Hace más de medio siglo, el genio de Charly García escribió para Sui Generis “Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario o no”. Era 1973. La canción contaba, en clave de fábula, la historia de un monarca encerrado en su propia lógica, cada vez más distante de lo que ocurría afuera de su palacio. Hoy, sin forzar equivalencias históricas, aquella imagen vuelve a ofrecer una metáfora inquietante para pensar la Argentina de Javier Milei: un gobierno que reivindica el equilibrio fiscal y el ajuste mientras cada vez más sectores y colectivos sociales denuncian la pérdida de ingresos, la reducción de prestaciones y el deterioro de servicios públicos.
De arranque, algunas claves:
* La canción de Charly García no hablaba de Milei, pero construía una figura universal: la del gobernante que corre el riesgo de quedar aislado de la experiencia cotidiana de su pueblo.
* El Presupuesto 2027 mantiene, según distintos análisis, fuertes caídas reales acumuladas desde 2023 en universidades, discapacidad, vivienda, infraestructura y algunas prestaciones previsionales.
* Mientras el Gobierno sostiene que el ajuste permitió ordenar las cuentas públicas, las últimas encuestas revelan que entre un 35% y 38%aprueba a Milei y entre un 58% y 64% lo desaprueba.
Una canción, una fábula, ¿un espejo?
La fuerza de aquella canción estaba en que Charly no necesitaba nombrar a un presidente concreto. El “rey” podía representar cualquier poder que comenzara a escuchar más sus propias certezas que los ruidos provenientes de la calle.
Esa es la comparación posible con la actualidad: Milei convirtió el equilibrio fiscal, la reducción del Estado y el control del gasto en el núcleo de su proyecto.
Para los llamados libertarios esa es la condición necesaria, y casi única, para estabilizar una economía y atacar años de inflación y déficit.
Para los críticos de este modelo, el problema aparece cuando esa lógica contable deja en segundo plano el efecto concreto sobre jubilados, universidades, personas con discapacidad, la obra pública o las políticas sociales.
Los números hablan por sí solos
Un análisis del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas sobre el proyecto 2027 calcula que las universidades nacionales quedarían alrededor de 25% por debajo del nivel real de 2023; las becas Progresar, 77% abajo; infraestructura y vivienda, 72,4%; y discapacidad, 24,4%.
El bono previsional también mostraría una pérdida real superior al 60% respecto de aquel año. Al mismo tiempo, el proyecto contempla aumentos en otras áreas, entre ellas Salud, y el Gobierno modificó posteriormente parte de su propuesta sobre discapacidad después de las críticas de propios y ajenos recibidas en el Congreso y la próxima visita del Papa León XIV a la Argentina.
Entre los lugares que recorrerá el Pontífice está Cottolengo de la Obra Don Orione donde viven más de 400 personas con discapacidad.
La universidad, por caso, ofrece otro ejemplo de esa tensión. El proyecto prevé aproximadamente $7,5 billones para las casas de altos estudios, mientras el Consejo Interuniversitario Nacional estimó necesidades cercanas a $11 billones.
También persiste la discusión por los salarios docentes, que según análisis citados por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) continúan por debajo del poder adquisitivo de 2023.
Para el Gobierno, la prioridad sigue siendo impedir que el gasto vuelva a desbordar las cuentas públicas en tanto que para rectores, gremios y sectores opositores, el riesgo es transformar el equilibrio fiscal en desfinanciamiento estructural.
Algo semejante ocurre con discapacidad. El proyecto original del Presupuesto 2027 provocó una fuerte reacción por los cambios en pensiones y en el nomenclador de prestaciones.
Después de esas críticas, el oficialismo retrocedió en parte y aceptó preservar aspectos centrales de la emergencia. El episodio muestra que la política económica no transcurre en un vacío: cada número presupuestario termina convertido en tratamientos, medicamentos, transporte, salarios o servicios concretos.
El viejo rey de la canción de Charly
También existe una señal política que vuelve interesante la comparación con el viejo “rey” de Charly.
Según últimas mediciones entre un 35% y 38% aprueba a Milei y entre un 58% y 64% lo desaprueba.
Zuban Córdoba entrevistó a 2.000 personas del 16 al 19 de septiembre y difundió el estudio el 28 de este mes. Según su comparación, la desaprobación subió 1,3 puntos frente a agosto, cuando era de 62,3%.
La agencia Reuters informó los resultados nacionales de AtlasIntel en una nota del 24 de septiembre; en el segmento de menores ingresos, la desaprobación se acercó al 70% y la aprobación quedó por debajo del 30%.
Las mediciones detectaron además una creciente preocupación económica y el fuerte deterioro de algunos indicadores de confianza.
La pregunta que surge, entonces, no es si Milei vive literalmente encerrado en un palacio, sino cuánto logra el Gobierno registrar una realidad social que no siempre coincide con el éxito que atribuye a sus indicadores fiscales.
Es ahí donde la canción escrita por Charly García hace más de medio siglo recupera actualidad. Y no porque se haya anticipado a los tiempos de Milei, sino porque la canción habló de algo mucho más antiguo y permanente: la distancia que puede abrirse entre quienes gobiernan y quienes viven las consecuencias de sus decisiones.
Muchas veces el poder corre el riesgo de convencerse de que su explicación de la realidad es la realidad misma.
En «Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no», incluida en Confesiones de invierno (1973), el rey recuerda la comodidad de su palacio y las diversiones de la corte. Desde allí mira el paisaje, pero desconoce el lugar que gobierna y los reclamos del pueblo.

“Yo era el rey de ese lugar tenia cien capas de seda fina, desde el palacio se veía el mar y en el jardín la corte reía…teníamos sol, vino a granel y así pasábamos los días; tomando el té, riéndonos al fin…”, dice la canción. Y la letra continúa reflejando lo que sucede afuera de palacio: “El pueblo entero pedía comida” y el rey decía: “No los oí, que mil razón, me molestaba su barriga…yo era su rey, así lo dijo Dios (¿las Fuerzas del Cielo?), yo era el amor, la luz divina…”.
La historia habla de un rey que se consideraba una figura providencial. La canción deja ver, en cambio, la distancia entre esa idea de sí mismo y la vida de sus súbditos.
Al final, el cierre del tema invierte la imagen inicial. Ya despojado de sus lujos, el rey queda expuesto y desnudo sin las cien capas de seda fina.
“Estoy desnudo si quieren verme bailando a través de las colinas…”, cierra el tema de Sui Generis.
En ese cierre aparecen la desnudez, las colinas y también la idea de libertad, casi como si recién al caer la estructura del poder el personaje pudiera recuperar una dimensión humana.
Ahí está quizá la imagen más concreta e inquietante para poder leer el presente: cuando un gobierno se distancia demasiado de la vida cotidiana, puede terminar descubriendo que ningún discurso, ninguna arquitectura de poder y ningún éxito estadístico reemplazan para siempre el contacto con la sociedad.
A más de cincuenta años de la canción de Charly que describía aquélla fábula la pregunta es cuánto tiempo puede un gobernante escuchar solamente las voces de su propio palacio sin preguntarse qué es lo que pasa extramuros.
Y, a la vez, vale preguntarse cuanta paciencia puede haber afuera de ese palacio para seguir aguantando los alarmantes índices de pobreza, los recortes a la salud y a la ciencia y el olvido de los jubilados y los discapacitados.