La incertidumbre global que se vive está causada por “la descomposición del orden internacional” y “se va a acelerar por la competencia entre los grandes poderes”, según Esteban Actis, un doctor en Relaciones Internacionales que dicta cátedra en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y es investigador del CONICET.
Fuera de los campos y mares de batalla ¿hay ganadores y perdedores por la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán? ¿Por qué el tiempo corre a favor de Teherán? ¿Cómo hará Donald Trump para cerrar el conflicto? ¿Por qué los gigantes tecnológicos cambiaron el paradigma de las contiendas bélicas? ¿La gran preocupación del Presidente Javier Milei es que Trump pierda las elecciones de medio término? Estos y otros interrogantes los responde Actis, en un diálogo con Y ahora qué? El entrevistado es un especialista en analizar la disputa global que vienen librando EE.UU. y China.
–Vamos directo al punto: ¿quiénes ganan y quiénes pierden con la guerra en Oriente Medio, al margen de lo militar?
–Actis: Si pensamos en ganadores y perdedores de este conflicto, podemos decir que en el plano transnacional y no en el plano de los actores estatales, claramente las empresas petroleras son las ganadoras. Empresas que venían muy afectadas por un precio del crudo que algunos lo ponían a futuro cerca de los 50 dólares el barril. Tenemos un salto del precio del petróleo exponencial. Con el shock energético por el cierre de Estrecho de Ormuz y la expectativa de una guerra que se profundizó y se amplió en el tiempo, las grandes empresas petroleras son efectivamente una de las grandes ganadoras.
–¿No ganan también especuladores bursátiles y financieros?
–Actis: Los traders de commodities, efectivamente, están teniendo márgenes de ganancias superlativos. Otros ganadores, también, sobre todo en el mercado norteamericano, son aquellos actores que operan en los mercados financieros. Cada vez más, hoy está claro que cuentan con información privilegiada muchos grupos de inversores. Sabiendo cuáles son los movimientos de la administración de Donald Trump. Sabiendo cuáles son sus anuncios, generalmente vía redes sociales, han logrado sacar grandes ganancias en sus operaciones financieras.
–¿Nadie controla a los que lucran con información privilegiada sobre la guerra?
–Actis: Esto está siendo investigado en Estados Unidos porque han sido operaciones muy, muy burdas, en relación al momento que se hicieron. Efectivamente, hay insiders de la administración Trump. Recordemos que Scott Bessent es un trader financiero. Ahí tenemos otro ganador.
–¿Y los que pierden con la guerra?
–Actis: Entre los perdedores están todos lo que tiene que ver con las navieras internacionales. Están pagando fletes y seguros cada vez más caros. Tienen que redireccionar sus rutas marítimas por el Estrecho de Ormuz. Y eso hace que, justamente, sea una complicación logística muy importante. También las refinerías de Asia que dependen del crudo que sale de Medio Oriente por el Estrecho. Están teniendo faltantes. Entonces, se puede mencionar entre los perdedores a todo el sistema energético asiático. Las empresas de ese sector están afectadísimas.
— Y qué efecto tiene la contienda sobre los pueblos?
–Actis: Te diría que también son perdedores los ciudadanos consumidores de los países que son importadores de petróleo y alimentos. Este shock está pegando fuerte en la inflación global pero sobre todo en energía y en alimentos. Es por la suba de los fertilizantes y por la suba de los precios internacionales. Los consumidores de los países en desarrollo que son importadores de alimentos y commodities, son los que tienen mayor afectación en este conflicto.
–¿Qué mundo es posible imaginar que surja a partir del conflicto? ¿Parecido al actual o diferente?
–Actis: A la guerra en Irán no la veo como un punto de inflexión o como un parteaguas. La veo como un acontecimiento más de un largo proceso de más de una década. Es la que está caracterizada por una descomposición del sistema y el orden internacional.
–¿Cómo se expresa esa descomposición del orden mundial?
–Actis: Las fuerzas centrífugas y de conflictividad son más importantes que las fuerzas centrípetas y de cooperación. El mundo vive orientado en un contexto de shock tras shock, en los últimos años. Todo shock geopolítico está signado por la competencia entre grandes poderes. Esa dinámica se va a acelerar. Con una particularidad que es el elevado nivel de incertidumbre que experimentan los actores en el orden internacional dado, que efectivamente, este tipo de conflictos uno sabe cuándo empiezan, pero no cómo terminan.
–¿Qué otros conflictos responden a esa lógica?
–Actis: Pasó con la guerra entre Rusia y Ucrania. Está pasando ahora. Eso, por un lado. Por otro lado, lo que marca hoy la guerra es que el mundo se divide entre dos lógicas. No es el G-20, no es el multilateralismo. Me refiero al G-20 como claro indicador y gobernanza. Indicador de un mundo donde funciona el multilateralismo, las situaciones internacionales y la acción colectiva de los Estados. Donde se logran gestionar los problemas que tiene la comunidad internacional. Eso no está sucediendo hace ya un largo tiempo.
–Sin el multilateralismo, ¿cómo se gestionan los grandes conflictos?
–Actis: Hoy el mundo tiene una idea de G-2 y de G-Cero. El G-Cero es la manera en que el politólogo Ian Bremmer denominó al vacío de poder. A la falta de una potencia hegemónica que pueda establecer un orden basado en reglas. Que pueda establecer bienes públicos globales. O sea, estamos en un contexto de claro vacío de poder donde no hay uno o varios Estados que puedan, justamente ordenar. Y darle una lógica normativa y performativa al orden. Entonces ese G-Cero es la situación que estamos viendo en los últimos años. La expresión más clara es la de vacío de poder en el sistema internacional.
–¿Cómo interpretar entonces lo que dejó el encuentro de Donald Trump y Xi Jinping en Beijing?
–Actis: Lo que estuvimos viendo con esa reunión en Beijing es la idea del G-2. Es decir, hay dos actores o sea Estados Unidos y China que son los actores más importantes del orden internacional. La dinámica bilateral y la co-evolución de ese vínculo puede tener algún tipo de importancia en la configuración del orden internacional. Una configuración podrá haber si logran estas dos superpotencias avanzar en una lógica de sociedades rivales, de estabilidad estratégica.
–¿Estabilidad estratégica en qué sentido?
–Actis: Que algunos temas internacionales, como por ejemplo el conflicto en Irán y el estrangulamiento de Ormuz por parte de Irán, puedan ser abordados por las potencias y ser solucionados. Hoy el orden internacional se divide entre estas dos lógícas. Y no sabemos cuál va a primar: el G-Cero o el G-2.
–¿Cuál será la influencia en futuros conflictos que ejercerán los avances de los gigantes tecnológicos?
–Actis: La guerra entre Rusia y Ucrania ya lo mostró en el teatro de operaciones. Hay un conjunto de nuevas tecnologías puestas al servicio de la guerra. Los drones y su capacidad de daño son un arma muy económica y barata, accesible a casi a todos los actores. Con capacidad de, justamente, dañar infraestructura crítica y civil. Se vio desde la aparición de Starlink como una empresa de internet que le ha dado la conectividad a Ucrania en un momento en que Rusia logró hacer un apagón satelital. Y desde el uso de la Inteligencia Artificial a la hora de tener mayor precisión de datos sobre el terreno de la contienda militar.
–¿Es tan radical el cambio en términos de recursos bélicos?
–Actis: Efectivamente, estamos en un cambio de paradigma de la guerra. Esta idea del espacio digital y el espacio físico comienza a imbricarse. Las guerras se dan en esos dos tableros. En el caso de la guerra de Irán es muy claro como Estados Unidos logró una destrucción de capacidades militares tradicionales. Pero Irán conserva la posibilidad de tener drones que son dirigidos con mucha precisión para dañar infraestructura y tener estabilidad. Y por eso la importancia hoy de la disputa tecnológica de las potencias. Sobre todo entre Estados Unidos y China. La disputa de poner la tecnología al servicio del complejo Industrial-militar para desarrollar las armas del futuro, de la robotización y de la inclusión de Inteligencia Artificial. Esto me parece que es un punto central.
–¿Qué señal puede verse de estos desarrollos en la disputa global?
–Actis: La estamos comenzando a ver en que los desarrollos tecnológicos no son solamente pensados para el uso civil del negocio, como era lo general. La vemos, específicamente, en cómo se incorpora al complejo militar-industrial, cómo se incorpora a los ejércitos y cómo se traslada al teatro operacional de una guerra. En cómo se pueden lograr las ventajas que se buscan en un escenario bélico.
–¿En qué terreno Irán le lleva ventaja a EE.UU?
–Actis: La gran desventaja que tiene Trump con respecto a Irán es que Estados Unidos es una democracia. Lo digo más allá de que hoy uno puede decir que EE.UU. está yendo hacia una democracia iliberal. Pero sigue habiendo campañas, sigue habiendo accountability (ndr: rendición de cuentas). Sigue habiendo elecciones. Pero el iraní es un régimen cerrado, más cerrado, donde la Guardia Revolucionaria no tiene que rendir cuentas. Irán sabe que la prolongación del conflicto y, sobre toda, la prolongación de la interrupción del Estrecho de Ormuz es lo que genera la interrupción del flujo petrolero. Es lo que genera elevados precios del petróleo. Lo que genera presión inflacionaria a nivel global y mucho temor y ruido en los mercados.
–¿Se revela como otra arma poderosa que maneja Irán?
–Actis: La interrupción en Ormuz es una correa de transmisión que afecta a la economía norteamericana. En un año electoral afecta la posibilidad de Trump de tener buenos resultados electorales. Eso lo sabe Irán. El tiempo es un arma a favor de Irán.
–¿Si el tiempo corre a favor de Irán, eso quiere decir que a Trump le juega en contra?
–Actis: Trump está necesitando cerrar este conflicto. Tiene que abrir el Estrecho de Ormuz. Eso explica también la centralidad que ha tenido Ormuz. Explica a Trump pidiendo, en su viaje a Beijing, la asistencia de China como socio de Irán para que intermedie. No puede pensar que Irán vaya a tener, de acá en un futuro, el control sobre el Estrecho y la capacidad de cobrar peajes. Entonces ese es un punto clave.
–Pero a la vez están a la vista las elecciones legislativas en EE.UU. y los pronósticos parecen no favorecer a Trump ¿Qué puede pasar ante su eventual debilitamiento?
–Actis: Efectivamente, la elección de medio término son un punto de inflexión para Trump. Un resultado negativo, si es que pierde el control del Congreso norteamericano, lo debilitaría mucho en términos políticos. Sería el pato rengo, como se lo conoce en la jerga de EE.UU. Lo que implicaría es un debilitamiento político de Trump en la capacidad que ha tenido desde el año pasado, desde que asumió, de pasar por encima de las instituciones y las normas. Esta idea del hombre pasando por de las instituciones y queriendo alterar las burocracias. Se involucra con la FED (ndr: banco central), o con el ICE y la cacería de inmigrantes.
–¿Se lo vería a Trump dando marcha atrás?
–Actis: En un contexto de pérdida del control parlamentario, quedaría bastante debilitado para todas estas políticas. Veríamos una mayor capacidad de los demócratas para intentar, con el Congreso y en términos políticos, poner un poco de freno a las ambiciones reformistas del sistema que tiene Trump.
–En ese nuevo escenario ¿qué podría pasar con Javier Milei, a quien Trump viene rescatando de sus encrucijadas financieras, entre otras?
–Actis: Para Argentina y el Gobierno, el principal problema de un escenario donde Trump pierda la elección de medio término y quede debilitado políticamente, sería la incapacidad de tomar medidas heterodoxas. Me refiero a las que no son las prácticas habituales que se toman en términos de instituciones burocráticos. El ejemplo más claro es Scott Bessent y el Tesoro norteamericano comprando en 2025 pesos argentinos e interviniendo en el mercado de cambios argentino. Lo hizo como un trader, cosa que fue muy criticada por los burócratas de la Secretaría del Tesoro.
–¿Tanta influencia tienen esos cuadros del Tesoro?
–Actis: Son, justamente, los que tienen una continuidad. Y son los que ven que estas cosas, así, no se hacen. Es una práctica muy heterodoxa esa decisión de avanzar en ese sentido. Fue una práctica fundamental para la estabilidad del Gobierno argentino. Para su relativa pax cambiaría. Llevó a un contexto electoral no tan caótico si no hubiese tenido esa intervención. El Tesoro se puso por encima del Banco Central argentino. Fue prestamista de última instancia. Y eso dio señales al mercado.
–¿Se podría mantener un respaldo extraordinario así en un nuevo tablero político?
–Actis: La gran pregunta es si eso va a acontecer en el 2027 en un contexto donde la administración Trump esté sufriendo embates políticos y una debilidad relativa. Esa es la gran pregunta ¿Qué pasa si la Argentina no cuenta más con EE.UU. como prestamista de última instancia? Esa es la gran preocupación que hoy puede tener el Gobierno argentino mirando lo que acontece en Estados Unidos.