A cincuenta años del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, obispo de la diócesis de La Rioja, hubo peregrinajes masivos, honras y ofrendas en Punta de los Llanos, en el sitio donde el prelado fuera víctima de un atentado fatal. Respondiendo a una amplia convocatoria del gobernador riojano Ricardo Quintela, concurrieron numerosos referentes justicialistas de todas las provincias. Quizás se hayan dado los primeros pasos para la unión necesaria. Que decían el propio Angelelli y Juan Perón.
El 4 de agosto de 1976 fue asesinado por la dictadura cívico-militar el obispo de la diócesis de La Rioja monseñor Enrique Angelelli, en Punta de los Llanos. Se cumplieron cincuenta años del hecho, un accidente automovilístico simulado en el cual también resultó gravemente herido el sacerdote Arturo Pinto. Unos días antes del luctuoso episodio habían sido asesinados el cura francés Gabriel Longueville, el sacerdote franciscano Carlos de Dios Murias, y el laico Wenceslao Pedernera. Llevaba Angelelli consigo varias carpetas con información sobre esos crímenes, pero los autores del atentado las hicieron desaparecer.
La Justicia dilucidó recién en 2014 la verdad y logró identificar a los responsables de aquel presunto accidente, condenando a perpetua a quienes fueran por entonces jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y el vicecomodoro Luis Fernando Estrella. Por su parte Angelelli, Longueville, Dios Murias y Pedernera, reconocidos popularmente como los “mártires de La Rioja”, merecieron la consagración eclesial por su “martirio en orden de la fe” y fueron beatificados a fines de abril de 2019 por el papa Francisco.
Peronistas en Punta de los Llanos
La conmemoración principal, debido al arribo de peregrinos y delegaciones de distintas provincias, se trasladó del 4 de agosto al sábado 1º, con una misa al promediar la mañana y un acto a la tarde, en el sitio donde fue asesinado Angelelli. El martes 4 tuvo lugar, como todos los años, la gran marcha que finalizó con una celebración en la Catedral de La Rioja.
Se trató de mantener el eje del evento, esto es, su carácter religioso e institucional, pero como el organizador y anfitrión Ricardo Quintela es además gobernador de la Provincia y presidente del PJ riojano, y se dio la concurrencia de numerosos referentes nacionales, quedó abierto un espacio para importantes encuentros políticos.
Invitados por Quintela, el diputado nacional Máximo Kirchner y el senador nacional Eduardo “Wado” de Pedro visitaron una empresa en el Parque Industrial y luego participaron de un acto con la militancia donde abundaron –como a lo largo de toda la jornada– mensajes de unidad y defensa de la titular del PJ a nivel nacional, Cristina Fernández de Kirchner. El encuentro con dirigentes, intendentes, legisladores, referentes sindicales y militantes fue en Fundava, Fundación Vamos a Andar, una organización social y comunitaria con sede en la ciudad de La Rioja, presidida por la diputada nacional Hilda “Beba” Aguirre de Soria. Los concurrentes analizaron la coyuntura que atraviesa el país y la situación del peronismo, destacando la necesidad de reconstruirlo como una alternativa política viable frente al gobierno de Milei.
Por la noche hubo un locro popular que reunió a centenares de militantes y dirigentes del PJ riojano, y sirvió para que el gobernador Quintela convocara nuevamente a emular el legado de monseñor Angelelli, quien interpeló en su momento, dijo, no sólo a la Iglesia sino también a la política. De tal modo Quintela expresó la intención de que su provincia fuera uno de los principales puntos de encuentro donde trabajar la reorganización del peronismo de cara al escenario político nacional.
Pasaron por La Rioja, entre varios referentes, Cristina Álvarez Rodríguez, Jefa de Asesores del gobernador Axel Kicillof, el peronista histórico y diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires Jorge Taiana, el diputado nacional y presidente del bloque de Unión por la Patria Germán Martínez, la diputada nacional por Corrientes Nancy Sand, el diputado nacional y secretario general de La Bancaria Sergio Palazzo y el diputado nacional y líder de La Cámpora Máximo Kirchner.
En representación del Frente Renovador estuvieron la diputada nacional Cecilia Moreau y el diputado nacional y presidente del partido, Diego Giuliano. También se dieron cita varios kirchneristas, desde Juliana Di Tullio y Mayra Mendoza, hasta Horacio Pietragalla, Paula Penacca, Gabriela Estévez y Lucía Cámpora. Y fueron de la partida la diputada nacional por Entre Ríos Blanca Osuna, el diputado nacional por Mendoza, Martín Aveiro el diputado nacional por San Juan, Jorge Chica y el diputado nacional por Santa Cruz sacerdote Juan Carlos Molina.
Angelelli: mandato de unidad
Una de las recomendaciones más conocidas del obispo riojano muerto por la dictadura –y una de las más repetidas durante el homenaje– dice que se debe mantener un oído en el Evangelio y otro en el pueblo. Por lo tanto sería fácilmente inteligible, según el diputado nacional Germán Martínez, que el pueblo peronista “está pidiendo unidad, y nosotros tenemos que recrearla”.
Por su parte Molina sostuvo que Angelelli, simbólicamente considerado, va más allá del ámbito religioso y adquiere entidad como referencia política. Para Molina la palabra de monseñor Angelelli no fue dirigida sólo a la Iglesia, a los cristianos, porque mediante la incursión en la política desplegó una fuerte vocación universal (como si la política devolviera su esencia al cristianismo, dicho sea de paso). Y más aún: recordó que el papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas recogió esa posición de Angelelli junto a la del salvadoreño monseñor Óscar Romero, animadores de la opción preferencial por los pobres de la Doctrina Social de la Iglesia, y muertos ambos en defensa de los derechos humanos y la justicia.
Para el legislador, además, hacen a la visión política de Angelelli la fraternidad, lo colectivo, la mirada en el otro, esto es, el ideario diametralmente opuesto al modelo de crueldad que impera hoy en la Argentina, al “modelo de descarte, como decía Francisco”. En conclusión, es hora de “llevar a Angelelli a todos lados, sobre todo al Congreso, a la política y a los barrios, es muy importante.”
Las personas concretas
En el paraje Punta de los Llanos (El Pastor, departamento Chamical), donde fue asesinado monseñor Angelelli por la dictadura cívico-militar, el actual arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, presidió la misa concelebrada junto al obispo diocesano Dante Braida. Ante una multitud de peregrinos pronunció la homilía principal, se refirió a la trayectoria y el martirio de Enrique Angelelli, y en un pasaje incluyó palabras de la primera Encíclica de León XIV.
Aludiendo al compromiso que debería honrar la política en general con su comunidad, monseñor Colombo leyó el Párrafo 58 del Capítulo II de Magnifica Humanitas: “Son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias. Los movimientos sociales, las grandes proclamas políticas en favor del pueblo y las ideologías comunitarias no sirven para nada si no están orientadas a la promoción de las personas –hombres y mujeres– con sus derechos inalienables. Del mismo modo, no basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales.”
Estas palabras absolutamente posconciliares, pronunciadas no sólo para un muy nutrido contingente de peregrinos sino también para importantes animadores políticos del campo nacional, hubieran entrado en sencilla consonancia con otras que incluyó León XIV en la Conclusión de su primera encíclica. En efecto, allí reprodujo otro versículo de san Pablo(1 Corintios 3:10) donde exhorta a los cristianos de esa importante ciudad colonial romana a custodiar la unidad: “Cada cual se fije bien de qué manera construye.” Varían las traducciones, pero no la idea. El versículo completo y el que le sigue (1 Corintios3:11), dicen: “Según la gracia de Dios que me fue dada, yo como perito arquitecto puse los cimientos, otro edifica encima. Cada cual se fije bien de qué manera construye, que en cuanto al fundamento, nadie puede poner otro sino el que está puesto, que es Jesucristo.” Así que de igual manera que san Pablo exhortaba a las comunidades cristianas primitivas a proteger los fundamentos de la unidad y de la fe, León XIV instó a los fieles a que impidan que las nuevas tecnologías, especialmente la IA, aumenten las desigualdades o deshumanicen a las personas, y también a que se comprometan a edificar sobre los valores de la justicia social y el bien común.
El Apóstol Pablo de Tarso metaforizó a la iglesia y la planteó como una edificación en progreso, requirente del concurso de un perito arquitecto que aportara los cimientos o su fundamento espiritual, y los continuadores del trabajo doctrinal y pastoral sobre la base ya establecida. Los estudiosos de estos temas asociaron las prédicas apostólicas del cristianismo primitivo y la estructura de los movimientos de masas modernos, e investigaron en tal sentido al peronismo en Argentina, estableciendo algunos puntos de contacto.
En La Comunidad Organizada (1949) Perón pareció inspirado en la idea de san Pablo desplegada en varias epístolas (especialmente en 1 Corintios 12) sobre el Cuerpo Místico, tributaria a su vez de la concepción organicista de la sociedad propia de gran parte de la cultura grecorromana. En el “Cuerpo Místico” cada bautizado es un “miembro” con una función diferenciada (mano, pie, ojo), pero todos necesarios para que funcione armónicamente la totalidad.
Además Perón planteó la necesidad de superar la marginación, el aislamiento y la desintegración derivados del individualismo capitalista o del colectivismo estatista mediante la organización social, esto es, mediante sindicatos, asociaciones profesionales, cooperativas y corporaciones intermedias, el Estado y la sociedad civil, de manera que se garantice la integración del individuo y la superación de su eventual aislamiento. De ahí la conclusión más importante de la obra: “Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”. Y por añadidura, como si de un contrapunto con Gálatas 3:28 se tratara (“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”), la Comunidad Organizada implica que ningún sector del Pueblo anula en ella a los demás, y todos convergen en el bien común.
En el libro Conducción Política (1951) Juan Domingo Perón se refirió napoleónicamente, entre numerosos temas, a una suerte de “arte fácil y todo de ejecución”. Desde su perspectiva, identificó a quienes ejercen dicho arte y conducen, a quienes colaboran con ellos, y a la masa organizada. También abordó la necesidad de inculcar la doctrina formadora de cuadros y apóstoles del Movimiento, derivando también la distinción entre el predicador y el realizador, aspecto que numerosos estudiosos emparentaron con la estructura paulina de la Iglesia primitiva. Escribió Perón una sentencia célebre: “Todos los movimientos de acción colectiva, si necesitan de realizadores, necesitan también de predicadores. El realizador es un hombre que hace sin mirar al lado y sin mirar atrás. El predicador es el hombre que persuade para que todos hagamos, simultáneamente, lo que tenemos que hacer.”
En definitiva, y para concluir con este más que sintético recorrido por conceptos desbordantes de historia, corresponde señalar que en el homenaje a monseñor Angelelli apareció una y otra vez el deseo y la necesidad de lograr la unidad para el campo nacional. Perón dijo al respecto que sin ella no es posible la conducción política, y sin conducción política es imposible que subsista cualquier movimiento o nación. La unidad habilita que se concentren las fuerzas para que adquieran eficacia, habida cuenta de que fragmentadas se anulan entre sí. Y también requiere erradicar el sectarismo, el personalismo y la ambición individual excesiva.
Fueron muchos los tópicos principales que expresó en Conducción Política, libro que contiene las clases magistrales que dictó Perón en la Escuela Superior Peronista en 1951. También abordó la cuestión de la unidad desde otras perspectivas, y se refirió entonces a la unidad de concepción y la unidad de acción; a la unidad basada en la persuasión y no en la imposición; y a nivel institucional a la unidad nacional y la superación de las fracturas.
Quienes viajaron a La Rioja para participar del homenaje a monseñor Enrique Angelelli por haberse cumplido medio siglo desde su asesinato son conscientes de que el movimiento nacional está en crisis, y que la falta de unidad sirve a las políticas que despliegan los libertarios sin miramientos ni contemplaciones. Y son conscientes, además, de que resulta imprescindible que cada cual se fije bien de qué manera construye la unidad para que el futuro no se vuelva todo negro y se convierta solamente en urgencias sin respuestas.