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Aronskind: “Martínez de Hoz elogiaría a Milei”

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Ricardo Aronskind diferencia épocas y marca semejanzas.

La comparación entre las políticas económicas implementadas por José Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura militar, y la libertaria de Javier Milei parece indicar que los demonios del pasado volvieron mejorados. Y ahora qué? conversó con el economista Ricardo Aronskind quien, entre otras cosas, aseguró que los militares le temían al desempleo y que los libertarios lo usan como disciplinador social.

José Alfredo Martínez de Hoz condujo la economía entre 1976 y 1981 bajo una dictadura, con apertura comercial, reforma financiera, liberalización de capitales y con tablita cambiaria. El gobierno de Javier Milei, en democracia, tiene como ejes declarados el equilibrio fiscal, la desregulación, la apertura económica y un programa de estabilización que en 2026 mantiene un régimen cambiario de bandas, que no es otra cosa que un dólar controlado.

–¿Hasta qué punto es válida una comparación entre la política económica de Martínez de Hoz y la que está llevando a cabo el gobierno de Javier Milei?

–Aronskind: Evidentemente se reconocen algunas raíces conceptuales similares aunque los periodos históricos son muy distintos. Recordemos que Martínez de Hoz gobernaba en un país (todavía) con un alto nivel de industrialización, con un mercado interno muy fuerte y de clase trabajadora muy organizada. Había un Estado muy amplio, con grandes empresas públicas y una presencia destacada de las Fuerzas Armadas. Eso es muy distinto a la Argentina actual. Pero coinciden en la idea de liberalizar la economía, achicar el Estado, privatizar, abrir la economía a la importación de productos extranjeros y un detalle que en ese momento era muy inaugural, como la presencia cada vez más importante del capital financiero, era una novedad completa en Argentina. 

–Martínez de Hoz planteaba que había un intento de transformar la economía argentina, y Milei menciona un cambio estructural. ¿Hablan de lo mismo?

–Aronskind: Sí. Juan Alemann decía que querían transformar las estructuras, y no solamente generar una baja de la inflación. Para la dictadura, eso fue un caballito de batalla muy importante, igual que ahora cuando se están haciendo cambios bajo el mismo argumento.

–Sin embargo el gobierno Martínez de Hoz no tuvo el resultado logrado por Milei en ese aspecto.

–Aronskind: En el caso de la dictadura fue un fracaso muy impresionante porque (prácticamente) nunca bajaron de tres dígitos anuales. Durante la mayor parte de la gestión de Alberto Fernández, la inflación fue 4% mensual. Ahora es el 2%. Tampoco es un éxito tan contundente. En términos relativos, tampoco puede decirse que lo de Milei sea un éxito aunque es el argumento por el cual se están realizando un montón de reformas estructurales para combatir la inflación. 

–Si tuviera que señalar cinco semejanzas y cinco diferencias entre los planes de Martínez de Hoz y Milei, ¿qué indicaría como los más destacados?

–Aronskind: La creencia de que el mercado por sí solo puede resolver problemas económicos sin ningún tipo de intervención estatal. La apertura de la economía. El predominio de la actividad financiera sobre la productiva. En ese momento había empresas públicas y se las deterioró para preparar su privatización porque aseguraban que daban pérdida. Las pocas empresas públicas que quedan ahora dan ganancia, y sin embargo igual se las privatiza. Y como cosas muy diferentes es que durante la dictadura se gobernaba sin parlamento y Martínez de Hoz era el rey de la economía. Ahora estamos viendo un sistema institucional del que participan gobernadores y algunos partidos políticos que (de alguna forma) acompañan directa o indirectamente esta política económica. Durante la gestión de Martínez de Hoz también había un rechazo de las Fuerzas Armadas a la privatización de empresas estratégicas como YPF, Fabricaciones Militares y otras empresas ligadas al sector de la defensa, que eran intocables.

–Porque todo lo que vinculado a rutas, transportes, petróleo, energía nuclear y telecomunicaciones decidieron no privatizarlo por un tema de seguridad nacional, pero no es lo que parece ocurrir hoy.

–Aronskind: Absolutamente, es muy interesante porque en ese momento la palabra seguridad nacional tenía una connotación muy argentina. Hoy está mezclada con la seguridad nacional de los Estados Unidos, no hay seguridad nacional propia. Otra cuestión es que las Fuerzas Armadas en ese momento y por razones históricas, le tenían mucho miedo al desempleo y le habían establecido a Martín de Hoz que si quería destruir industria, tenía que hacer obra pública y generar trabajo porque no estaban en condiciones políticas de aguantar una situación de desempleo abierto. En democracia descubrieron (sobre todo en los años 90, del menemismo) que el alto desempleo generaba condiciones de disciplinamiento social. En cambio, los militares tenían miedo de que el desempleo generara una situación de agitación social.

–A pesar de que en los dos estilos económicos el ajuste siempre fue soportado por los mismos sectores sociales.

–Aronskind: Sí, la verdad que yo me imagino la pata civil de la dictadura, que es la que armó esa mirada, incluso le puso el nombre Proceso de Reorganización Nacional. Eso no fue idea de Videla o de Viola, sino que tuvo que ver con los civiles que participaron en el armado de la dictadura, que tampoco sé si pensaban llegar tan lejos como Milei porque todavía existía la idea de que los estados eran importantes al igual que la regulación del comercio exterior o las finanzas. Milei, en ese sentido atrasa, porque encarna una visión complete de apertura económica que está quedando demodée en relación a las cosas que están pasando en el mundo central. Y eso es muy importante entenderlo porque la Unión Europea o Estados Unidos están mirando las cosas de otra forma. Argentina está aplicando una receta vieja que pertenece a otro momento de la globalización.

–La estructura de la deuda pública, ¿es comparable también?

–Aronskind: Bueno, Argentina venía muy desendeudada antes del comienzo de la dictadura: debía unos 8.000 millones de dólares al final del gobierno de Isabel Perón y terminan en 46.000 millones, que para aquella época fue un salto brutal. 

–Casi lo que endeudó el gobierno de Mauricio Macri.

–Aronskind: Casi, con la diferencia de que esos dólares eran mucho más importantes que los dólares actuales, tenían más valor. Ahora, tengo que decir algo que creo que se endeudaron en forma completamente irresponsable porque muy poco de esa deuda fue a generar capacidad productiva y exportadora, que es por lo que tiene sentido endeudarse, pero eso no pasó. Y también ocurrió otra cosa muy dramática, que fue que Estados Unidos aumentó su propia tasa de interés al 20% anual en la gestión de Paul Volcker, al frente de la Reserva Federal. Esto generó una explosión de deuda en todo el mundo y deudas normales se transformaron en deudas locas e impagables. Esto paso en México, en Brasil y también en Argentina. Ahora no está pasando eso porque la tasa de interés internacional es más baja, pero Argentina viene con una deuda acumulativa que no logra reducir y que Caputo, en su gestión anterior con Mauricio Macri, mandó para arriba y se nos está volviendo imposible. El año que viene tenemos una masa de vencimientos que no sabemos cómo se van a pagar.

–¿Le preocupa eso?

–Aronskind: Es que me parece de una gran irresponsabilidad cívica porque es un tema que Argentina podría manejar de una forma inteligente si hubiera una élite más o menos lúcida para no destruir el nivel de vida de la población.

–Quiero volver al tema de las empresas públicas porque creo que hay una diferencia entre el gobierno libertario y el liberal cuando éste último, hablando en términos de economía, creía en el Estado. 

–Aronskind: Para mí hay un pecado original en Martínez de Hoz porque él dice que las empresas públicas son ineficientes y tienen déficit. Ahora, él era un ministro con una capacidad política total, es decir, lo que decía lo firmaba, y ellos podrían haber eficientizado a las empresas públicas. 

–¿Y por qué cree que no lo hicieron?

–Aronskind: Porque decían que había que transferirlo al sector privado, por eso nunca eficientizaron las empresas. Podían tomar cualquier decisión porque era una dictadura, y no lo hicieron, las dejaron con déficit y endeudadas así que acrecentaron su incapacidad de funcionamiento, y por eso terminan privatizándolas. En ese sentido son parecidos, porque, digamos, Milei toma ARSAT, que funciona bárbaro pero la quieren privatizer. El sistema nuclear argentino funciona muy bien, y busca privatizarlo igual. A veces nos trabamos en esto de definer qué es liberal o qué es libertario, pero lo más correcto si es procapitalista o anticapitalista. Si soy procorporativo, paso las cosas que dan ganancia y no las que dan pérdida. Las que arrojan pérdida se las queda el Estado, no privatizo todo, privatizo lo que da ganancia, privatizo monopolios naturales, privatizo cosas que tienen renta garantizada y después, por ahí, no los controlo o no hago los mecanismos de regulación que tienen los países centrales para ver si las empresas privatizadas cumplen los compromisos asumidos. En el caso nuestro, en los 90 fue una cosa de privatizar sin armar mecanismos de regulación adecuados. 

–En 1995 Felipe Pigna le hizo una entrevista a Martínez de Hoz y éste le dice que estaba muy contento con Menem y Cavallo porque estaban terminando lo que él no concluyó. ¿Qué cree que diría del gobierno de MIlei?

–Aronskind: Seguramente lo elogiaría. Juan Gabriel Tokatlian dijo que el mundo mira a nuestro país con sorpresa porque Argentina está destruyendo su propio sistema científico tecnológico nacional, cosa que no hace nadie. Podés observar a máximos enemigos como Estados Unidos-China o Israel-Irán y a ninguno se le ocurre destruir su sistema científico. A la Argentina sí y a través de su propio gobierno nacional. Yo no sé qué diría Martínez de Hoz frente a eso. De hecho, las Fuerzas Armadas sostuvieron a la Comisión Nacional de Energía Atómica durante décadas por razones estratégicas. Esto de destruir todo y de entregar los talleres metalúrgicos Pescarmona, por ejemplo, no existe en el planeta. No sé si Martínez de Hoz llegaría tan lejos. Estos son anti industria, que quiebre FATE, no nos importa, es muy impresionante. Y en eso son diferentes. Es como cuando vas por una ruta y cuando doblás te aparece otro panorama. No deja de sorprenderme, porque si bien es cierto que durante la dictadura que quedó la nada, ahora está quedando la nada misma.


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