Las grandes superficies de indumentaria económica ganan espacio en zonas comerciales estratégicas, favorecidas por consumidores que priorizan el precio, una mayor competencia importada y las economías de escala. El fenómeno convive con una realidad mucho menos favorable para la industria: la producción argentina de ropa, cuero y calzado cayó 14,7% interanual en mayo, el número de locales textiles se redujo y más de la mitad de la capacidad fabril del sector permanece sin utilizar.
Algunas claves permiten comprender el nuevo fenómeno:
*La indumentaria, los textiles y el calzado representan 29,4% de los locales ocupados en los principales corredores porteños, pero el rubro perdió 217 establecimientos en un año.
*El 10% de los locales relevados en CABA estaba desocupado: 1.291 sobre un total de 12.896. La vacancia era de 8,4% un año atrás.
*La peatonal Florida registró 13,2% de desocupación, mientras el eje Avellaneda alcanzó 94,6% de ocupación.
*La producción nacional de prendas, cuero y calzado cayó 14,7% interanual en mayo de 2026 y acumuló una baja de 15,3% en los primeros cinco meses del año.
*El calzado fue el segmento más golpeado, con una caída de 29,5%, seguido por el cuero, con 10,9%, y las prendas de vestir, con 10,3%.
*Las fábricas textiles utilizaron solamente 42,2% de su capacidad instalada, frente al 47,4% del mismo mes de 2025.
La irrupción de las grandes tiendas de ropa económica es uno de los cambios más visibles del comercio argentino. Estos establecimientos reúnen en una misma superficie prendas para mujeres, hombres y niños, accesorios y, en algunos casos, productos para el hogar.
Su presencia resulta especialmente notoria cuando ocupan edificios emblemáticos o locales de gran tamaño, como el formato Indian Market instalado en Florida y Perón y también sobre la avenida Rivadavia en el barrio de Caballito entre las estaciones Acoyte y Primera Junta del subte de la línea A.
Sin embargo, la sensación de expansión no significa que haya más negocios de indumentaria en términos absolutos: lo que se observa es una mayor concentración de la oferta en operadores capaces de manejar grandes volúmenes, renovar rápidamente el surtido y sostener precios agresivos.
El fenómeno responde, en primer lugar, a un consumidor que compara precios, posterga compras y busca promociones, prendas básicas y oportunidades concretas. Las megatiendas pueden negociar cantidades mayores, distribuir sus costos entre varias sucursales, trabajar con marcas propias y combinar proveedores nacionales e importados.
A esas ventajas se suma la reducción de los aranceles aprobada en marzo de 2025: las alícuotas para ropa y calzado bajaron de 35% a 20%; las de telas, de 26% a 18%; y las de distintos hilados pasaron de 18% a niveles de 12%, 14% y 16%. La medida no explica por sí sola el auge del formato económico, pero amplió la competencia y facilitó el ingreso de productos terminados e insumos textiles.
El avance de las grandes tiendas convive con un aumento de las persianas bajas. Durante el primer cuatrimestre de 2026, el Gobierno porteño relevó 12.896 establecimientos en 48 ejes comerciales: 11.605 estaban ocupados y 1.291 desocupados, equivalentes al 10% del total. La tasa de ocupación cayó de 91,6% a 90% en un año y se contabilizaron 198 locales sin actividad adicionales.
La peatonal Florida presentó una vacancia de 13,2%, por encima del promedio de la ciudad, mientras que la avenida Avellaneda en el barrio de Flores mantuvo 94,6% de ocupación. La diferencia refleja dos modelos: Florida depende en mayor medida de oficinas, turismo, servicios y grandes marcas; Avellaneda funciona como un polo textil especializado, mayorista y minorista, con compradores de todo el país y una competencia centrada en el precio.
Los testimonios de quienes trabajan detrás de los mostradores muestran dos variantes de una misma crisis. En avenida Avellaneda, los comerciantes describen menos compradores mayoristas, galerías con puestos vacíos, costos difíciles de sostener y una creciente migración hacia la venta por internet.
En Florida, en cambio, el deterioro está estrechamente relacionado con la menor llegada de turistas compradores, el trabajo remoto en las oficinas del Microcentro y la concentración del público en unas pocas megatiendas de bajo costo. Ambos corredores responden con liquidaciones, venta digital y precios más agresivos, pero los comerciantes advierten que esas estrategias no siempre alcanzan para compensar la pérdida de clientes y el peso de los gastos fijos.
Elisa, es comerciante y propietaria de un local en Avellaneda 2771 y explicó que su comercio funciona desde 2011 y que, pese a no tener que afrontar un alquiler, la caída de las ventas y los costos operativos pusieron al negocio en una situación límite:
“Hoy no puedo ni pagar la luz”, confiesa la mujer que también mencionó el peso de los impuestos y las dificultades para sostener el establecimiento aun siendo propietaria del inmueble. Su caso permite mostrar que la crisis no afecta solamente a quienes alquilan: también alcanza a negocios consolidados que deben cubrir servicios, salarios, impuestos y reposición de mercadería.
El testimonio refleja una de las principales transformaciones de Avellaneda: las veredas pueden conservar cierto movimiento, pero dentro de algunas galerías la circulación y la conversión efectiva en ventas son muy inferiores a las de otros años.
La indumentaria continúa siendo el principal rubro del mapa comercial porteño, pero también el que más establecimientos perdió. En 2025 había 3.634 locales vinculados con ropa, textiles y calzado en los ejes comparables; en 2026 quedaron 3.417, una reducción de 217 unidades, cercana al 6%.
Pese a esa caída, todavía concentran 29,4% de todos los comercios ocupados. La aparente contradicción se explica porque unas pocas aperturas de miles de metros cuadrados pueden generar más visibilidad que el cierre silencioso de decenas de boutiques, negocios multimarca y pequeños locales barriales.
Tampoco debe confundirse bajo precio con falsificación: no existe una estadística oficial que identifique qué porcentaje de las tiendas es “low cost” (bajo costo) o comercializa imitaciones, ya que el relevamiento porteño clasifica los establecimientos por actividad, no por precios, procedencia o autenticidad de la mercadería.
María Lago, trabajadora de ML Lencería, en la Galería Nazca y describió una fuerte reducción del movimiento dentro de las galerías del polo textil y señaló que numerosos puestos quedaron vacíos porque sus ocupantes no lograron sostener los gastos. Su frase resume el bajo nivel de actividad presencial: “Hay días en que estoy de 9 a 2 de la tarde y hago dos ventas nada más”
El contraste más fuerte aparece al observar la producción nacional. Según el último Índice de Producción Industrial Manufacturero del INDEC, en mayo de 2026 el bloque de prendas de vestir, cuero y calzado cayó 14,7% frente al mismo mes del año anterior, casi tres veces más que la contracción de 5,7% de toda la industria.
Rafael Fajenblat, vicepresidente de la Asociación de Amigos de Calle Florida y comerciante de la zona desde hace más de tres décadas, afirmó en junio pasado: “Las ventas cayeron entre un 30% y 40% respecto de años anteriores”.
“Para atraer a un cliente no basta con tener lindos modelos; es necesario tener ofertas imbatibles y comunicarlo con grandes carteles”, confiesa Carlos, otro vendedor con experiencia de la calle Florida.
Su testimonio describe una estrategia que continúa visible en Florida: liquidaciones permanentes, mesas de saldos, grandes anuncios de descuento y precios bajos para captar a las personas que visitan las nuevas megatiendas, pero desisten de comprar por las filas o buscan comparar valores.
La fabricación de ropa retrocedió 10,3% interanual y acumuló una baja de 12% entre enero y mayo; el curtido y los artículos de cuero disminuyeron 10,9% en el mes y 13,6% en el acumulado; y el calzado sufrió el deterioro más profundo, con caídas de 29,5% y 25,2%, respectivamente.
De los 14,7 puntos de incidencia negativa del bloque, las prendas explicaron 7,3 puntos, el calzado 6,7 y el cuero 0,7. Al distribuir proporcionalmente esas incidencias, la ropa representa 49,7% de la contracción, el calzado 45,6% y el cuero 4,8%.
La crisis comienza incluso antes de la confección final. La fabricación de productos textiles cayó 26,2% interanual en mayo y 26,5% en los primeros cinco meses de 2026; la producción de hilados de algodón retrocedió 29,6% y la de tejidos y acabados textiles se desplomó 41,1%. A su vez, el sector utilizó apenas 42,2% de su capacidad instalada, lo que implica que aproximadamente 57,8% de la estructura productiva permaneció ociosa.
El nuevo mapa combina así tiendas más grandes, mayor oferta importada y consumidores volcados al precio con menos actividad en talleres, fábricas y curtiembres. La apertura comercial no es la única causa —también pesan la debilidad de la demanda, los costos, el crédito y la acumulación de inventarios—, pero el resultado es una progresiva transferencia de protagonismo desde la fabricación nacional hacia la importación, la logística y la comercialización masiva.
Su testimonio describe una estrategia que continúa visible en Florida: liquidaciones permanentes, mesas de saldos, grandes anuncios de descuento y precios bajos para captar a las personas que visitan las nuevas megatiendas, pero desisten de comprar por las filas o buscan comparar valores.
Aclaración periodística: Elisa y Carlos fueron identificados por los medios solamente por su nombre de pila. María Lago y Rafael Fajenblat aparecen con nombre y apellido. Antes de publicar teléfonos, direcciones particulares o datos adicionales, correspondería obtener autorización directa de cada entrevistado.