Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan Chase, salió a defender una recomposición de la alianza económica entre Estados Unidos y Europa mediante un amplio acuerdo de libre comercio. La propuesta choca de frente con el proteccionismo de Donald Trump y constituye una señal relevante sobre el movimiento del establishment norteamericano.
Dimon plantea reconstruir el bloque occidental frente al ascenso de China, fortalecer militarmente a Europa y extender el eventual pacto comercial a otras democracias aliadas. Para Aschieri, semejante intervención pública de uno de los banqueros más poderosos del mundo difícilmente pueda separarse del cálculo político sobre el futuro de Trump.
El indicio de que el establishment norteamericano le cortó el chorro a Trump es muy fuerte, más allá del malestar que se expresa en el mercado de bonos del Tesoro. Nada menos que Jamie Dimon, el hombre que dirige JPMorgan Chase, el banco privado más grande del mundo por volumen de activos y capitalización de mercado, en la edición del jueves 28 de septiembre del Wall Street Journal, publicó una columna con su firma titulada “Un plan para el resurgimiento del mundo occidental”, con la sugerente bajada: “Un pacto comercial entre Estados Unidos y Europa podría incluir a democracias amigas y revivir la antigua alianza”. La defensa del libre comercio de Dimon está en marcada disidencia con la política proteccionista de Trump.
El primer párrafo no podía ser más enunciativo de que, para el orden establecido norteamericano, Trump ya es un mal recuerdo del pasado efímero. “Jamás querría leer un libro titulado ‘2050: Cómo se perdió Occidente’. La historia podría comenzar alrededor del cambio de milenio, en medio del deterioro de las capacidades militares de Occidente y la fragmentación económica derivada de nuestra incapacidad para ejecutar políticas estratégicas. Pero aún estamos a tiempo de escribir una historia diferente”, estoquea Dimon.
La escritura diferente de la historia se plasma en un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea para contrarrestar la influencia de China. Esa propuesta de Dimon, absolutamente contraria a la visión de Trump, viene acompañada de reformas estructurales y del fortalecimiento militar europeo, además de exigir medidas de apoyo para los trabajadores afectados por la globalización. Para Dimon, la tarea de la Unión Europea de completar la Unión de Mercados de Capitales y la Unión Bancaria para fortalecer la competitividad va de la mano con la de poner en marcha las recomendaciones del informe de Mario Draghi en materia de defensa, manufactura y energía.
Dimon señaló que un posible pacto podría extenderse a otras democracias amigas, como Canadá, México, Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas. Considera que unos lazos comerciales fortalecidos posibilitan a Estados Unidos y sus aliados establecer normas comerciales globales y actuar conjuntamente ante la presión de regímenes autoritarios.
Obvio que un ñato como Dimon no compite con aquel cantante chileno llamado Rosamel Araya por el cetro de ser “el último romántico”, en este caso de la globalización. Si se mandó, como se mandó en el WSJ, con esa sobria filípica anti-Trump, es por puro cálculo político con riesgo minimizado y con el interés de que la degradable derecha ultra vuelva a su impalpable significado electoral de siempre. Si Trump tuviera todas las de ganar en las legislativas, un prudente banquero como Dimon, y con las más fuertes responsabilidades, lo más probable es que hubiera metido violín en bolsa.