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Apostar a la cooperación pragmática

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Del Blanco propone aprovechar oportunidades.

La Argentina transita esta etapa histórica en un mundo atravesado por transformaciones profundas. La consolidación de un orden internacional crecientemente multipolar, el desplazamiento del eje económico hacia Asia, la redefinición de las cadenas globales de valor y la emergencia de tecnologías estratégicas —desde la inteligencia artificial hasta la transición energética— configuran un escenario donde los países que no logren articular una estrategia nacional clara corren el riesgo de quedar subordinados a intereses ajenos.

La posición de la Argentina se encuentra tensionada por dos dinámicas simultáneas. Por un lado, la necesidad urgente de reconstruir su autonomía decisional, debilitada por la dependencia financiera, la pérdida de capacidades industriales y la fragmentación política interna. Por otro, la oportunidad concreta de insertarse en un sistema internacional donde la diversificación de alianzas y la cooperación pragmática se vuelven herramientas indispensables para defender los intereses nacionales.

La región sudamericana, históricamente un espacio de paz y cooperación, atraviesa también un momento de redefinición. La ausencia de mecanismos sólidos de integración —producto de la desarticulación de proyectos regionales como UNASUR y el debilitamiento del Mercosur— deja a los países expuestos a presiones externas y reduce su capacidad de negociación frente a potencias globales. Para la Argentina, esta situación implica un retroceso estratégico: sin una región cohesionada, la defensa de recursos críticos como el litio, el agua dulce, la energía y la biodiversidad se vuelve más vulnerable.

A ello se suma la disputa global por los recursos naturales y las tecnologías de punta. La Argentina posee activos que la vuelven relevante en la agenda internacional: energía, alimentos, minerales estratégicos, capacidades científicas y un territorio clave en el Atlántico Sur. Sin embargo, sin una política exterior coherente y basada en el interés nacional, estos recursos pueden convertirse en factores de dependencia en lugar de motores de desarrollo.

La reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas es otro punto central. En un mundo donde las potencias reafirman su presencia militar en zonas estratégicas, el debilitamiento de las alianzas históricas y el aislamiento diplomático reducen la capacidad del país para sostener su reclamo legítimo en foros internacionales. La defensa de la soberanía requiere una diplomacia activa, profesional y alineada con un proyecto nacional, no con intereses externos.

En síntesis, la realidad geopolítica actual exige que la Argentina recupere una política exterior soberana, pragmática y federal, capaz de construir alianzas múltiples, fortalecer la integración regional, proteger sus recursos estratégicos y proyectar una visión de desarrollo que la inserte en el mundo desde la dignidad y la autonomía. Sin esa reconstrucción, el riesgo de quedar relegados como “territorio liberado” se vuelve cada vez más tangible.

Se trata de devolver a la Argentina su voz, su capacidad de decisión y su lugar en el mundo.


Rafael Del Blanco, presbítero, pertenece a la Arquidiócesis de Resistencia, Chaco. Actualmente cursa la Licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica Urbaniana de Roma.

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