Es inadmisible que indicadores como el aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia no fuercen la articulación de un gran frente que frene las iniciativas libertarias y desplace democráticamente a Milei y su pandilla.
Cuando al promediar la tarde del domingo 8 de noviembre aterrice en el Aeroparque Jorge Newbery, procedente de Montevideo el papa León XIV, lo recibirá un país donde (según el Indec) la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre de 2026.
O sea que de una población que totaliza 46,5 millones de personas, son pobres 15 millones, 2 millones más que a fines de 2025. Y si con anterioridad pudo registrarse alguna tímida tendencia descendente de la mishiadura(que nombrada en lunfardo tal vez suene menos crítica en los refinados oídos de los libertarios) la inflación perseverante fue uno de los factores que la revirtieron. Aunque para Milei sean todas patrañas, ya que hasta las estadísticas oficiales padecerían de cierto izquierdismo inveterado, al papa León XIV lo recibirá un país donde su ministro de Economía (y la virtual totalidad del Gobierno, a coro) asevera sin sonrojarse que si bien las tasas de pobreza y de indigencia (32,3% y 7,5% respectivamente) para el primer semestre de este año fueron 4,1 y 1,2 puntos porcentuales superiores a las del semestre previo, los datos despliegan un espejismo. ¿Por qué? Lo aseguró Caputo: el éxito de la gestión es clamoroso, y bien vistos y mejor analizados son guarismos expresivos de “una fuerte baja en relación al primer semestre de 2024”.
Pero sus palabras no valen, ni siquiera, para mover al asombro. De nuevo: ¿por qué? Porque Caputo apeló al viejo truco aritmético de omitir que 2024 comenzó bajo los efectos de la brutal devaluación del 118% sancionada a mediados de diciembre de 2023, apenas fue puesto a cargo del Ministerio de Economía. Prefiere no dar cuenta de la causa (y la responsabilidad) del descalabro inmediatamente posterior. Esto es de la violenta aceleración inflacionaria, la caída del poder adquisitivo y el consumo, el encarecimiento de la canasta básica y la consecuente elevación hasta las nubes de la pobreza y la indigencia. Y está claro que comparar sin un marco referencial adecuado lo sucedido ahora con lo sucedido entonces, sobre todo durante los primeros meses de 2024, no solamente es un sinsentido, sino que tampoco tiene gracia.
Así es la Argentina que recibirá al papa León XIV. Un país donde casi la mitad de los menores de 17 años, o sea, casi la mitad de los niños y adolescentes, es pobre, y donde el 7,5% de las personas no logra cubrir con sus ingresos una canasta básica alimentaria, es decir que está sumida en la indigencia.
Y algo más: abundan los especialistas que no solo confirman que la franja etaria con mayor fragilidad, la infancia, sigue siendo la más golpeada por la vulnerabilidad socioeconómica, sino que también ponen en tela de juicio estos guarismos oficiales y estiman que aplicando las correcciones debidas, la pobreza llegaría al 45% de la población en el primer semestre de 2026.
Mentiras piadosas
Milei es un admirador incondicional de Trump pero también (a pesar de su novedosa vocación malvinera) de Margaret Thatcher, la responsable de ordenar un crimen de guerra y asesinato masivo premeditado, el hundimiento del Crucero General Belgrano.
Milei sostiene que no es cuestión de pensar a la denominada “justicia social”, aunque se disfrace de “interés general” o de “bien común”, con mero escepticismo y liviandad sino como lo que es, algo aberrante, una estafa o un robo. Y este sendero intelectual que desemboca en el individualismo extremo recibió algunos aportes que sus animadores no se cansan de repetir, como la célebre ocurrencia de Margaret Thatcher, precisamente: “la sociedad no existe, existen los individuos y sus familias.”
Así es la Argentina que recibirá al papa León XIV, un país desbordante de pobres, indigentes y empobrecidos, donde quienes ocupan la máxima jerarquía del Estado nacional jamás, a causa de ignorancia o una cultivada insensibilidad (o absoluta falta de empatía con sus semejantes), no se preguntan por quién doblan las campanas cuando para las mayorías nacionales ha muerto la esperanza.
Milei y sus íntimos prefieren ignorar ese sonido grave, pausado y lánguido; y hacer bromas y rechazar una meditación del poeta y clérigo católico inglés -devenido anglicano- John Donne, que a principios del siglo XVII escribió: “nadie es una isla en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de lo principal… La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por tí”.
Milei regresó de los Estados Unidos el domingo y se fue de nuevo el miércoles, esta vez a París. No tuvo tiempo para pensar por quién doblan las campanas, pero sí para intentar asimilar las malas noticias, como que la pobreza que había comenzado a descender moderadamente (después del pico de 2024) volvió a aumentar, y la tendencia descendente se interrumpió. Apenas de vuelta desde los Estados Unidos concedió una entrevista a Luis Majul, uno de sus periodistas preferidos que frecuentemente suele funcionar como vocero oficioso. Y entonces dijo que hay cambios estructurales en la economía que distorsionan ciertas mediciones tradicionales, y por eso “los indicadores están arrojando cualquier cosa”.
Mentiras verdaderas
Elegante manera de negar total o parcialmente lo manifiesto, esto es, el corolario de la política de transferencia de ingresos hacia los sectores gananciosos del periodo, desde la agroindustria hasta el sector financiero y bancario, pasando por la energía y la minería. Pero Milei dijo también, entre otras cosas, que en la Argentina “no hay recesión, hay desaceleración del ritmo de expansión”, y que logrará sin embargo “cuatro años seguidos de crecimiento”. Agregó que el PBI, las exportaciones y el consumo registran niveles máximos, habiéndose creado más de 510.000 puestos de trabajo, y que el sector energético en general y Vaca Muerta en particular “derraman” beneficios económicos.
Matizada con renovados insultos a la prensa, expuso una serie de números que reclaman un acto de fe, y para negar la crisis argumentó que solamente “hay recesión cuando hay dos trimestres consecutivos de caída”. Añadió también que “los salarios reales son más altos”, que se advierte “más bienestar”, y que “es falso que el consumo no crece”. Sobre la destrucción de la industria nacional justificó: “el consumidor paga por los bienes más baratos y gasta el dinero en otra cosa. Cambió la modalidad de consumo”, y destacó que ahora compra en Temu o en Shein.
Así es la Argentina que recibirá al papa León XIV, con un Presidente que deliberadamente confunde el procedimiento constitucional del juicio político con el mero golpe de Estado, y asegura que le fue necesario (dado que hubo iniciativas parlamentarias para enjuiciarlo) superar siete intentonas golpistasdesde el inicio de su gestión. Y no vacila en difundir algunas extravagancias como que “los analistas políticos son peores que los chimenteros; estos acomplejados de pluma venenosa no dejan de ser chimenteros de cuarta con pretensiones de grandeza”. Y piensa que se prodiga un autoelogio si manifiesta que “nunca les mandé a los periodistas ARCA, nunca les hice operaciones de inteligencia y jamás metí preso a uno”.
Como si a la máxima instancia del poder estatal la distinguiera una suerte de paranoia selectiva, en su momento se difundió la hipótesis de que existían sectores o individuos extranjeros actuando con fines de desestabilización y se endureció la normativa vigente, de modo que las deportaciones formales y rechazos de ingreso ya suman alrededor de 30.000 casos. Milei lo explicó mejor: “Deportamos cerca de 30 mil terroristas. Es decir, gente que se infiltra de otros países para venir a dinamitar el modelo argentino. Eso está pasando”.
Para los libertarios vernáculos es importante preservar la imagen de Milei parecido a un superhéroe siempre ganador, y si participó de la Asamblea General de la ONU y Trump no le concedió una reunión formal o bilateral privada, no por eso habrá que deducir una pérdida relativa de respeto. La claque mediática y política de Milei, consumada la frustración de volver de la Asamblea General de la ONU sin siquiera una fotografía actualizada, apeló a su reservorio creativo y difundió la fakede que Trump, por ejemplo, se abstuvo de ingresar a un salón donde hablaba Milei para no interrumpirlo y distraer la atención de su audiencia. Así ratificó (imaginariamente) un alto nivel de deferencia y respeto por el Presidente argentino.
Recién llegado del peregrinaje por los pasillos de la ONU y en vísperas de abordar su avión hacia París, Milei también habló de la reestructuración de la Quinta Presidencial de Olivos, con el control integral del funcionamiento cotidiano asumido por la Casa Militar. Lo importante, siempre desde la perspectiva del país que está próximo a recibir al papa León XIV, es la explicación presidencial: “la decisión de Olivos se tomó en base a cuestiones de seguridad interna. Hoy la Quinta de Olivos es una base militar. Cuestiones de seguridad mucho más profundas porque tengo enemigos pesados en el mundo”.
El Presidente aumenta su aislamiento: siente que lo acosan peligros demandantes de mayor distancia respecto del entorno local y planetario, que desearía pacífico, manso y tranquilo. Bajó el precio de las especulaciones políticas a raíz de la visita de León XIV (“El Papa dirá lo que tenga que decir, no hay problema”, profetizó) aunque el Vatican News y el arzobispado local estimaran una convocatoria de 1 a 2 millones de creyentes en la Basílica de Luján, y una cantidad apenas algo menoren el Monumento a los Españoles (en Palermo, Ciudad de Buenos Aires).
Ciertamente que para Milei no habrá problema, según dijo, aunque forzosamente habrá de sentirse, con el correr de las horas, cada vez más solo y con su destino incierto.