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¿Y ahora qué?

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Trump está aprendiendo los límites del poder

Si se arregla la crisis en Medio Oriente es por lo que negocian Irán y Omán, con Estados Unidos mirando por la ventanilla. Un cambio geopolítico que no pasa desapercibido.

Es posible que el Estrecho de Ormuz sea a Estados Unidos lo que el Canal de Suez fue a Gran Bretaña y Francia: el lugar y el momento en que quedó claro su decadencia imperial. El futuro, ya sabemos, es un libro todavía cerrado, pero hay una sensación de asombro y oportunidad en el aire que siempre tipifica los cambios geopolíticos profundos.

Para tener una idea, basta ver que si la crisis en la región de soluciona va a ser porque Irán y Omán se ponen de acuerdo. Estados Unidos está en tregua unilateral, esperando a ver qué pasa, en bambalinas, bufando y amenazando, pero fuera del juego. Donald Trump, que es un bully de patio de colegio, está aprendiendo la diferencia entre poder militar y autoridad militar. Uno es la capacidad de romper todo, el otro es el poder de imponerte sin tener que romper nada.

Lo que está surgiendo es que el estrecho por el que pasa la quinta parte de todos los combustibles del planeta va a tener peaje. Cuando entren, los buques van a tener que tomar una ruta cercana a la costa iraní; de vuelta, tendrán que ir pegaditos a la orilla omaní. En todos los casos, van a tener que pagar una tasa de servicios, entre otras cosas por la protección de ambos países, que se van a repartir la facturación.

Es notable: les van a cobrar “protección”.

Más notable: hasta que Benjamín Netanyahu convenció a Trump de atacar en febrero, Ormuz era una vía abierta, aguas internacionales.

Hay que ver qué hace el Presidente Naranja si esto ocurre. Racionalmente, el trato le resolvería su problema más pesado, normalizando el flujo internacional de crudo y bajando los precios. Esto podría hacer que acceda a la condición que le imponen los iraníes y le transmiten los omaníes, que el estrecho abre si él levanta el bloqueo naval y retira la flota. Luego, dicen los ayatolas, se puede negociar el resto de la agenda. Es más, si lo que busca Washington es normalizar los mercados, ellos están dispuestos amablemente a exportar fuerte si les levantan esas sanciones.

La opción es el plan del Almirante Brad Cooper, a cargo del Comando Central de las fuerzas armadas. El plan es simple, un fuerte y breve bombardeo de posiciones iraníes de donde disparan a los buques en el estrecho, y otros objetivos militares estratégicos. Según los diarios norteamericanos, el plan casi se utiliza dos veces pero Trump lo frenó porque su prioridad es que bajen los combustibles antes de las elecciones de noviembre. Muchos, pero muchos dudan que más bombardeos domen a los ayatolas, que ya fueron bombardeados hasta el cansancio en estos cinco meses. La apuesta es degradarlos un poco más para que los buques circulen con escolta naval norteamericana.

En 1956, Gamal Abdel Nasser declaró que el Canal de Suez era egipcio y se lo expropio a la compañía anglofrancesa que lo operaba. Londres y París decidieron retomarlo por la fuerza, y Nasser lo bloqueó hundiendo buques y resistiendo con su ejército. Fue un fiasco que enfureció a Washington por la crisis económica que desató.

Claro, el presidente en 1956 no era Trump.

Pirro

La fiscal de distrito de la capital de Estados Unidos es un personaje de televisión, literalmente. Es abogada y no le falta experiencia en el tema, pero se hizo famosa en Fox como opinator y activista de MAGA, lo que le valió el entusiasmo de Trump. Pero esta semana el Naranja le sacó la madre cuando le llevó la contra y Pirro tuvo que ir a la Casa Blanca antes de que la echaran. Curiosamente, parece que no fue a mendigar si no a pelearse.

El caso es casi cómico e implica la ya famosa piscina decorativa al pie del monumento a Lincoln. El enorme piletón fue reparado de apuro para la fiesta del 4 de julio, el 250 aniversario, sin concurso ni licitación, y en cosa de días el agua se puso vívidamente verde, no azul como quería el jefazo. A alguien había que echarle la culpa y entonces acusaron a un deportista olímpico retirado, David Hearn, de 67 años, por vandalismo durante una protesta. El 2 de julio, Pirro anunció triunfante que tenía pruebas y lo iba a acusar.

Pues apenas pasado un mes, tuvo que retirar la denuncia por falta de pruebas. No solo no va a acusar judicialmente a Hearn sino que explicó que le habían dado información inexacta y que el problema se debía a una obra mal hecha. Trump estalló: “para mí, fue un caso de puro VANDALISMO. Puede ser que hubo problemas con los contratistas, pero el daño fue causado por VANDALOS”. Todo el mundo la dio por despedida a la fiscal.

Pero Pirro es dura y ahí fue a la Casa Blanca a pelearse con el ministro del Interior, responsable de la contratación. La abogada acusó al ministro de darle información trucha, que el servicio de Parques había contradicho fácilmente y que la dejó pagando en vivo y en directo. No la echaron.

De paso, este novelón es una muestra más del total desprestigio del ministerio de Justicia de EEUU, que tenía una reputación de solidez y seriedad ahora perdida. Antes de Trump, era raro que un gran jurado -esos convocados para decidir si hay o no un caso antes de procesar a alguien- rechazara los argumentos de la fiscalía. Ahora es mucho, pero mucho más común. Para dar dos ejemplos, Pirro trató de procesar a una manifestante que le tiró un sándwich a un agente del FBI en una protesta y a otra que empujó a un policía. Perdió las dos veces.

Cuba

Esta semana se supo que la CIA está de vuelta en la Isla del Lagarto. No es otra Bahía de Cochinos, no es un intento de matar líderes revolucionarios, es una Fuerza de Tareas de Inteligencia para reclutar espías, analistas y operadores cibernéticos para forzar cambios políticos en Cuba y llevarla para el lado que quiere el Presidente Naranja.

Lo de crear fuerzas de tareas es común, un paso administrativo que facilita direccionar fondos y dar órdenes. Trump puso en Prioridad Uno a Cuba -junto a China, Irán y Rusia- en el Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia, que ordena las tareas de las muchas agencias de EEUU. Desde entonces, la CIA, la Agencia Nacional de Seguridad y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, entre otras, empezaron a trabajar mucho más en el Caribe.

La idea, de mínima, es tratar de desbancar a los referentes cubanos percibidos como de línea dura antinorteamericana por gente más “flexible”.

Ucrania

Ya van cinco años desde la invasión de Ucrania ordenada por Vladmir Putin, de esas en las que se repitió la vieja frase de “se acaba en Navidad”. Ya pasaron varias navidades, la guerra sigue y ya es un modelo de evolución de estas cosas bélicas. Es que por un lado hay combates clásicos, en tierra, con líneas en el mapa y flechitas mostrando ofensivas y contraofensivas. Pero por el otro hay una guerra en el aire completamente novedosa, con el resto del planeta tomando nota.

Hay un lado clásico en esto, el del bombardeo de objetivos civiles a distancia y de noche. La novedad es la casi total ausencia de aviones, el uso masivo de drones y misiles, el nivel de exactitud del impacto en el blanco. Estas tecnologías novedosas, o no tanto pero de uso novedoso, están cambiando por completo el mapa geoestratégico de la guerra, y no sólo de esta. El objetivo ruso es desgastar al enemigo haciendo que sus ciudades sean inhabitables; los ucranianos buscan subirle el costo de la guerra al Kremlin hasta que acepte negociar y no apenas presentar un ultimátum.

Los rusos desarrollaron un tipo de dron barato y fácil de producir, basado en el Shahed iraní, al que le agregaron turbinas a chorro y un sistema de guía por satélite. Los astródromos rusos están trabajando a destajo lanzando satélites dedicados, que Kiev no puede ni soñar en destruir y que también guían bombas-planeadoras lanzadas desde aviones. Para completar la panoplia, Moscú está produciendo misiles crucero de bajo costo, un arma intermedia entre los drones y los misiles estratégicos.

Los ucranianos no paran de crear nuevos modelos de drones, campo en el que resultaron pioneros, e híbridos entre misiles y drones. Estos bichos tienen navegadores cada vez más sofisticados y de cada vez mayor alcance. De hecho, Kiev descubrió que la enormidad territorial de Rusia era una ventaja para ellos: el enemigo no puede cubrir completamente tanta geografía. Los blancos ahora son refinerías en la lejana Petersburgo y depósitos en Siberia occidental. Ya lograron crear algo insólito, problemas con el combustible en un país petrolero.

Hace cuatro años, cuando la guerra se estancó y Rusia no pudo lograr la superioridad aérea en el teatro de operaciones, hubo que proteger a las tropas instalando sistemas defensivos Pantsir y Tor en el frente. Esto obligó a desproteger bases e instalaciones en la retaguardia, lo que están aprovechando los ucranianos. A su vez, el constante bombardeo de ciudades casi acabó con las reservas de misiles Patriot norteamericanos, que Ucrania no puede reemplazar con modelos propios.

Otro problema para Kiev es que no se puede comparar su base industrial con la de Moscú. Los ucranianos estiman que los rusos producen cuatro misiles estratégicos, de los pesados, por día, lo que supera la capacidad norteamericana de producir interceptores. A eso hay que sumarle los que Rusia importa de Corea del Norte. Peor para Ucrania, su enemigo tiene un significativo arsenal de interceptores S-300 y S-400, y está desarrollando drones capaces de interceptar misiles.

¿Cómo hacen los rusos para lograr esto? Después de tantos años de sanciones económicas, tienen un nivel de autarquía notable, cadenas de producción maduras y un buen canal para importar componentes de China.

Para dar una idea del nivel de precisión al que se llegó, basta pasar por cualquier estación de servicios en el norte y el este de Ucrania. Los rusos descubrieron que su enemigo usa estas estaciones, en particular en el campo, no sólo para cargar nafta sino como lugar de encuentro. Ucrania tiene un excelente sistema de estaciones con restaurantes y cafés, que usan los locales y hasta las tropas cuando tienen un rato libre.

Pues ahora, las que quedan abiertas no sorprenden si están defendidas con bolsas de arena o tienen trincheras por atrás. Los rusos las están bombardeando sistemáticamente y las rutas hacia el frente están sembradas de ruinas incineradas. Hay pueblos donde ahora hay que esperar que venga un camión a repartir latas de nafta.

Ucrania parece tener menos precisión, aunque no para de bombardear los depósitos de una empresa de ventas por internet -el Amazon de Rusia- con exactitud. Pero el fin de semana pasado un dron se estrelló en una playa llena de turistas en el Mar Negro, mató a siete y dejó cuarenta heridos. Tres de las víctimas eran chicos.

Alianzas

Mientras trata de controlar las protestas domésticas por la corrupción y la artrosis institucional de su gobierno, el premier indio Narendra Modi está acelerando una red de alianzas económicas y tal vez defensivas dedicadas a China. Modi viene teniendo reuniones de alto nivel con Vietnam, las Islas Seychelles, Indonesia, Australia, Nueva Zelandia y Japón. Cada encuentro terminó con la firma o la ampliación de tratados, notablemente el firmado con Vietnam para venderles el misil crucero supersónico BrahMos, desarrollado con Rusia.

Quien mire el mapa de la región, verá que las rutas navales chinas pasan por todas y cada una de las naciones signatarias.

Quien lea con atención, verá que falta algo. Estados Unidos no figura en el plan.

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