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¿Y ahora qué?

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Sociólogo Sivinian: “Gaza es un laboratorio del tecnofascismo belicista”

Gabriel Sivinian es un sociólogo que conoce como la palma de su mano la cuestión palestina y el conflicto que desangra a Gaza. Sostiene que en el territorio ocupado por Israel se aplica un experimento “tecnocrático” y “colonial”, en el marco de “un genocidio” mediante la ocupación por tropas del Estado de Israel. En su condición de Coordinador de la Cátedra Libre de Estudios Palestinos ‘Edward Said’ de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, revela que ahora “sólo está en una fase de ralentización el plan de exterminio” de la población gazatí, denunciado por la Relatoría Especial de la ONU e investigado por la Corte Penal Internacional.

Sivinian no vacila en declararse pesimista: la Junta de Paz de la Franja está liderada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Según expresa en una entrevista con Y Ahora Qué?, a la Junta también la componen funcionarios trumpistas y “tecnócratas” palestinos que aceptan “una gobernanza colonial”. Apunta que ni siquiera se acepta “el derecho a la autodeterminación” de los y las gazatíes. El experto dice que tampoco se soluciona la crisis humanitaria, que luce frágil el movimiento por la paz en Israel y que, para colmo, no ceden los anhelos de más “anexiones” territoriales planificadas por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Su débil esperanza radica en un Boicot internacional como el que derribó al apartheid sudafricano. Sostiene Sivinian que podrían sumarse sectores populares argentinos, pero que al Presidente Javier Milei sólo le importa su alianza “geoestratégica” con Trump y Netanyahu.

–¿En qué punto se encuentra la situación en Gaza? ¿Se aplica el Plan de Paz?

–Sivinian: Mi visión del Plan de Paz es pesimista. Más allá de cierto alivio que ha alcanzado a la población palestina, particularmente en Gaza, creo que hay que contextualizar de dónde surge este plan. Es una propuesta de 20 puntos presentada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acogida en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a través de la resolución 2803 de noviembre de 2025. Contó con 13 votos a favor y la abstención de Rusia y de China.

–¿Qué fase del Plan se está cumpliendo?

–Sivinian: Estamos transitando y cerrando la primera etapa. Su objetivo principal es alcanzar el alto del fuego y agilizar, y promover, la ayuda humanitaria. En ese sentido, debía cumplirse el cese de las operaciones militares y la congelación en las líneas del frente.

–¿Opera el alto el fuego?

–Sivinian: No se ha cumplido. De hecho, más de 1.100 personas han sido asesinadas entre la población palestina de Gaza. Y esa línea de frente, se debió haber congelado en el 53 por ciento del territorio ocupado por el Estado de Israel a través de las fuerzas militares. Pero supera ya el 65 por ciento. La entrada de ayuda humanitaria es parcial. Está sujeta a bloqueos recurrentes. Es insuficiente.

–¿Se liberó a prisioneros?

–Sivinian: Sí, se ha cumplido la liberación de los prisioneros, particularmente los israelíes. Han sido liberadas aquellas personas que estaban vivas. Y para el caso de las personas fallecidas, sus cuerpos han sido devueltos. Y también se ha liberado una parte de los prisioneros palestinos. No hay que olvidar que más de 9.000 personas están en cárceles israelíes. Insisto: el tema del repliegue ha sido parcial. Lo que vemos en esta fase es una ralentización de la maquinaria de exterminio israelí que ha traído algún alivio.

–¿La situación humanitaria sigue en estado crítico?

–Sivinian: No se ha solucionado, por supuesto, la situación humanitaria en Gaza, ni mucho menos. Lejísimo estamos de eso. Estaríamos entrando en la segunda fase con la desmilitarización y la seguridad. Y hay un punto álgido que se está debatiendo en estas horas y es el desarme de los grupos armados palestinos en función de organizar una fuerza internacional de estabilización. Una fuerza que asegure el orden público.

–¿Una fuerza de seguridad de qué tipo?

–Sivinian: Una fuerza internacional de estabilización respaldada por la ONU. Un cuerpo multinacional compuesto por efectivos de distintos países, como Indonesia, Albania, Kosovo, Kazajistán, Marruecos. Y la conformación de una policía palestina que sería entrenada por Egipto y Jordania. Se contempla también la retirada de las fuerzas israelíes de la propia franja de Gaza. Todo esto bajo la supervisión de una Junta de Paz y de mediadores Internacionales.

–¿Quiénes manejan la Junta de Paz?

–Sivinian: No hay que olvidar que la Junta de Paz está presidida por el presidente Trump y está integrada por Marco Rubio, secretario de Estado de los EE.UU. y por Tony Blair, ex Primer Ministro del Reino Unido. También por los asesores Jared Kushner y Steve Witkoff, conocidos en la región del Medio Oriente. Y hay una serie de tecnócratas, como el presidente del Banco Mundial (ndr: Ajay Banga), el director de un Fondo de Inversiones especializado en bienes raíces y una serie de funcionarios del orden internacional al servicio de los intereses estadounidenses.

–¿No hay autoridades palestinas?

–Sivinian: Sí, hay una gobernanza operativa que sería el gobierno tecnocrático palestino. Pero está sujeto, obviamente a las órdenes y a la supervisión de la Junta de Paz. Así que lo que tenemos a la vista, claramente, es un gobierno colonial en pleno Siglo XXI, contemplado en la segunda etapa del proyecto. Creo que el pesimismo tiene que ver con el enfoque y el abordaje que se da a la cuestión de Palestina. Es recurrente y se enfoca desde el punto de vista humanitario.

–Entonces ¿lo humanitario sigue descuidado?

–Sivinian: Por supuesto, es un enfoque posible porque hay una crisis crónica. Agravada por esta etapa de exterminio del genocidio que se ha desplegado luego de los ataques (ndr: de Hamás) del 7 de Octubre de 2023, sobre las poblaciones del sur israelí. Hay un enfoque también del desarrollo económico que es posible y tiene asidero con la promoción de inversiones, la llegada de empresas, el crecimiento en función de mejorar la calidad de vida de la población palestina.

–¿Y el enfoque político de la cuestión palestina?

–Sivinian: Hay un enfoque político que remite a un acuerdo de paz negociado entre partes que participan de un conflicto. En algún momento tiene que haber negociaciones, sobre todo en función de la devastación que han padecido la Franja de Gaza y los territorios palestinos ocupados. Incluso hay enfoques sobre los Derechos Humanos, que denuncian las violaciones sistemáticas, que son previas al 7 de Octubre. Denuncian un sistema de apartheid.

–¿Cómo argumentás tu pesimismo?

–Sivinian: Lo que se pierde de vista, y aquí radica mi pesimismo, es que la cuestión de Palestina debe abordarse desde el derecho internacional. Hay un principio fundamental que es el de la libre determinación de los pueblos, sancionado en el artículo 1 de la Carta de Naciones Unidas. Y en el artículo 1 de los Pactos Gemelos de los Derechos Humanos: son el pacto internacional de derechos económicos sociales y culturales y el pacto internacional de derechos civiles y políticos. También están los convenios de Ginebra en el marco del derecho internacional humanitario.

–¿Qué es lo esencial que no se cumple con Palestina en materia de derecho internacional?

–Sivinian: El derecho a la libre determinación. Y este proyecto de gobernanza colonial es una profundización. No se cumple, porque lo que no se percibe, o por lo menos lo que no se concibe, es que estamos asistiendo a un proyecto de colonialismo, de asentamiento, que el movimiento sionista viene desplegando desde finales del siglo XIX y cuando constituyó su Estado en 1948. Lo continúa desplegando. En tanto y en cuanto este proyecto de colonialismo no cese y no repare los daños infligidos, la cuestión de Palestina no tendrá resolución porque el pueblo no habrá podido ejercer su derecho a la libre determinación.

–¿Hamás es representativo de los intereses del pueblo palestino?

–Sivinian: Creo que hay que pensar la representatividad de las fuerzas políticas y sociales palestinas no en función de los modelos que aplicamos en nuestras sociedades, a través de encuestas políticas o sondeos de opinión. Encuestas que existen y se realizan en el territorio palestino ocupado. Pero no hay que perder de vista que el pueblo está atravesando hoy en día la etapa de exterminio de un proceso social genocida que lleva décadas. Un genocidio genera heridas muy profundas que destruyen el tejido social, los lazos comunitarios. la propia cultura de un pueblo. Nosotros, como sociedad argentina lo sabemos.

–¿Te referís a los crímenes de la dictadura?

–Sivinian: Estamos transitando el año del 50 aniversario del golpe cívico militar, permanentemente volviendo sobre sobre esa huella, sobre esas heridas. Y representando lo que eso ha significado para nuestra sociedad, proyectando el futuro en función también de nuestro devenir. Creo que no hay que perder de vista que el genocidio genera un trauma colectivo, desgarramientos en términos familiares y de las comunidades. Genera dificultades para realizar los duelos individuales y colectivos. Promueve también silencios que a veces son totales y otras son parciales. A veces son temporales. También promueve reivindicaciones de aquellos que ya no están.

–¿Hay un fenómeno paralelo de negar el genocidio?

–Sivinian: Todo genocidio enfrenta el negacionismo del perpetrador. A veces es absoluto y a veces es relativizado. Conocemos aquí la teoría de los dos demonios. El genocidio también se transmite en términos generacionales. Es un proceso que lleva su tiempo, que lleva décadas. Si uno revisa la historia palestina, el pueblo atravesó cada vez un trauma significativo. Por ejemplo, la Nakba (ndr: desastre), producto de la derrota de la gran Revolución Palestina de 1936 a 1939, con la instauración en 1948 del Estado de Israel en su territorio. El saldo fue de más de 15.000 personas asesinadas y 750.000 desplazados de manera forzada. Algunos desplazados internos y muchos desplazados a los países árabes vecinos.

–¿Cuánto territorio perdieron los palestinos?

–Sivinian: El 78 por ciento del total, en función de la instalación del Estado de Israel. Y la ocupación del 22 por ciento restante por países árabes como Egipto y Jordania. Ese trauma se procesó en la generación siguiente. En términos de representación política surgió la Organización para la Liberación de Palestina, la OLP, de tipo político-militar plural. En ella convivían sectores del nacionalismo popular revolucionario, sectores panarabistas, sectores marxistas, que representaban al conjunto del pueblo palestino.

–¿La OLP aparece como reacción al desplazamiento y sus víctimas?

–Sivinian: Del resultado del trauma surge la OLP. Es la reorganización de la sociedad palestina en su estamentos sociales, políticos, culturales, incluso militares. En 1967 (ndr: Guerra de Los Seis Días), se produce una recaída, la Naksa, que también provocó un trauma significativo. Es la ocupación de la totalidad de Palestina, con otro conjunto de cientos de asesinados, la destrucción de aldeas, el desplazamiento de más de 300.000 personas. Unos de manera interna y otros expulsados fuera de las fronteras de la Palestina histórica.

–¿Hubo ahí un germen del proceso actual?

–Sivinian: En la generación siguiente, surge el movimiento que dio origen a la Intifada, con esa imagen icónica de los niños enfrentando a los tanques con piedras. La rebelión de las piedras. Un movimiento de base autogestivo, organizado a través de comités locales regionales y finalmente nacionales. Se generó una resistencia civil no violenta, y la desconexión con la economía de la ocupación israelí. Fue una organización democrática.

–¿Suponés que ahora hay otro embrión de levantamiento?

–Sivinian: No sabemos cómo se procesará este trauma colectivo. En los cualitativo, es sumamente más significativo por la cantidad de personas asesinadas, por la devastación de Gaza. Se avanza también en Cisjordania en campamentos de refugiados, con los mismos métodos aplicados en Gaza. Se acumula a los traumas previos, a la propia historia de la resistencia al colonialismo del asentamiento sionista. Medirlo en términos como nosotros estamos acostumbrados a pensar la representatividad política, en principio, me parece improcedente. Es un pueblo enfrentando, ni más ni menos que un genocidio.

–¿Coincidís en que sólo la sociedad israelí puede poner un freno con una derrota política interna del primer ministro Benjamín Netanyahu?

–Sivinian: Lamentablemente, al interior de la sociedad israelí el otrora llamado campo de la paz, que agrupó a movimientos pacifistas, organizaciones de la sociedad civil, partidos de izquierda y movimientos de Derechos Humanos, ha quedado reducido a una mínima expresión. Así lo expresa la composición del actual parlamento israelí. Lejos estamos de aquellas manifestaciones populares multitudinarias, como la de 1982, cuando se reunieron más de 400.000 personas en repudio a las masacres de Sabra y Chatila en el Líbano. Se exigía la dimisión del Gobierno israelí, argumentando la corresponsabilidad en ese crimen.

–Cada tanto hay protestas en Israel ¿Considerás que son minoritarias?

–Sivinian: Tienen expresión, son muy valiosas, como las manifestaciones de B’Tselem (ndr: Centro de Información en Derechos Humanos), de organismos de derechos humanos y de Médicos por los Derechos Humanos de Israel, que han denunciado el genocidio. Hay un título que es conmovedor del informe de B’Tselem que se llama ‘Nuestro genocidio’. Un título realmente muy significativo porque no se corre de la pertenencia a esa sociedad, dando a entender que parte de la sociedad también tiene algún grado de responsabilidad en lo que está sucediendo en Gaza, en Cisjordania, en los territorios ocupados.

–¿No ocurre que, por el contrario, la acción militar suma más fuerza?

–Sivinian: Un indicador es que hay funcionarios que han promovido directamente el exterminio. La intencionalidad de cometer ese crimen. Nos resuenan todavía frases aterradoras como las de Netanyahu, comparando al pueblo palestino con los amalequitas (ndr: pueblo nómade bíblico enemigo de los israelitas) a los cuales había que exterminar, o las de Yoav Gallant, exministro israelí de Defensa. Ambos hablaron de ‘animales humanos’ para calificar a palestinos y están procesados ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

–¿Considerás una posibilidad, aunque sea remota, de una conflagración atómica en la región?

–Sivinian: El Ministro de Patrimonio israelí, Amichai Eliyahu, no descartó la opción de un ataque nuclear sobre Gaza (ndr: Netanyahu lo desautorizó). Hay que recordar infinidad de voces de la sociedad civil israelí que acompañan. Ni hablar de los ministros extremistas, como Itamar Ben-Gvir, de Seguridad Nacional, o Bezalel Smotrich, de Finanzas. Han sido sancionados, incluso, por países como el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Bélgica, históricos aliados y sostenedores del Estado de Israel. Los acusan de fomentar abusos de los Derechos Humanos, o por sus discursos de odio o por el llamado a bloquear la ayuda humanitaria. Que todavía ejerzan funciones nos habla de cuál es el consenso y el estado en términos morales de esa sociedad.

–¿No surgen voces fuertes en oposición?

–Sivinian: Por supuesto, hay sectores que son sumamente rescatables, muy valiosos, porque están dando la pelea en condiciones absolutamente desfavorables. Realmente son parámetros muy altos en el sentido de la integridad moral y ética.

–¿Cómo se agudizó el discurso de odio, con un pasaje al acto?

–Sivinian: Creo que tiene que ver con una retórica de la deshumanización de los palestinos. Esta retórica hunde sus raíces muy lejos en el tiempo, en el discurso orientalista. Ya lo analiza Edward Said (ndr: crítico literario y activista). Dice que esta retórica de aniquilación tiene un consenso, lamentablemente, muy significativo. Desde la propia sociedad israelí resulta dificultosa de ver, por lo menos en estos en estos tiempos. Mucho más a partir de los ataques del 7 de Octubre de 2023, del asesinato de más de 1.200 personas, de la toma de prisioneros civiles. De los crímenes por los cuales también ha sido procesada la propia cúpula de Hamás. Solo que han sido asesinados y no deberán rendir cuentas ante la Corte Penal Internacional.

–Si no hay solución interna en Israel ¿debería ser de tipo bélica?

–Sivinian: No creo en una salida militar. Lo digo desde la propia convicción. Una escalada de tipo militar lo que va a poner en riesgo es, justamente, la propia existencia del pueblo palestino. Ya sabemos que los exterminios y genocidios se han desarrollado en el Siglo XX en conflagraciones bélicas regionales, e incluso mundiales. En la Primera Guerra Mundial con el crimen sobre los armenios y las minorías cristianas del Sultanato Turco Otomano. En la Segunda Guerra Mundial con el crimen sobre las minorías europeo-judías de distintas nacionalidades, identidades políticas y en términos de género y disidencias.

–¿Nada menos aconsejable, entonces, que esperar soluciones militares?

–Sivinian: Cualquier conflagración de tipo bélico ampliada, lo único que va a hacer es generar más sufrimientos, más devastación y el riesgo de aniquilación del pueblo palestino. Y de poblaciones de los Estados vecinos. Se pondría en riesgo a toda la región y sus pueblos.

–¿De qué manera podrían contribuir a una solución los sectores populares de Argentina?

–Sivinian: Un camino al cual podemos aportar desde nuestra Argentina es apoyar la campaña del Boicot, Desinversión y Sanciones, el Movimiento BDS. Se inspira en la que fue organizada en su momento para luchar en contra del apartheid en Sudáfrica. Está promovida por el Comité Nacional Palestino de 170 organizaciones de la sociedad civil. Se apoya en el derecho internacional. La Corte Penal Internacional, en julio de 2024, estableció que el Estado Israel está cometiendo el crimen de apartheid. La ocupación de los territorios palestinos es ilegal con el emplazamiento de más de 700.000 colonos. Lo es también el desplazamiento y expropiación del pueblo palestino. Hay informes de la Relatoría Especial para los territorios y también de Amnistía Internacional. La lucha debe pasar por apoyar el Boicot y abogar por el Campo de La Paz y que se pueda encauzar una propuesta progresista al interior de la sociedad israelí. Pero, bueno, esto es más una expresión de deseos que un escenario posible a corto plazo.

–¿De qué modo influyen en Gaza otros conflictos desatados en la región?

–Sivinian: Existe interconexión entre los sucesos en la Franja de Gaza, el Líbano e Irán, e incluso en Ucrania. A nivel global, son distintos escenarios pero interdependientes. Al focalizar en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, está el proyecto de construcción del Estado de Israel. Cuando en 1948 se expulsa a más de 750.000 palestinos, se retiene y absorbe a unos 350.000 nativos originarios. Constituyen un 20 por ciento de la población que se ha mantenido en el tiempo. Pero no les han dado los mismos derechos. Vivieron bajo Ley Marcial hasta 1966. Luego se les otorgó la ciudadanía israelí, más no la nacionalidad. Israel se define como Estado Nación del pueblo judío. Esto constituye un régimen de apartheid. Viven en el mismo territorio pero los residentes tienen estatus jurídicos diferentes. En 1967, se conquista ya la totalidad de Palestina, más el Sinaí egipcio y las Alturas del Golán sirio. Pero esto implica incorporar a más de un millón de palestinos y palestinas, sin la ciudadanía. Comienza el plan de colonización de Cisjordania con Jerusalén Oriental incluido.

–¿Se han diferenciado diferentes gobiernos israelíes en estos planes?

–Sivinian: Atraviesan distintas administraciones y por eso son políticas que llevan décadas. Está el Plan Alón, que simboliza la colonización bajo el laborismo o el Plan Sharon, que expresa la colonización bajo el Gobierno del Likud. En los acuerdos de Oslo, Israel retiene el 60 por ciento del área como control militar exclusivo. Hay 700.000 colonos israelíes establecidos de manera ilegal, según la Corte Internacional de Justicia ¿Cuál es el problema? Que el Estado de Israel quiere la tierra pero no quiere su población originaria. O, en todo caso, puede absorber una parte muy mínima.

–¿Qué pasó con la amenaza de expulsar a la población gazatí?

–Sivinian: Por suerte no llegó a concretarse la expulsión de más de dos millones de gazatíes a Egipto, a Jordania, a Somalilandia. El otro escenario es el de conformar el Gran Israel, con el cual Netanyahu se identificó públicamente en una entrevista en 2024. Se asocia al ideario del fundamentalismo nacionalista y religioso ¿Dónde termina? Presupone la anexión de Cisjordania, con Jerusalén Oriental como capital única e indivisible, contrariando las resoluciones de Naciones Unidas. Presupone la Franja de Gaza. En versiones de los ministros más extremistas, llegaría hasta Damasco, territorios del Sur de Líbano y desde el Nilo hasta el Éufrates para cumplir una promesa bíblica de la tierra prometida.

–¿Se puede imaginar tanta expansión?

–Sivinian: Estas especulaciones tienen cabida porque Israel no ha definido sus fronteras. Ahí hay un segundo factor que es regional y que entra en colisión con los Estados vecinos, con Siria, con Líbano e incluso con Estados que están más allá. Hay 2.400.000 palestinos en Jordania, un millón de palestinos y palestinas viviendo entre Siria y Líbano.

–¿Cómo influye el conflicto con Irán?

–Sivinian: El belicismo expresado en el marco de la guerra de Irán ha fracasado sobre todo por la prolongación del conflicto, por el desgaste de este enfrentamiento, en el marco de la guerra asimétrica planteada por Irán. También por los efectos económicos sobre Estados Unidos y Occidente, por la falta de consenso que ha tenido esta guerra, particularmente en la opinión pública estadounidense. Esto claramente afecta a la primacía de Estados Unidos en la región e interpela la superioridad militar israelí y la posibilidad de dar forma este proyecto del Gran Israel.

–¿Cómo entender el respaldo absoluto de Javier Milei a Trump y Netanyahu cuando la Argentina ha sido pilar diplomático histórico de no injerencia y pacifismo?

–Sivinian: Claramente nuestro país se ha alejado de las tradicionales posturas multilaterales en los conflictos internacionales. Esto se debe a la alianza geoestratégica mantenida con Estados Unidos e Israel. Para el caso de la cuestión de Palestina se verifica en el abandono al acompañamiento de la solución de los dos Estados. Este también había sido un posicionamiento histórico. Se fundamenta a partir de la resolución 242 de Naciones Unidas en 1967.

–¿No transgrede también Argentina sus posturas en favor de los Derechos Humanos?

–Sivinian: No está respetando el paradigma internacional de los Derechos Humanos, del cual ha sido referente en todo este tiempo. Sobre todo a partir de los juicios de lesa humanidad, en contra del Terrorismo de Estado y en favor de Memoria, Verdad y Justicia, ante un genocidio en curso. Hay investigación abierta ante la Corte Internacional de Justicia por denuncia de Sudáfrica en contra del Estado de Israel e informes de relatorías y comités. Argentina adoptó en 1956 la convención para la Prevención, y subrayo esta palabra: prevención, además de Sanción, del Delito de Genocidio. Y la incorporó al texto constitucional en 1994.

–¿Pensás que Milei es capaz de llegar más allá aún?

–Sivinian: Es cierto que no se llega al suministro de armas o al financiamiento, como Estados Unidos y países europeos, como lo denuncia la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, en su informe ‘Un crimen colectivo’ en Gaza. Pero sí apoyar diplomática y políticamente un Estado que lo está cometiendo. Se concibe que Palestina es como un laboratorio tecnológico del tecnofascismo belicista y de un sistema de vigilancia y de control permanente a través de la Inteligencia artificial. Está puesto al servicio de la industria bélica. Y no solamente en Gaza. Un descarte humanitario a partir de la potencia ocupante: en casi tres años, hay más de 74.000 víctimas directas, más de 174.000 heridos. Un tercio son niñas y niños. Y la devastación misma. De lo que allí resulte, va a terminar siendo un punto inflexión en la historia de la humanidad. Un antes y un después de Gaza.

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