Hace veinte años, la Nación combinaba medicamentos e insumos con millones de preservativos, campañas de VIH en televisión, radio y vía pública y miles de profesionales trabajando en atención primaria. Hoy muchos programas sufren fuertes recortes y la prevención perdió presencia en los grandes medios, mientras la sífilis alcanza niveles récord y el tabaco continúa provocando cerca de 45.000 muertes anuales.
De arranque, algunas claves:
* En 2006, el programa nacional contra el VIH distribuyó 22,5 millones de preservativos, más de 2,5 millones de materiales informativos y desarrolló campañas con spots de televisión y radio, gráfica en vía pública y eventos masivos. En 2024, la distribución anual de preservativos desde el programa de VIH fue de apenas 1,4 millones.
* En 2026 el programa de VIH recibió un refuerzo presupuestario de $22.000 millones, pero llevaba ejecutado sólo 37,2% de su crédito vigente. Salud Sexual presenta una situación mucho más crítica: su presupuesto vigente fue reducido 39,2% respecto del crédito inicial y había ejecutado apenas el 21%.
* El Programa Médicos Comunitarios, creado en 2004 para llevar prevención y atención primaria al territorio, llegó a tener en 2006 5.591 profesionales trabajando en 1.711 centros de salud. Después de sucesivas transformaciones, el Gobierno anunció en 2024 la baja del esquema.
Cuando prevenir era también comunicar
En 2006 el Ministerio de Salud destinó $1.444 millones a su administración central y el programa específico contra el VIH tuvo un crédito final de $125,7 millones, del que ejecutó el 98%.
Pero el dato más significativo no está solamente en cuánto gastaba sino en qué hacía con esos recursos: ese año distribuyó 22,5 millones de preservativos, realizó más de cinco millones de determinaciones serológicas, produjo y distribuyó más de 2,5 millones de materiales sobre VIH y ETS y atendió casi 59.000 consultas mediante la línea gratuita “Pregunte SIDA”.
A eso desde el Ministerio de Salud le agregaba algo hoy mucho menos visible: campañas nacionales con spots de televisión y radio, publicidad en vía pública y eventos masivos, especialmente alrededor del 1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha contra el Sida.
La comparación con estos tiempos muestra un cambio profundo. En 2024 el programa nacional de VIH distribuyó apenas 1.414.368 preservativos en todo el país, una caída extraordinaria respecto de los 22,5 millones entregados en 2006.
Para 2026, el programa VIH, ITS, hepatitis, tuberculosis y lepra dispone de $71.209 millones después de recibir un refuerzo de $22.000 millones, pero hasta el último registro había ejecutado $26.484 millones, apenas 37,2%.
Andrés Leibovich quien fuera Subsecretario de Programas de Prevención y Promoción del Ministerio de Salud entre 2002 y durante varios años de esa década, subraya que “la mejor medicación sigue siendo la información”.
“La medicina se ha deshumanizado; hoy los médicos no interrogan al paciente y lo peor es que eso no sólo ocurre con los médicos asistenciales sino que el Ministerio que es el que debe fijar las políticas de salud tampoco se interesa por la gente”, afirma Leibovich en diálogo con “Y ahora Qué..” .
El ex subsecretario durante la gestión del ministro Ginés González García recuerda lo “difícil” que fue crear conciencia en la sociedad en la lucha contra el consumo de tabaco. “Las fuertes presiones de la industria tabacalera y otras cuestiones a las que hubo que enfrentarse pero, sin embargo, ganamos esa batalla y logramos que no se fumara nunca más en espacios cerrados. Para eso fue fundamental y prioritario comunicar y realizar campañas de prevención que ya no existen”.
“Hoy lamentablemente -subraya Leibovich- el Estado abandonó a la gente. El Ministerio de Salud se olvidó de la gente, no hace absolutamente nada y así sin políticas de salud, sin prevención y sin campañas, crecen los índices de contagio de sífilis, crecen las muertes derivadas del consumo de tabaco y las enfermedades de transmisión sexual”.
Por último, el médico advirtió que la baja de programas históricos como el de Médicos Comunitarios, el Plan Remediar y otros tantos “nos llevan a un problema cada vez más difícil porque lo que no se invierte en prevención de la salud, resultará más costoso y lo doloroso es que ese costo, cuesta vidas”.
El problema, entonces, no puede medirse sólo preguntando si existe una partida presupuestaria: también importa cuánto se ejecuta, cuántos insumos llegan efectivamente y cuánto se comunica.
Los resultados epidemiológicos vuelven más urgente esa discusión.
Argentina notificó durante 2025 46.799 casos de sífilis, la cifra anual más alta registrada, con una tasa de 117,2 casos cada 100.000 habitantes.
El 76% se concentró entre los 15 y los 39 años y la mayor incidencia apareció entre jóvenes de 20 a 24. El Ministerio aclara que parte del aumento responde a una mejor detección y notificación, pero reconoce también una mayor circulación de la enfermedad.
Existe una Mesa Ministerial de ITS y se trabaja sobre diagnóstico, testeo y tratamiento; sin embargo, no aparece actualmente una campaña nacional masiva sobre VIH, sífilis y otras ITS comparable con aquellas que ocupaban televisión, radio y vía pública.
La última campaña de VIH oficialmente definida como de comunicación masiva, lanzada en 2022, fue presentada por el propio Ministerio como la primera de semejante alcance desde 2008.
Salud sexual y procreación responsable
La situación resulta todavía más llamativa en Salud Sexual y Procreación Responsable.
El programa comenzó 2026 con $27.798 millones y su crédito vigente fue reducido a $16.901 millones: 39,2% menos en términos nominales dentro del mismo ejercicio.
Había ejecutado solamente $3.548 millones, el 21%. Formalmente, la estructura del Ministerio continúa teniendo entre sus funciones producir campañas en televisión, radio, vía pública, medios gráficos y redes sociales.
Pero tener la facultad administrativa de comunicar no equivale a tener una campaña masiva efectivamente en circulación.
La prevención puede conservar presupuesto, páginas web y materiales digitales y, sin embargo, perder capacidad de llegar espontáneamente a millones de personas que no están buscando información sanitaria.
El tabaco mata 45 mil personas al año
Con el tabaco ocurre algo parecido. Argentina sigue teniendo un Programa Nacional de Control del Tabaco, advertencias sanitarias, un 0800, un chatbot y regulaciones sobre publicidad y envases.
Pero la dimensión sanitaria continúa siendo enorme: el Ministerio estima que unos 45.000 argentinos mueren cada año por enfermedades relacionadas con el tabaco.
Estudios utilizados por la propia cartera sanitaria calcularon además unos 19.000 diagnósticos de cáncer, 11.000 accidentes cerebrovasculares, 61.000 hospitalizaciones cardiovasculares y más de 100.000 personas que enferman de EPOC anualmente vinculadas al tabaquismo.
En 2026 se renovaron advertencias sanitarias e incorporaron QR y asistencia telefónica, pero nuevamente la estrategia visible descansa mucho más en regulación, envases y canales específicos que en una gran campaña permanente de televisión, radio y vía pública.
Sin Médicos Comunitarios, la prevención ya no llega al barrio
Hace veinte años había además otra pata de esa estrategia: llevar la prevención al barrio.
El Programa Médicos Comunitarios fue creado en 2004 para reforzar el primer nivel de atención mediante médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, nutricionistas, odontólogos, obstetras y promotores.
En 2006 había incorporado 5.591 profesionales, rentados y no rentados, distribuidos en 1.711 centros de atención primaria.
Los becarios dedicaban 25 horas semanales al centro sanitario y otras diez al trabajo territorial, buscando familias vulnerables, detectando situaciones de riesgo y realizando prevención y promoción comunitaria.
Sólo aquel año, el componente de Atención Primaria tuvo $51,9 millones de crédito y ejecutó el 96,8%.
El programa Médicos Comunitarios fue dado de baja en 2024.
¿Y para el 2027?
El Presupuesto 2027 introduce ahora un dato que obliga a matizar el panorama.
El proyecto recién enviado al Congreso aumenta los recursos globales del Ministerio de Salud y propone una recuperación para Salud Sexual y Procreación Responsable, que pasaría a disponer de alrededor de $33.800 millones.
Sin embargo, aun con esa mejora, análisis del proyecto calculan que el programa continuaría casi 30% por debajo de 2023 en términos reales.
Para VIH, ITS, hepatitis, tuberculosis y lepra, el proyecto mejora frente al presupuesto original de 2026, pero resulta aproximadamente 21% inferior en términos reales al crédito vigente de este año, después del refuerzo extraordinario otorgado en septiembre.
Son cifras todavía sujetas al debate y las modificaciones que pueda introducir el Congreso.
Pero el interrogante central sigue abierto: más presupuesto no significa necesariamente más prevención.
En las planillas y metas del proyecto 2027 revisadas hasta ahora no aparece un compromiso específico de recuperar grandes campañas nacionales de VIH, sífilis, salud sexual o tabaquismo en televisión, radio y vía pública.
Incluso políticas educativas complementarias permanecen muy debilitadas: la ESI tendría apenas $30 millones, un nivel 98,5% inferior al de 2023 en términos reales.
Hace veinte años, comprar preservativos, hacer test, capacitar equipos sanitarios y decirle masivamente a la población cómo prevenir una enfermedad formaban parte de una misma política.
El Presupuesto 2027 podrá mejorar algunas partidas; la pregunta todavía sin respuesta es si el Estado volverá también a hablarle masivamente a la sociedad.
Por eso, la discusión sobre el presupuesto sanitario puede ser engañosa si se reduce a una columna de números.
Se puede tener presupuesto y no tener prevención efectiva.
Una partida puede incluso aumentar nominalmente mientras disminuyen los preservativos entregados, cae la ejecución o desaparece la comunicación masiva.
Con la sífilis en su máximo histórico, decenas de miles de muertes anuales vinculadas al tabaco y programas preventivos con baja ejecución, la pregunta ya no es solamente cuánto dinero pone el Estado en Salud.
Es también cuánto de ese dinero logra convertirse en un preservativo entregado, un test realizado, un profesional que llega al barrio o un mensaje que aparece en la televisión, la radio o la calle y consigue que alguien se cuide antes de enfermarse.
Ya lo decía Carrillo
Hace casi ochenta años, Ramón Carrillo, primer ministro de Salud Pública de la Argentina, resumió esa concepción sanitaria en una frase: “El objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar que se enferme”.
Y agregó otra idea que hoy adquiere particular actualidad: “La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir en salud”.
Para Carrillo, prevenir significaba también educar, informar y construir una conciencia sanitaria popular.
Ocho décadas después, la discusión vuelve al mismo punto: se puede tener presupuesto, medicamentos y hospitales, pero si el Estado deja de enseñar masivamente cómo prevenir, la política sanitaria corre el riesgo de llegar cuando la enfermedad ya llegó primero.