Del 16 al 20 de noviembre se realizará la primera Semana de las Tecnologías Convenientes. Científicos, trabajadores, empresarios, académicos y dirigentes políticos debatirán cómo orientar la innovación hacia el desarrollo nacional y el bienestar social. La propuesta busca construir un Modelo Argentino para la Gestión Tecnológica. La iniciativa es impulsada por la Misión Tecnología Conveniente con el apoyo técnico de Infoworkers, que preside Jorge Zaccagnini.
Cinco claves:
- La tecnología no es inevitable ni neutral: su desarrollo responde a decisiones económicas, sociales y políticas.
- Una innovación es conveniente cuando contribuye al bienestar colectivo, más allá de su sofisticación o rentabilidad.
- La Argentina necesita participar en las decisiones tecnológicas globales y desarrollar capacidades propias.
- La inteligencia artificial y la automatización deben mejorar las condiciones laborales y distribuir las ganancias de productividad.
- La Semana busca elaborar un Modelo Argentino para la Gestión Tecnológica con participación de científicos, trabajadores, empresas y universidades.
Nos hemos acostumbrado a hablar del futuro tecnológico como si fuera inevitable. Incluso cuando sus proyecciones resultan inquietantes, buena parte de nuestras preocupaciones se concentran en cómo adaptarnos a los cambios que vendrán. Nos preguntamos qué empleos desaparecerán, qué capacidades deberemos adquirir o cómo tendremos que reorganizar nuestras vidas frente a transformaciones que parecen decididas de antemano.
La idea de Tecnología Conveniente nos acerca otras preguntas, posiblemente menos cómodas y cuyas respuestas no siempre conducen por los caminos más fáciles: ¿para qué desarrollamos tecnología?, ¿quién decide hacia dónde orientar sus avances?, ¿qué clase de sociedad estamos contribuyendo a construir?, entre otras.
La Tecnología Conveniente no niega el progreso tecnológico ni pretende resistir a las transformaciones. Por el contrario, busca acompañar los procesos significativos recordando que el futuro tecnológico —al menos por ahora— es también el resultado de decisiones humanas, y que esas decisiones deberían estar orientadas por algo más que la eficiencia, la rentabilidad y la capacidad de adaptación.
En definitiva, se trata de preguntarnos cómo poner el extraordinario potencial del conocimiento al servicio de la humanidad que todavía conservamos los humanos, incluso cuando algunas manifestaciones de nuestro tiempo parecen poner en duda su existencia.
Desde esa perspectiva, del 16 al 20 de noviembre de este año se realizará la primera edición de la Semana de las Tecnologías Convenientes, una iniciativa impulsada por la Misión Tecnología Conveniente, con el apoyo técnico de Infoworkers, que propone reunir experiencias, conocimientos y, sobre todo, propuestas para discutir el futuro tecnológico del país.
Su objetivo principal es contribuir a la construcción de un Modelo Argentino para la Gestión Tecnológica, capaz de orientar la innovación hacia el desarrollo nacional, el bienestar social y el bienestar de las personas.
¿Qué hace que una tecnología sea conveniente?
El concepto de Tecnología Conveniente tiene una trayectoria de más de dos décadas en la Argentina. Su principal impulsor fue el ingeniero Edgardo Galli, cuyo pensamiento encontró un espacio de desarrollo en el movimiento obrero y se mantuvo vigente a través del trabajo de Infoworkers, hasta dar origen a la Misión Tecnología Conveniente.
Su planteo parte de una distinción fundamental: una tecnología no es conveniente simplemente porque sea nueva, sofisticada, eficiente o rentable. Es conveniente cuando su desarrollo y utilización contribuyen al bienestar de las personas y de la sociedad.
Desde una perspectiva humanocéntrica, el cuidado de nuestra casa común no constituye una preocupación escindida del bienestar humano. Preservar el ambiente también es una forma de cuidar a la humanidad, incluidas las generaciones que aún no han nacido. La conveniencia de una tecnología debe considerar, por lo tanto, no solamente sus beneficios inmediatos, sino también sus consecuencias en el muy largo plazo. Se trata de asegurar que el progreso tecnológico contribuya a preservar las condiciones que hacen posible la vida humana en nuestro planeta, sin resignarnos a la idea de que algún día tendremos que buscar un nuevo hogar en la Luna.
Una tecnología de frontera puede ser conveniente, pero también puede serlo una mejora en un sistema de riego, una técnica de soldadura que reduzca riesgos laborales o una innovación que permita producir mejor sin deteriorar las condiciones de trabajo. La conveniencia no depende, entonces, de la complejidad del dispositivo ni del prestigio de la innovación, sino de su orientación y consecuencias.
Esta perspectiva introduce una dimensión frecuentemente relegada en las discusiones sobre competitividad y modernización: la responsabilidad de decidir qué tecnologías desarrollar, cuáles incorporar, bajo qué condiciones y con qué objetivos sociales.
Las decisiones tecnológicas comienzan mucho antes de que una máquina llegue a una fábrica o de que una aplicación se instale en tu celular. Antes de eso, en laboratorios, universidades, empresas, organismos públicos, etcétera, se definen prioridades que condicionarán la producción, el empleo y la vida cotidiana. Discutir la tecnología conveniente significa, sobre todo, intervenir en esas decisiones.
Cinco días para discutir el desarrollo tecnológico
La Semana estará organizada alrededor de cinco ejes centrales que, lejos de constituir asuntos independientes, expresan distintas dimensiones de una misma preocupación: cómo lograr que el desarrollo tecnológico contribuya efectivamente al bienestar de la sociedad.
1. Gobernanza global
Una cuestión cada vez más relevante en un mundo donde buena parte de las decisiones tecnológicas se concentran en un número reducido de países, de corporaciones e incluso de personas. La participación de la Argentina y América Latina en la definición de estándares, regulaciones y prioridades internacionales será uno de los temas de discusión, junto con las posibilidades de fortalecer la cooperación regional y construir capacidades propias.
2. Justa distribución de la riqueza
La innovación tecnológica incrementa la productividad y puede generar enormes beneficios económicos. ENORMES. Pero esos resultados no necesariamente se distribuyen de manera equitativa. El desafío consiste en encontrar mecanismos para que los avances tecnológicos se traduzcan en mejores ingresos, oportunidades y condiciones de vida para el conjunto de la población.
3. Calidad de vida
La discusión estará orientada a las posibilidades de utilizar el conocimiento y la innovación para resolver problemas concretos de la vida cotidiana, ampliar derechos y mejorar el bienestar de las personas. Desde esta perspectiva, el valor de una tecnología no reside únicamente en lo que permite hacer, sino también en las necesidades a las que responde y en las posibilidades reales de acceder a sus beneficios.
4. Cuidado de nuestra casa común
La relación entre tecnología y ambiente plantea desafíos que requieren innovación, pero también una reflexión sobre los modelos de desarrollo que esa innovación promueve. No alcanza con producir de manera más eficiente si los resultados continúan comprometiendo las condiciones ambientales de las que depende nuestra existencia.
5. Trabajo digno
La tensión entre el trabajo del futuro y el futuro del trabajo es uno de los interrogantes más grandes de nuestro tiempo. La expansión de la inteligencia artificial y la automatización obliga a revisar la relación entre productividad, empleo, formación profesional y derechos laborales. La cuestión no es solamente cuántas tareas podrán realizar las máquinas, sino cómo aprovechar esas capacidades para mejorar las condiciones de trabajo, ampliar las oportunidades y distribuir los beneficios del progreso tecnológico.
La mirada integrada de estos cinco ejes es fundamental. Después de todo, una innovación que mejora la productividad también puede afectar el empleo, modificar la distribución del ingreso y transformar las condiciones de vida. La conveniencia de una tecnología exige considerar esas relaciones y no solamente sus resultados inmediatos.
Una conversación entre mundos que necesitan encontrarse
Uno de los aspectos distintivos de la Semana será la diversidad de voces convocadas. La propuesta busca superar las discusiones tecnológicas encerradas en ámbitos exclusivamente especializados y promover un diálogo entre quienes investigan, producen, enseñan, trabajan, gestionan y toman decisiones públicas.
Entre los participantes anunciados se encuentran Diego Álvarez Newman, Mónica Amaré, Martha Arriola, Jorge Calzoni, Guillermo Carmona, Rosana Casais (Brasil), Carlos Castillo, Carlos Fara, Daniel Filmus, Susana Finquelievich, Agustino Fontevecchia, Florencia Gómez, Martín Granovsky, Hugo Guerrieri, Raúl Kalinsky, Mario José Krieger, Christian Módolo, Juan José Negroni (Chile), Baltazar Ojea, Raquel «Kelly» Olmos, Juan Martín Paleo, Fernando Peirano, Walter Romero, Delfina Rossi, Sergio Rossi, Jonathan Taplin (Estados Unidos), Adão Villaverde (Brasil) y Jorge Zaccagnini, entre otros especialistas y protagonistas de las distintas actividades.
La presencia de participantes internacionales permitirá incorporar experiencias y perspectivas de otros países, especialmente de América Latina, en un momento en que la cooperación regional resulta fundamental para ampliar las capacidades tecnológicas propias.
De la reflexión a las propuestas
El propósito de la Semana no descansa solamente en la reflexión, sino que busca reunir experiencias, identificar desafíos compartidos y formular propuestas que contribuyan a la construcción de un Modelo Argentino para la Gestión Tecnológica.
Universidades, organizaciones sociales, empresas, sindicatos y organismos públicos están convocados a sumar sus propias actividades. Los aportes serán recuperados en un encuentro plenario posterior, con la intención de construir una agenda de trabajo que trascienda las jornadas de noviembre.
La iniciativa parte de una convicción: incorporar tecnologías avanzadas no garantiza, por sí mismo, un mayor desarrollo ni una sociedad más justa. El desafío consiste en decidir qué tecnologías necesitamos, para qué las queremos y cómo lograr que sus beneficios alcancen al conjunto de la población.
La Semana propone recuperar la capacidad de pensar colectivamente el futuro y poner el conocimiento al servicio de un propósito compartido: reconstruir un país en el que está todo por hacerse.
Consultor internacional. Co-fundador de la Unión de Responsabilidad Social Universitaria Latinoamericana (unionursula.org). Fue Asesor del Secretario General de la Organización de Cooperación del Sur (osc.int). Fue Director de Responsabilidad Social de la Universidad Tecnológica Nacional.