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¿Y ahora qué?

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Todos estos años de gente (común)

El autor propone algunas reflexiones sobre “Los años setenta de la gente común”, una reedición del trabajo de Sebastián Carassai,y la naturalización de la violencia y algunos relatos hegemónicos sobre la década setentista en Argentina.

Al comienzo de “Caro Diario” (1993), la película del director italiano Nanni Moretti, el protagonista entra solo a una sala de cine y observa una película en la que antiguos militantes de izquierda reflexionan sobre el desencanto político y hablan en nombre de la “generación vencida” de 1968 y de la izquierda italiana.

Uno de los personajes dice:

“Soy un cobarde. ¿Qué ha sucedido todos estos años? Díganmelo ustedes, porque yo ya no lo sé. Empiezan a aparecer las canas y a pesar las derrotas. Nuestra generación, ¿en qué se ha convertido? En publicistas, arquitectos, agentes de bolsa, diputados, periodistas. Hemos cambiado… para peor. Hoy somos todos cómplices. Gritábamos cosas horribles, violentísimas, y miren cómo hemos terminado”.

La escena se vuelve memorable porque Moretti, sentado solo en la sala, rompe la pasividad del espectador y le grita directamente a la pantalla:

“¿Por qué ‘todos’? ¿Por qué esa obsesión con que todos somos iguales? ¡USTEDES gritaban cosas horribles y violentísimas! ¡USTEDES se han afeado! ¡Yo gritaba cosas justas!”

La intervención cuestiona la tendencia a socializar las responsabilidades políticas y morales de las décadas del sesenta y setenta. Moretti rechaza que toda una generación cargue con las culpas por las decisiones y errores de las clases dirigentes y las minorías más activas.

Algo similar propone Sebastián Carassai en “Los años setenta de la gente común”. El autor discute con los relatos hegemónicos que intentaron monopolizar la memoria sobre los años setenta argentinos. Frente a las voces tradicionales -militantes, dirigentes políticos, intelectuales-, Carassai pone en primer plano a la “gente común”: personas de la clase media argentina sin participación política activa, sin pertenencia ideológica definida y, muchas veces, indiferentes a la militancia.

Publicado originalmente en 2013, y con varias reediciones encima, el libro se convirtió rápidamente en una referencia central de la sociología y el ensayo político argentino contemporáneo. El concepto de “gente común”, propuesto por los editores, alude a quienes no ejercen funciones de conducción ni participan activamente en partidos, sindicatos, empresas u organizaciones políticas.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es su metodología. Carassai intenta escapar de las interpretaciones retrospectivas construidas después de la última dictadura militar y trabaja, en cambio, con materiales producidos en la propia época: encuestas de opinión de época (algunas inéditas), entrevistas, publicidades, medios de comunicación y revistas dirigidas al público masivo. En este sentido, resulta especialmente valioso el recurso a la idea de “memoria involuntaria”, inspirada en Walter Benjamin. 

Los “años dorados del capitalismo”

El autor analiza los mensajes implícitos presentes en la cultura popular -sobre todo en la publicidad y el humor gráfico- para comprender cómo la violencia política se incorporó a la vida cotidiana. A fines de los años sesenta, el mundo occidental atravesaba uno de los períodos de mayor prosperidad económica de su historia. 

Los historiadores suelen hablar de los “treinta años dorados” del capitalismo, entre 1945 y 1975. Sin embargo, paradójicamente, esa estabilidad convivía con una fuerte demanda de transformaciones radicales. La idea de cambios graduales parecía insuficiente. Tanto la izquierda como la derecha, civiles y militares, hablaban de revolución, reconstrucción o reorganización nacional.

Como señala Carassai, la sílaba “re” condensaba la idea de empezar de nuevo, de hacer “borrón y cuenta nueva” mediante transformaciones profundas y definitivas.

En Argentina, la escalada de violencia política llegó con cierto retraso respecto de otros países. El periodista y politólogo Mariano Grondona observaba con sorpresa que, mientras en 1968 el mundo vivía estallidos políticos y sociales, el país permanecía relativamente estable. Pero esa situación cambió rápidamente con el Cordobazo y la aparición de las organizaciones armadas. A partir de allí comenzó un proceso de creciente naturalización de la violencia. Carassai encuentra rastros de ese fenómeno en las publicidades, revistas y producciones humorísticas de la época. Figuras populares como Arnaldo André, Carlos Monzón o Norberto Alonso aparecían en revistas empuñando armas o apuntando contra enemigos imaginarios. El humor gráfico incluía referencias frecuentes a secuestros, asesinatos e incluso torturas.

Satiricón, 1973. Roberto Fontanarrosa. 

Para Carassai, esta normalización cultural de la violencia fue un elemento decisivo para comprender el clima social de la época. Y no se trataba de un fenómeno completamente nuevo en la historia argentina. 

La naturalización de la violencia

Ya Domingo Faustino Sarmiento, en Facundo, hablaba de una “resignación estoica” de nuestros paisanos del siglo XIX frente a la muerte violenta, una actitud que llevaba a aceptar la violencia como un hecho casi cotidiano.

Una de las tesis centrales del libro es que el terrorismo de Estado desplegado durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” no habría podido actuar del modo en que lo hizo sin esa previa naturalización de la violencia. 

La mayoría de la población no necesariamente aprobaba ni celebraba la represión ilegal, pero sí tendía a verla como una consecuencia inevitable del período de violencia política anterior. Más allá de este análisis histórico concreto, varias de las ideas de Carassai permiten pensar fenómenos contemporáneos. El libro cuestiona la idea de que la mayoría de la clase media argentina vivió intensamente la política. Por el contrario, sostiene que la “gente común” -aquella que prioriza el trabajo, la vida cotidiana y sus problemas inmediatos- constituía la mayor parte de nuestra sociedad.

Ese universo social ha sido interpelado, en distintos momentos históricos, por discursos antipolíticos: desde la apelación a la “mayoría silenciosa” durante la dictadura hasta fenómenos más recientes como el macrismo o el mileísmo. 

El descontento de la gente común

Sin embargo, allí aparece una paradoja. La crítica a “la casta” o a la dirigencia política suele ser encabezada por sectores que forman parte de las élites económicas, mediáticas o políticas más consolidadas. No se trata de actores ajenos al poder, sino de grupos que buscan canalizar el descontento social en favor de nuevas formas de representación, muchas veces vinculadas a proyectos de derecha o ultraderecha.

Podría decirse que la “gente común” delega habitualmente la iniciativa política en las dirigencias mientras se concentra en sostener su vida cotidiana. Pero cuando percibe que el sistema político afecta demasiado su realidad, reaparece de forma disruptiva: no necesariamente organizando estructuras militantes tradicionales, sino votando contra el sistema, apoyando outsiders o incluso retirándose de la participación política.

En definitiva, el libro de Carassai busca comprender el clima cultural y social que hizo posible la escalada de violencia política de los años setenta, pero desplazando la mirada desde los protagonistas tradicionales que la han relatado, y dirigiéndola hacia ese sector mayoritario de la población que, sin participar activamente, convivió con la violencia, la toleró o terminó aceptándola como parte inevitable de la realidad.

Finalmente, este ensayo nos resulta útil para pensar el presente. La apatía política, el desencanto con las dirigencias y la búsqueda de soluciones radicales no son fenómenos nuevos en la historia. Cuando amplios sectores sociales sienten que la política dejó de representar sus intereses, emerge la tentación de apoyar discursos que prometen “empezar de cero”, aun cuando detrás de ellos se oculten viejas estructuras de poder. En ese sentido, esta reflexión sobre los años setenta no pertenece solamente al pasado: sigue siendo una herramienta para entender las tensiones y frustraciones de la Argentina contemporánea.

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