencimientos de deuda se afrontan con licitaciones de títulos públicos, para no recurrir a las reservas.

Los hechos sugieren que los objetivos son amañados, y el Gobierno no dispone de tanto poder de fuego como presume. El esquema en el que quedó inserto contrapone el objetivo de acumular dólares con el del crecimiento económico. Eso provocaría un incremento de las importaciones que, en lo inmediato, reduciría el superávit comercial y los dólares para comprar y acumular en las reservas.

Tal falta de cintura para impulsar el crecimiento lo debilita políticamente, y alienta la salida de capitales, porque ante la posibilidad de un cambio en el ordenamiento macroeconómico, lo lógico es retirarse realizando ganancias. Así se explica que la baja del Riesgo País tenga un límite.

Si ese escenario se concreta, los dólares que ahora se acumulan deberán utilizarse para contener el tipo de cambio. Es decir que el Banco Central pasaría de ser comprador a vendedor neto, mientras tiene que cancelar los compromisos con acreedores externos.

Para ese entonces, la bazuca no será de reservas, si no que estará sobre ellas. Y es difícil imaginarse el futuro político de Milei con el dólar en alza y la inflación resultante.

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