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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 141
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Organizar donde todavía no hay organización

POR

El desafío es formar cuadros y lazos de solidaridad.

La transformación del mundo del trabajo obliga al movimiento obrero a revisar sus formas de representación. La informalidad, la tercerización, la precarización, el trabajo por cuenta propia, la economía popular, el trabajo a domicilio y las plataformas modificaron las condiciones en las que millones de trabajadores producen, se relacionan y pueden organizarse. Martín Aguirre plantea que ya no alcanza con representar a quienes están organizados y aporta experiencias para la formación de nuevos cuadros.

Hay una transformación del mundo del trabajo que el movimiento obrero ya no puede seguir ignorando. La informalidad, la tercerización, la precarización, el trabajo por cuenta propia, la economía popular, el trabajo a domicilio y las plataformas están modificando las condiciones en las que millones de trabajadores producen, se relacionan y pueden organizarse.

Pero el problema no es simplemente que el trabajo se haya vuelto más fragmentado. Los intereses comunes siguen existiendo, pero los lazos de solidaridad ya no se construyen necesariamente donde históricamente aprendimos a buscarlos.

Un trabajador puede depender económicamente de una empresa sin ser reconocido como su empleado. Puede compartir condiciones de trabajo, tarifas, algoritmos o sistemas de evaluación con miles de personas sin compartir un establecimiento. Puede trabajar cotidianamente junto a otros trabajadores sin tener un jefe visible, una oficina común ni una estructura sindical que lo represente.

La pregunta, entonces, cambia. Ya no se trata solamente de ampliar la representación de quienes están organizados. Se trata de desarrollar la capacidad de organizar a quienes todavía no lo están. Haciendo click aquí puede descargarse completo un trabajo que resume experiencias argentinas, latinoamericanas e internacionales para ampliar la frontera organizativa del sindicalismo.

Del delegado al organizador

Durante buena parte del siglo XX, una trayectoria sindical posible podía pensarse así:

*Trabajadora o trabajador.
*Afiliada o afiliado.
*Delegada o delegado.
*Dirigente.

Era una secuencia posible porque existía una estructura previa: un establecimiento, un colectivo laboral identificable, un empleador y un sindicato. Pero en buena parte de las nuevas realidades laborales, esa estructura ya no está.

Por ello, sería necesario desarrollar otra capacidad: trabajadora o trabajador y organizador, núcleo, campaña, organización.

El organizador no reemplaza al delegado ni al dirigente. Cumple otra función: construir organización donde todavía no la hay. Escucha a sus compañeros, identifica problemas comunes, busca y reconoce liderazgos y construye confianza.

Convierte una demanda individual en una acción grupal y, a partir de esa experiencia, construye una organización capaz de sostenerse y reproducirse.

Esto implica también una nueva concepción en la formación sindical. No alcanza con formar dirigentes para administrar y representar organizaciones existentes. Sería necesario formar personas capaces de crear vínculos colectivos allí donde la fragmentación del trabajo, o del neoliberalismo, los ha debilitado.

Argentina no parte de cero

La Argentina ya tiene experiencias que muestran que es posible construir organización más allá del empleo asalariado registrado y del establecimiento tradicional.

La economía popular, las empresas recuperadas, las cooperativas, las organizaciones territoriales y las experiencias de trabajadores de plataformas evidencian que existen capacidades organizativas que pueden ser reconocidas, sistematizadas y proyectadas.

También muestran algo más: la movilización puede comenzar rápidamente. Construir organización que sobreviva al conflicto y sea capaz de reproducirse es mucho más difícil. A eso debemos prestarle atención.

Ese es el desafío: no se trata de transmitir conocimientos desde afuera de esas nuevas realidades del trabajo, sino de convertir la experiencia de organizar en una capacidad que pueda aprenderse, acompañarse, evaluarse y reproducirse.

Un centro de cuadros y organizadores

De ese desafío surge una apuesta concreta: desarrollar la formación de cuadros y organizadores. No como otra escuela sindical, ni como otro ciclo de cursos, ni como una instancia destinada exclusivamente a quienes ya ocupan cargos.

Se trata de construir una nueva corriente de formación permanente y federal para ampliar la capacidad del movimiento obrero: una escuela entendida no sólo como institución, sino como una práctica y una cultura de formación capaz de preparar trabajadores organizadores para actuar en sus propios lugares de trabajo, sectores, plataformas, cooperativas o territorios.

También debe formar personas que puedan incorporarse a campañas reales, acompañadas por sindicatos y cuadros experimentados.

La formación debe desarrollarse allí donde se produce la organización. En el terreno. No como aprendizaje teórico separado de la práctica, sino como un proceso de acompañamiento y reflexión sobre la experiencia concreta: aprender haciendo, evaluar lo realizado, corregir, volver a intentar y, finalmente, aprender a formar a otros.

Porque el objetivo no es producir egresados. El objetivo es producir y reproducir capacidad organizativa.

Una política de largo plazo

La construcción de esta capacidad no puede depender de cursos aislados ni de iniciativas circunstanciales. Necesita continuidad, método, acompañamiento, práctica real, formación de formadores y presencia territorial.

Necesita una política que permita que la experiencia acumulada por sindicatos, organizaciones de la economía popular, cooperativas y trabajadores que ya organizan se convierta en conocimiento compartido y capacidad colectiva de movilización.

La pregunta estratégica es: ¿vamos a seguir esperando que los trabajadores lleguen a las estructuras existentes o vamos a construir la capacidad de ir a organizarlos allí donde hoy están?

La nueva corriente de formación de cuadros y organizadores pretende ser una respuesta a esa pregunta. No para reemplazar las estructuras sindicales actuales, sino para ampliar su capacidad de construir organización.

Porque frente a la fragmentación del mundo del trabajo, organizar ya no puede ser solamente una consecuencia de tener una estructura. Tiene que convertirse en una capacidad consciente, sistemática y reproducible del movimiento sindical.

Cambió el trabajo. Cambió nuestro país. Para peor, encima. Y cambió la relación de fuerzas en desmedro de los intereses de las y los trabajadores. Entonces no podemos seguir formando y organizando como si nada hubiera cambiado.

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