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Espíritu volador

Espíritu volador

Episodio XLV

¿Se reían de mí? ¿Me decían optimista? Aproveché estas fechas de Halloween e invoqué al espíritu de Diego Armando. Él siempre viene cuando lo llamo. Ayer lunes me senté, puse el video en el que se lo ve entre la gente diciendo: “¡Hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados!” y lo llamé. Es muy raro que yo haga invocaciones un lunes, pero ver a la humanidad tan extraviada me ha extraviado a mí de horarios y rutinas y por eso lo invoqué.

Era Doña Gregoria la vecina del piso de arriba. Fue a tocarles el timbre a nuestros amigos. Estaban todos: Stella, Giselle, Federico, Natalia, Romina, y, no por casualidad, Ricardo el arquitecto demoledor y su musa, la jueza Capuchetti. Eran las doce de la noche mientras brindaban con una gran cava catalana aportada por Federico, generoso divulgador de la más sofisticada cultura etílica. Bebían y festejaban la derrota, o, más bien, el triunfo de la cordura en el gran país de los intoxicados.

-Pase, Doña Gregoria, únase a nosotros.-Stella jamás abandonaba su rol de anfitriona.- Venga, que le agregamos una copa.

-Quería darles una de las razones de este triunfo popular. Porque acá no todo se debe a campañas de redes, asesores, consultores, manifestaciones callejeras, timbreos, operadores de medios, trolls…

-Cuente, doña.-Ricardo se puso impaciente.

-Lo invoqué después de verlo en el video y le dije: “Corré, gordo mío, corré como en el ’86. Y si estás un poco cansado, bueno, corré como en el ’87 cuando ganaste el primer Scudetto. Andá, cruzá el Ecuador y no pares. Seguí, seguí hasta el norte. Vas a ver una península muy solariega. Entrá. A la visa que te negaron, no la necesitás. Vos entrá. Penetrá los inconscientes. Penetrá esos cráneos llenos de gusanos. Vas a encontrar gentes buenas y gentes malas, ridículas, con nombres en inglés mal combinados con apellidos españoles. Entrales. Después seguí hacia el norte. Vas a volar por Georgia, por las Carolinas, Virginia, Tennessee. Seguí, campeón, seguí, metete en el centro, penetrá esos baleros rubios, metete en Kansas. Quizá tengas que usar hachas porque son cráneos de granjeros, duros como piedras, pero vos podés penetrarlo todo; nosotros, desde el cono sur te alentamos; entrale a los inconscientes, mandate a Nebraska, a Illinois, a Filadelphia. Ahí vas a ver gente durmiendo al ras de los cordones de la vereda o pendulando en la mitad de la calle. Gente zombie caminando lenta, agachada; madres con cochecitos durmiendo arriba de una montaña de basura inorgánica, de material de packaging, seres humanos abombados por el fentanilo y por esas drogas raras de este capitalismo depravado. Vos seguí, penetrá esos inconscientes agredidos y mandalos a votar. Después seguí, metete en esos casoplones semirurales de gente vacua; metete en las cabezas de los camioneros a los que no les alcanza para pagar la nafta, que no se queden refunfuñando y que vayan a votar. Metete sin miedo en los que viven en carpas, en esas villas miserias tan prolijas y llenas de religión, metete en las cabezas religiosas, a esas entrales sin asco. Y metete en las pobres gentes que viven adentro de los autos y en los que están escondiéndose del ice, a esos penetrales bien, sacales el miedo a votar, o que voten por mail. Y, por favor, entrá en los inconscientes de los empleados de los ricachones de Silicón Valey, y en el inconsciente de los mismos ricachones también, porque son tan mezquinos que hasta se pelean entre ellos y necesitan de tu buena sensibilidad, Dieguito mío.”

Giselle se mandó unos frutos secos, bebió otro sorbo para desinhibirse y preguntó:

-¿En serio, Doña Gregoria? ¿Usted habla así con el Diego? ¿Usted dice que lo mandó a penetrar los inconscientes de los estadounidenses? Disculpemé, pero eso no tiene comprobación científica…

-Sí que la tiene. Ya ve usted los resultados. El espíritu maradoniano lo puede todo. Es cuestión de conducirlo, nada más.

-Sí, vecina. Usted tiene razón. –Stella le sirvió más champagne.-Venga más seguido a esta casa. Y, por favor, compórtese igual para el 2027. Haga lo mismo.

– No, para el 2027, no. Prometí al espíritu hacerlo descansar un mes. Espero despertarlo para diciembre. Que recorra la Argentina desde Ushuaia a La Quiaca, a ver si nos saca a nosotros del extravío.

-Así será.

Se quedaron brindando y bebiendo hasta el amanecer.

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