¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

¿Por qué no hay plata -ni la habrá- para el PAMI, la SUBE ni la AUH?

Responder esta pregunta obliga a hacer memoria y traer a cuento el tratamiento del Presupuesto Nacional 2026, presentado en sociedad el pasado 15 de setiembre, antes de las elecciones legislativas. 

Sancionado con la nueva composición del Congreso se transformó en el primer presupuesto libertario luego de gobernar medio mandato sin tener ninguna ley aprobada.  

Construido bajo la lógica de “base cero”, prioriza pagar los intereses de la deuda, luego proyecta los ingresos públicos y, finalmente, asigna el gasto como un sobrante, es decir, como un residuo. 

Pero ¿qué significa esta regla? En los hechos, si las estimaciones de los impuestos no evolucionan según lo previsto durante el año, el ajuste del gasto se vuelve automático, habilitando la motosierra en forma inmediata hasta garantizar el cumplimiento de la meta fiscal, es decir pagar los intereses de la deuda. 

Para cerrar la advertencia, las proyecciones macroeconómicas oficiales para el 2026 contemplaban un crecimiento del PBI del 5%, una inflación anual del 10,1% y un tipo de cambio promedio de $1.423 por dólar. Hasta aquí la teoría, pero la realidad fue demoliendo cada proyección.

Hace pocos días el Ministerio de Economía informó los datos fiscales del primer trimestre del año: el resultado fue superavitario. Sin embargo, detrás de ese número, aparece una dinámica compleja donde el equilibrio no se explica por una mejora en los ingresos sino por un fuerte ajuste del gasto con lo que el mecanismo del “base cero” toma forma concreta. 

Los ingresos totales presentaron una caída, en términos reales, del 0,6% interanual, pero con un dato relevante: retrocedieron los principales impuestos vinculados a la actividad económica. El IVA cae más de 10%, reflejando un consumo debilitado, mientras que el impuesto a las Ganancias también disminuyó un 8% en línea con los resultados de las empresas. 

A esto se suma una fuerte baja en los recursos del comercio exterior (-30%), afectados tanto por menores retenciones como por una caída en el volumen de las operaciones. Incluso los ingresos de la seguridad social registraron caídas del 5,7%. 

En otras palabras: el Tesoro recauda menos porque la economía está congelada.

Frente a este escenario, el resultado fiscal se sostuvo por el lado del gasto que cayó 3,1% en términos reales, consolidando una política de ajuste que impacta en la vida de todos los argentinos.  

El recorte se concentró en áreas sensibles. Los programas sociales mostraron una caída cercana al 30%, en gran medida por el congelamiento de sus prestaciones frente a la inflación. Las transferencias al PAMI se redujeron más de 40%, mientras que las pensiones no contributivas lo hicieron un 8% y otras políticas sociales un 29%.

En paralelo, los salarios del sector público perdieron frente a la inflación un 9%, y las jubilaciones, en general, si bien logran empatar, muestran una fuerte pérdida del poder adquisitivo en los haberes más bajos. A esto se le suma un recorte importante en el gasto de capital (-24%), afectando la obra pública y, con ello, el nivel de actividad. 

Finalmente, el ajuste alcanzó a las provincias donde también fueron recortadas con fuerza las transferencias corrientes y de inversión, ahogando los tesoros provinciales.

Sin embargo, no todos los componentes del gasto se redujeron. Los intereses de la deuda registraron en el trimestre un incremento del 76% en términos reales, es decir, el equivalente a todo lo pagado en el PAMI, la SUBE y el presupuesto de todas las universidades nacionales, alcanzando los 5 billones de pesos en los tres primeros meses del año. 

De este modo, el superávit no surge de una expansión de la economía ni de una mejora estructural en los ingresos, sino de una contracción fuerte del gasto. Esto es el presupuesto de base cero.

El interrogante hacia adelante es la sostenibilidad fiscal de este esquema porque las remontadas, de existir, tardan en llegar al Presupuesto y el ajuste del gasto, al afectar el consumo, la inversión y las transferencias, profundizan la dinámica recesiva en forma inmediata.

En este contexto, ¿Hay margen para una motosierra sin fin con el único objetivo de pagar los intereses de la deuda? ¿Es éste el único objetivo por lo que vale la pena hacer tamaño sacrificio social? 

La elasticidad de la paciencia social también debería ser una variable a considerar en el Excel del gobierno libertario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *