El IPC dio un alza en julio del 2,1 por ciento. Eso indica que los precios mantienen subas a un ritmo estable, pero no se desaceleran. La estabilidad convive con disminuciones en los márgenes de rentabilidad para las empresas y un peso de los gastos básicos sobre los ingresos cada vez más pronunciados. La caída de esos ingresos se ve reflejada en el incremento de la mora.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio dio un alza mensual del 2,1 por ciento, que fue la misma suba de mayo, y un poco superior a la de junio, del 1,9. Eso indica que, por lo pronto, los precios mantienen subas a un ritmo estable, pero no se desaceleran.
Si bien en julio tuvieron incidencia factores estacionales, lo que parece probable es que se mantengan variaciones fluctuantes alrededor de este valor por unos meses. Eso se debe a que no se produjo ningún evento que modifique la dinámica de los precios.
Esta estabilidad convive con disminuciones en los márgenes de rentabilidad para las empresas y un peso de los gastos básicos sobre los ingresos cada vez más pronunciados. Por otro lado, los estudios sobre la mora en el endeudamiento comienzan a dar cuenta de la importancia que tiene la caída de los ingresos.
Compresión de los márgenes
Conviene recordar que, entre marzo y junio, los precios mayoristas, asociados a los costos de producción y reposición, tuvieron una variación de 10,4 puntos, frente a 12,6 del IPC. Eso indica que posiblemente que los precios minoristas no hayan absorbido plenamente los cambios en los costos, y las ventas se estén dando a pérdida, o con rebajas de precios, para contrarrestar la caída provocada por la merma en el poder de compra de los ingresos.
Lo anterior se corrobora con el hecho de que la categoría de Prendas de Vestir y Calzado tuvo una baja del 1,3. La caída de los precios en términos absolutos es indicio de que predominan las liquidaciones de stocks, preanunciando un ahondamiento en el estancamiento de la actividad económica.
Según la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas del rubro Textil e Indumentaria acumulan una baja en el año del 4,6 por ciento. La caída general contra julio de 2026 fue del 3,8 por ciento, y en el año se acumula un descenso del 2,7.
CAME atribuye la caída de las ventas en julio a dos factores. Por una parte, se observa que la pérdida del poder adquisitivo y el incremento del peso de las tarifas de servicios en invierno sobre el gasto de los hogares restringen el consumo a bienes básicos y fármacos recetados. Por otro lado, la saturación del endeudamiento limita las operaciones, condicionándolas con promociones y descuentos. El informe señala que, efectivamente, ante este panorama tiene lugar una compresión de los márgenes de rentabilidad.
El peso de la canasta
La Canasta Básica Alimentaria tuvo una suba del 2,6 por ciento en julio, el doble del 1,3 que alcanzó en junio. En eso influyen factores estacionales, pero no quita que el alza acumulada durante el año sea del 20,1 por ciento, y que las alzas de los meses próximos pueden ser inferiores, pero el impacto sobre los ingresos se mantiene.
Por otra parte, la Canasta Básica Total (CBT) repitió la suba mensual de 2,2 puntos. De acuerdo al cálculo del INDEC, el costo de la CBT para una familia de cuatro integrantes, con dos padres, un hijo de 6 años y una hija de 8, es de 1.564.716 pesos. Aún con el desfasaje y la heterogeneidad de los datos, se puede advertir la dificultad de las familias para afrontar esos gastos. El valor de la CBT mencionada se asemeja al de un ingreso completo de los escalafones bajos entre los asalariados formales. El cuál se amplió con este Gobierno, solamente por el ataque a los asalariados del sector público.
La mora evidencia el deterioro
Otro indicador de la degradación de los ingresos es la mora en el pago de la deuda personal. La Nación describe los resultados de un estudio elaborado en conjunto por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y la consultora EcoGo. En base a datos provenientes de la Central de Deudores del Banco Central, se constata que casi dos de cada tres nuevos morosos se atrasaron en los pagos sin que exista un aumento significativo de sus obligaciones. También el estudio señala que el pago de las deudas con entidades financieras asciende al 24% de la masa salarial. Si se sumaran gastos fijos, se llegaría a un peso del 50 por ciento de los ingresos de una familia tipo.
En términos similares, el informe de la semana económica del Banco Provincia que va del 20 al 24 de julio señala que 3 de los 4 millones de personas que entraron en situación irregular entre junio de 2024 y mayo de 2026 mantenían deudas desde hace dos años, pero se encontraban en situación de pago regular. De este grupo, un tercio entró en situación irregular sin crecimiento de su deuda, y 850 mil personas de las que entraron en situación irregular con crecimiento de deuda tuvieron un promedio inferior al total.
Esos hechos abonan la hipótesis que se sostiene en el informe, que es que el incremento en la mora no se explica por una expansión del endeudamiento en sí misma, sino por la baja de los ingresos. En todo caso, ese factor es el que explica la situación del grupo de los 1,2 millones que sí se volvieron incumplidores luego de incrementar significativamente su stock de deuda.