¿Cuándo una broma deja de serlo y se convierte en la agresión que cosifica al oponente ya sea un pibe con discapacidad, un jubilado que corre riesgo de morirse de hambre, un periodista o un político? Milei y la “estrategia de los malos modales”.
Según la Real Academia Española (RAE), la palabra “burla” tiene varias acepciones. Pero para tratar de entender las incursiones del presidente Javier Milei en este campo consideraremos aquella que la define como “una acción, ademán o palabras con que se procura poner en ridículo a alguien o algo”.
El uso ya reiterado de la burla hacia ciertos sectores de la ciudadanía argentina trae a discusión varios temas que pueden resultar entre irritantes y dolorosos dependiendo de la vereda desde donde las miremos o nos ubique el discurso libertario.
La docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) Sol Montero explicó a Y ahora qué? que en una investigación realizada desde la casa de altos estudios verificaron que un 45% de los consultados siente rechazo por los insultos de Javier Milei, pero que a una porción nada desdeñable (un 10%) le provoca risa porque les parecen sarcásticos, burlones o humorísticos. “Hay toda una línea de trabajo que estamos explorando que piensa los discursos de las derechas en clave de transgresión. Discursos transgresores y discursos que también tienen un carácter grotesco o barroco”, agregó Montero.
Y recordó el uso que hizo Milei de algunos apodos o neologismos como Don Chatarrín, Lali Depósito, María BCRA, Don Gomita Lumínica, La Camporonga, El Fracasado Hiperinflacionario de Chascomús utilizados para denigrar, deshumanizar o insultar a sus adversarios.
Pero, ¿qué ocurre cuando la burla o la denigración siempre es ejercida desde el poder?
“Deja de parecerse a una broma para convertirse en una herramienta de jerarquización, disciplinamiento y humillación porque está más que claro que dejó de ser un recurso humorístico para convertirse en una herramienta de burla y denigración del otro”, agregó Montero.
La violencia del discurso político existe desde que existe la política, pero lo novedoso es este tipo de formatos que no ocultan su carácter violento, insultante, degradante y hasta mentiroso que hacen de la burla una bandera.
¿Qué tipo de comunidad construye la burla?, le preguntamos a Montero, quien respondió que “cimienta comunidad a partir de la complicidad asociando y excluyendo al oponente a través de la risa provocada por la burla, la ridiculización, la exclusión y la discriminación del adversario”.
Lo que parece no considerar quien hace uso de este recurso, o sí -lo cual lo hace más lamentable aún- es que genera un discurso discriminador, excluyente y deslegitimante.
Para Montero, “cuando alguien está siendo ridiculizado, esa burla genera una complicidad más estrecha con los propios a partir de la exclusión de quien intentan presentar como un sujeto inútil o corrupto”.
Cosechando amigos…
Otra pregunta interesante es si la burla debilita las jerarquías o las consolida, porque podrán tener la capacidad amoral de burlarse, pero eso no significa que sea una política para ganar adeptos.
Veamos:
Si un Presidente se burla de sí mismo, de sus aliados, de las instituciones o incluso de sus adversarios, podría haber rasgos parejos y de equilibrio en sus discursos. Pero si la burla funciona siempre desde arriba hacia abajo, en este caso son agresiones presidenciales permanentes, esa burla se convierte en una risa del poder, una burla disciplinadora o, simplemente, en un intento de ridiculización política.
Milei, parece hacer eso.
Recorramos algunos casos:
*En septiembre de 2023 se conoció un video en el que utilizaba la palabra “mogólico” como insulto o burla contra el economista Roberto Cachanosky.
*En febrero de 2024 volvió la polémica cuando el Presidente le dio un “me gusta” a una imagen manipulada del gobernador de Chubut Ignacio Torres representándolo como una persona con síndrome de Down.
*En 2025 republicó un ataque a Ian Moche, un niño de 12 años con autismo, en el que presentaba al pibe como parte de una operación política y agregó que el periodista que lo había entrevistado estaba “del lado del mal” y “de los kukas”.
*El 24 de mayo de 2024, cuando le dijeron que la gente no llega a fin de mes, respondió que si eso ocurriera “se estaría muriendo en la calle”.
*En junio de 2025, después de que Diputados aprobara un aumento jubilatorio, la actualización del bono y la Emergencia en Discapacidad, el Presidente anticipó que vetaría cualquier norma que afectara el déficit cero y compartió una caricatura suya lanzando rayos por los ojos y la expresión “Rayo vetador”. Medios como Minuto Uno lo presentó como una “publicación burlona”.
*El 20 de agosto de este año, republicó una serie de mensajes que ponían en duda el ataque a tiros sufrido en Bolivia por Nadia Beller, la expareja de su antiguo asesor Fernando Cerimedo. Uno decía: “Cuatro balazos. Y se cura con curitas. No eran sicarios. Eran los copitos”, y reprodujo publicaciones de Lilia Lemoine contra Beller.
*El mismo día, en el Council of the Americas, Milei habló de la “locura de los pañuelitos verdes” y afirmó que la “pasión por asesinar niños en el vientre de la madre” perjudica el crecimiento económico y el sistema previsional. La agencia EFE describió ese discurso como una defensa de su programa “con insultos y burlas a opositores y críticos”.
Brutalización política y malos modales
En Estados Unidos se acuñó el concepto ‘uncivility’ a partir de la irrupción de Donald Trump que, en una traducción libre podría homologarse a la ‘brutalización del discurso político’ que parece empezar a ser un poco menos aceptado por la sociedad argentina.
En julio de este año, la consultora QSocial detectó que el 53% de los encuestados en uno de sus estudios, consideró estar muy de acuerdo con que el estilo del Presidente no es el adecuado para gobernar un país, y otro 13% está bastante de acuerdo con la misma consigna.
Y los medios, por su parte y a pesar de sus diferencias editoriales, han tenido lecturas transversales bastante homogéneas sobre la agresividad presidencial.
Al mismo tiempo, Milei defiende explícitamente su estilo. En mayo de este año, ante Luis Majul y Esteban Trebucq, respondió a las críticas por sus formas diciendo: “cuando los argentinos me eligieron, eligieron a un tipo puteador”, y sostuvo que la gente valora más que sea honesto y diga lo que piensa en lugar de “ser el rey de las formas”.
Esa frase ayuda a entender por qué una parte de sus seguidores no interpreta las burlas del líder libertario como una falla presidencial, sino como una prueba de que “no se volvió político”porque mantiene la irreverencia y se enfrenta a quienes ellos consideran parte de la “casta”.
El humor agresivo, la violencia verbal y la agresión expresada desde la burla, propias de las extremas derechas, tienen que ver con un posicionamiento en contra de lo políticamente correcto, lo que la investigadora y docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), Alejandra Vitale, menciona como la “estrategia de los malos modales”, que resulta atractiva en sectores resentidos o con demandas insatisfechas porque contribuye a conformar una imagen de espontaneidad como la que sostiene el Presidente.
En ese sentido, agregó Vitale, esas burlas podrían caracterizarse como parte de un lenguaje muy provocativo del populismo de extrema derecha.
La cuestión de fondo es “un orador que, mediante la violencia verbal y la burla, descalifica al adversario, no puede justificar su posición ni escuchar al otro, y por eso se para desde una posición autoritaria”, agregó Vitale.
Así que es probable que ese estilo no cambie. Que esta mezcla entre los discursos de odio y las posiciones autoritarias disfrazadas de burlas se sigan tornando una peligrosa combinación. La democracia argentina no tiene antecedentes de sentirse burlada de este modo y a cada instante.
