La ingeniera naval Alejandra Portatadino asegura que “Argentina carece de políticas estratégicas en materia de industria y transporte naval. Somos un país marítimo que le da la espalda al mar”, dice en este diálogo con Y ahora qué?
–¿Cuál es hoy la situación real de la industria naval argentina y cómo se compara con la de hace diez o veinte años?
–Portatadino: La situación real se ve afectada a través de la historia por una puja de intereses e ideologías entre los diferentes partidos que ascienden a los gobiernos. En esa puja observamos a los que quieren promover y proteger los valores soberanos supremos nacionales y los que respondieron -y responden- a intereses foráneos o personales que, corrupción de por medio, siguen destruyendo las capacidades Industriales argentinas.
–¿En qué se ve reflejada esa puja?
–Portatadino: En las curvas de crecimiento y decrecimiento a lo largo de la historia de la industria naval, que llegó a su mayor punto de producción entre los años 1979 y 1980. A partir de allí el decrecimiento fue constante hasta hoy. Argentina carece de políticas estratégicas en materia de industria y transporte naval, incluyendo los puertos y vías navegables como recursos estratégicos para el desarrollo sostenible. La evolución o involución de la industria naval argentina permanece afectada por el estado de ánimo de gobernantes de los distintos colores partidarios. No tenemos políticas de Estado serias.
–Por ejemplo, ¿cuántos astilleros había y cuántos hay ahora?
–Portatadino: Entre privados y estatales, en el país hubo más de 20 astilleros entre los años1979/1980, con un pico de empleo aproximado, entre reparaciones y construcción, de 25.000 puestos de trabajo directos, 9.000 de ellos ligados directamente a la construcción. Hasta 1980 la industria naval argentina fue alentada a exportar, se generaba empleos de calidad se promovía la educación técnica universitaria, terciaria y secundaria, entraban dólares genuinos por esas exportaciones, y se promovían industrias asociadas como la metalmecánica y la metalúrgica. Fue así que exportamos más de 330 buques de distintos portes a Alemania, Polonia, Estados Unidos, Colombia, y otros países. Cuando esta industria tuvo que demostrar que puede ser competitiva, lo hizo. Los reintegros por la exportación de productos no tradicionales se elevaban al 25%, y con eso se compensaba la carga impositiva a favor de una Industria que generaba empleos genuinos, con aportes sociales y beneficios ´para el Estado.
–¿A qué adjudica el declive de la industria naval local?
–Portatadino: A las medidas neoliberales promovidas por el entonces ministro de economía Jorge Wehbe, que eliminó la promoción industrial hasta llegar a la situación que los buques producidos para el exterior terminaron pagando derechos de exportación. Eso fue el acta de defunción de una industria que producía divisas y trabajo y terminó quebrando. Favorecer la importación indiscriminada fue un tiro en el pie que se pegó ese gobierno.
–¿Por qué es importante que Argentina pueda construir, reparar y mantener sus propios barcos?
–Portatadino: Vivimos en un país cuya mayor superficie es marítima fluvial y lacustre, con todo su extremo este costero, teniendo una puerta directa logística al mundo, sumado a la salida de otros países mediterráneos que utilizan las cuencas de los ríos Paraná y de la Plata para conectarse al mundo. Somos bicontinentales e insulares donde tenemos Islas que fueron invadidas y ocupadas por la fuerza, y un gran sector marítimo propio, en las mismas condiciones. Somos un país marítimo que le da la espalda al mar, una locura. Y a eso le sumamos grandes capacidades desde la ingeniería que se fortalece junto a una gran cadena de valor y el desarrollo de nuevas tecnologías y muy buenas universidades. Todo este ecosistema virtuoso se puede fortalecer interactuando, incluso, con las Fuerzas Armadas para reducir costos y servicios y no tener que depender del exterior. Y también habría que reconocer dos grandes debilidades a combatir: los egos y la corrupción.
–¿Qué tipos de embarcaciones podrían fabricarse en los astilleros argentinos?
–Portatadino: Un buque está compuesto por partes mecánicas, eléctricas, electrónicas, etcétera, etcétera. Cuando hablamos de construir hablamos de integrar diferentes actores (fábricas) que proveen diferentes equipos. Los astilleros construyen cascos y las superestructuras e instalan esos equipos. Ahí surge el primer engaño del exterior cuando nos hablan de un determinado buque de última generación. Lo primero que hay que determinar es qué partes implican esa ‘última generación’: ¿es el casco y sus materiales; la propulsión; la electrónica o qué? La segunda pregunta es ¿quiénes las fabrican y dónde? Y la tercera: ¿qué capacidades tenemos en Argentina para fabricarlas? Tenemos muy buenas capacidades en ingeniería, pero son constantemente despreciadas e ignoradas. La UTN, por ejemplo, ha ganado múltiples primeros premios internacionales en el prestigioso concurso de diseño de buques “Dr. James A. Lisnyk”, organizado por la SNAME (Society of Naval Architects and Marine Engineers) en Estados Unidos, entre ellos el diseño de un buque polar que tanto necesitamos. Para las necesidades mercantes y de nuestra Armada y Prefectura, podemos fabricar lo que se nos ocurra. Pero hay que cumplir con algunos factores fundamentales para recuperar el éxito de antaño: honestidad, el compromiso de los sectores sindicales y empresariales, financiamiento del Estado o bancos privados con recuperación del capital más los intereses no especulativos ni usurarios, articulación con las universidades, conciencia de la Armada y la Prefectura de recuperar nuestras capacidades nacionales para la defensa y valorar el trabajo en mesas redondas con las universidades para el desarrollo de nuevos proyectos.
-¿Cuáles son los principales problemas que impiden que los astilleros argentinos produzcan más?
–Portatadino: La falta de conocimiento de los políticos, que entran más por oportunismo que por amor a la patria y conocimientos. Ignoran cómo se fabrica un tornillo, así que ven un buque y se asustan. Basta escuchar los debates en el Senado y Diputados. Argentina, más que un análisis desde las ciencias políticas, necesita un diagnóstico desde la psiquiatría. Herramientas, tenemos; astilleros, tenemos; bancos para financiar, tenemos; técnicos y operarios calificados, tenemos; facultades con incumbencia, tenemos; escuelas técnicas, tenemos, y muy buenas.
–¿Y entonces qué nos falta?
–Portatadino: Y… honestidad, entrenamiento para el trabajo en equipo, y una gran reforma en los espacios políticos y judiciales que funcionan más parecido a la Tota y la Porota que a organismos destinados a llevar adelante un país y administrar justicia. Argentina es un cambalache con un idioma cocoliche, donde parece que muchos se miran el ombligo y qué currito pueden hacer.
–¿En qué condiciones se encuentran los principales astilleros públicos y privados del país, y qué inversiones necesitarían para modernizarse?
–Portatadino: La capacidad industrial pesada la tenemos. Solo faltarían nuevas herramientas, y equipos que terminan siendo un costo menor en relación a la capacidad ya instalada.
–¿Puede pensarse una industria naval nacional sin apoyo del Estado?
–Portatadino: No. Cuando más buques construimos y astilleros tuvimos fue gracias a acciones realizadas junto al Banco de Crédito Industrial y el Fondo Nacional de la Marina Mercante, creado para impulsar la industria naval y el transporte marítimo. Tenemos que recordar a dos personas claves en el desarrollo de la industria naval como los capitanes Enrique Ricardo Carranza y Hugo Guillamón, que marcaron un camino en lo constructivo y financiero. Ellos ayudaron a entender que si no existen políticas de Estado que impulsen esa industria, es muy difícil que pueda desarrollarse. Y así lo ven los países que cuentan con capacidades propias en sus astilleros y promociones de industria naval como Estados Unidos, Alemania, Noruega o Japón. No se entiende cómo este Gobierno en Argentina, destruye nuestras capacidades industriales privadas y capitales nacionales, cuando los países más liberales del mundo la protegen y promueven. Por eso creo que sus objetivos están completamente ajenos al desarrollo sostenible argentino y la promoción del capital propio e inversiones para un desarrollo industrial sostenible. Y mencioné cuatro países capitalistas, pero si hablamos de los comunistas, China y Vietnam también son verdaderas potencias y ejemplos con sus industriales navales.
–¿Qué políticas concretas deberían mantenerse durante los próximos diez años para que la industria naval vuelva a crecer, generar empleo y contribuya a la soberanía marítima y fluvial del país?
–Portatadino: Primero, eliminar definitivamente los “a mí me parece” y poner a trabajar a profesionales con conocimiento, antecedentes y honestidad para desarrollar políticas de Estado sostenibles que impulsen la soberanía nacional industrial. Esto debe incluir a los privados que también puedan elaborar directrices claras y eficientes para llevar adelante la reconstrucción del sector incluyendo puertos y vías navegables.
–¿En segundo lugar?
–Que el Congreso dictamine políticas de Estado que impulsen la promoción de la industria naval para la marina mercante y la defensa, y que no puedan ser removidas por decreto sino por una amplia mayoría parlamentaria. Tercero, realizar un primer Plan Naval Estratégico Quinquenal que se vaya autocorrigiendo con miras a reformularlo a través de los años acorde a nuevas tecnologías. En este plan resultarían muy enriquecedora la participación y aportes de los privados y el mundo académico.
–¿Cuarto punto?
–implementar líneas de financiamiento accesibles para privados y el Estado para cumplir con las metas asignadas y penas muy duras para quienes utilicen los recursos otorgados para fines ajenos a los mismos, o realicen una malversación de fondos. Para esto se requiere de un Poder Judicial integrado por jueces íntegros, probos, imparciales, expeditivos y eficientes en la administración de justicia.