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Hay que devolver el IVA a los hogares de menores recursos

La estabilización de algunas variables macroeconómicas contrasta con la realidad cotidiana de millones de familias. La pobreza dejó de descender, los salarios volvieron a perder poder adquisitivo y el empleo formal se contrajo. Frente a este escenario, es necesario adoptar medidas transitorias que alivien los bolsillos de los hogares, como devolver el IVA a los sectores de menores recursos, aumentar el bono a los jubilados y subsidiar el transporte.

El Mundial ya está en la historia y la realidad nos pegó otra piña en la cara. Mientras la macro muestra señales de estabilización —nos enteramos de que la inflación de junio bajó, el riesgo país retrocedió y ahora los mercados externos esperan los bonos argentinos—, la vida cotidiana de millones de hogares cuenta una historia diferente.

Los últimos datos disponibles muestran que la pobreza habría dejado de descender. El “Nowcast de Pobreza”, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, estima que entre diciembre de 2025 y mayo de 2026 la pobreza alcanzó el 29,6%. Pero el dato más preocupante es que durante abril y mayo se produjo un rebote hasta el 31,8%.

Aunque se trata de una estimación y no de la medición oficial del INDEC, el cambio de tendencia encendió una señal de alerta: la calma observada durante 2025 parece haberse detenido.

Para entender la magnitud del problema alcanza con un dato. En mayo, una familia tipo necesitó casi un millón y medio de pesos por mes para no ser considerada pobre. En la Ciudad de Buenos Aires, incluso un poco más. No estamos hablando de un nivel de vida cómodo. Estamos hablando del ingreso mínimo para cubrir lo básico: comida y remedios, pero sin pagar un alquiler.

Al mirar las encuestas de opinión, el panorama se aclara aún más. Más de seis de cada diez argentinos consideran que el país continúa atravesando una crisis económica. El 87% afirma que su salario no alcanza para cubrir las necesidades básicas, mientras que tres de cada cuatro sostienen que su poder adquisitivo empeoró durante los últimos meses.

Incluso, apenas el 36% de los hogares manifestó no haber tenido que recurrir a préstamos o endeudamiento para afrontar gastos tan cotidianos como la comida, la luz o el alquiler.

Ingresos que dejaron de crecer

Entonces, el problema no radica únicamente en el aumento de las canastas que mide la inflación, sino en que los ingresos dejaron de crecer o desaparecieron. Durante buena parte de 2024, los salarios, especialmente los informales, crecieron por encima del costo de la Canasta Básica Total, lo que permitió una rápida reducción de la pobreza desde el pico alcanzado luego de la maxidevaluación del ministro Caputo. Ese impulso comenzó a agotarse durante el segundo semestre de 2025 y terminó de frenarse en los primeros meses de 2026.

Los datos laborales también reflejan esa desaceleración. En mayo, los salarios del sector privado registrado retrocedieron en términos reales y el empleo formal volvió a contraerse, con una pérdida cercana a los 79.000 puestos de trabajo. Cuando el empleo deja de expandirse y los salarios pierden capacidad de compra, el descenso de la pobreza inevitablemente encuentra un límite.

Por eso, la calle no se equivoca. No es una mera sensación social. Es una realidad.

La macro ofrece señales positivas. Sin embargo, la micro continúa condicionando la vida cotidiana de las familias. La desaceleración de los precios, si no viene acompañada por una recuperación sostenida de los salarios y del empleo, difícilmente logre cambiar el humor y la realidad social.

Medidas para aliviar los bolsillos

Y eso requiere tomar medidas que difícilmente el gobierno se anime a encarar, como bajar el impuesto a las ganancias de los trabajadores, devolver el 21% del IVA a todos los hogares de bajos recursos, aumentar el bono a los jubilados o subsidiar el transporte.

Todas son medidas que podrían aliviar transitoriamente los bolsillos de los hogares y financiarse con subas de impuestos a los autos de lujo, los yates o los aviones.

Medidas transitorias hasta tanto la macro se dé cuenta de que la estructura productiva del país tiene que arrancar. ¡Abrir las persianas! Generar riqueza a partir del trabajo, como se supo hacer en otras etapas del país.

Conocer nuestra historia no cambia el pasado, pero puede evitarnos cometer los mismos errores y ahorrarnos enormes costos para las próximas generaciones.

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