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Bolivia tiene su Adorni

El ministro de Economía y Finanzas de Bolivia, José Gabriel Espinoza, compró un Audi último modelo. En la minuta firmada por el ministro como comprador y por un empresario constructor como vendedor figura un precio de 50 mil bolivianos, una cifra cercana a los 5 mil dólares. Espinoza sostiene que hubo un error en la escribanía y que en realidad pagó 350 mil bolivianos, unos 35 mil dólares. El vehículo cuesta alrededor de 60 mil dólares en la casa importadora. El problema no termina en el precio. Aparecen tres valores distintos para la misma operación, el Audi no figura en la Declaración Jurada de Bienes presentada posteriormente por Espinoza y tampoco está claro cómo se realizó el pago. Ahora se suma una casa de cuatro pisos que, según una investigación periodística, pertenecería al ministro y tampoco habría sido declarada.

Compró un auto último modelo marca Audi en 5 mil dólares. Y no hay que ser economista ni matemático para sospechar. En la minuta firmada por el ministro de Economía y Finanzas, José Gabriel Espinoza, como comprador y por el vendedor del vehículo, un empresario constructor, se dice que el precio acordado es de 50 mil bolivianos, una cifra cercana a los 5 mil dólares. Luego el ministro aclaró que hubo un error en la Notaría y que en realidad eran 350 mil bolivianos, algo así como 35 mil dólares. De todas maneras, es una cifra menor a los 60 mil dólares que cuesta en la casa importadora.

El dueño puede vender por el monto que quiera, con un solo pero: el municipio no permite pagar impuestos por menos de una tabla mínima. Por eso, aunque se presentó en la Alcaldía la minuta de compraventa por 50 mil bolivianos, el municipio cobró el Impuesto a las Transacciones Inmuebles sobre 232 mil bolivianos. Tres cifras diferentes: la que dice el documento oficial en Notaría, aquella sobre la que se pagaron impuestos en la Alcaldía y la que sostiene el ministro Espinoza que pagó.

El auto que no estaba

La cosa se agrava porque, aunque la minuta de compraventa es de abril, en junio de este año Espinoza presentó su Declaración Jurada de Bienes y, usted lo adivinó, el vehículo no se encuentra ahí. Y el caso se complica porque, más allá de los 50 mil bolivianos, uno está obligado a hacer las transacciones vía bancos o instituciones financieras. Y no hubo eso. No arregla mucho cuando el ministro dice que compró el carro con un préstamo. ¿Quién prestó y qué documentos tiene para que se compruebe eso?

Las posibles irregularidades señaladas en torno al caso van desde falsedad material y evasión impositiva hasta realizar una Declaración Jurada que no corresponde a la realidad. Y, como en el caso de Manuel Adorni, día que pasa la cosa se agrava, pues acaba de aparecer una casa de cuatro pisos, donde se encontró el carro en cuestión, de supuesta propiedad de Espinoza, según el periodista Junior Arias, quien sacó a la luz todo el escándalo. La propiedad tampoco figura en la citada Declaración. Lo que sí figura es que Espinoza declara tener un patrimonio de la irrisoria suma de 392 bolivianos, menos de 40 dólares. Una cifra ridícula para quien fue presidente del Banco Central durante el gobierno no constitucional de Jeanine Áñez.

El ministro tiene la palabra

El ministro ha salido a declarar. Dijo que el documento de compraventa es privado, agregó que en el fondo se trató de un error subsanable en el caso de los impuestos y que todo ha sido urdido para desprestigiar al Gobierno “por lo bien que lo estamos haciendo”. La última encuesta de Ipsos Mori, de agosto de 2026, dice que sólo el 32,2 por ciento de la población piensa que lo están haciendo bien.

Pero además Espinoza lanzó un comunicado en el que dice que el Estado debe tres millones de bolivianos a la empresa de Junior Arias por publicidad contratada por el anterior Gobierno y que serán muy celosos en la revisión y auditoría. Ha aclarado que no se trata de una represalia, sino de su obligación de realizar este tipo de investigaciones. La auditoría puede tardar meses, si no años. Y claro, Arias no verá un centavo de eso. Algunos periodistas contrarios a Arias han difundido la noticia.

El silencio de Paz

Mientras tanto, en muestra de apoyo al ministro, el presidente Paz guarda silencio. Los que no callan son los periodistas. Ahora incluso los de derecha y proclives al Gobierno dicen que Espinoza debe renunciar. Y es que hasta el Servicio Nacional de Impuestos depende de su cartera y, dicho suavemente, él debería dar el ejemplo.

Pero, como las desgracias no vienen solas, según decía mi abuela Roxana, se ha denunciado que el gerente general de la Caja Nacional de Salud, Walter Germán Hoyos, declaró tener 1.000 bolivianos en bienes, pero nueve meses después el diputado Rolando Pacheco mostró un extracto del Banco Unión que señala que Hoyos tiene en su cuenta bancaria 7.316.035 bolivianos. Es decir, un milagroso crecimiento a más de siete millones. Como vemos, la economía boliviana decrece, la de algunas altas autoridades no.

La plata y las internas

Todo pasará a investigaciones y puede o no que los implicados renuncien. Pero lo que preocupa más al Gobierno es la facilidad con la que se filtran informes de notarías o bancarios que debían ser privados. Preocupa porque se sabe que ésta es una jugada interna dentro del propio Ejecutivo.

Tal vez sea cierto nomás que dos cosas no se pueden ocultar: “la cara de boludos cuando nos enamoramos y la plata”.

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