El presidente de los Estados Unidos y su colega argentino forman una pinza de agresiones que interfieren en la elección de octubre, pero no cambian los nueve puntos de ventaja del presidente. Las ideas de campaña y el vice de Flavio Bolsonaro, un acusado por violación.
Cuántos dedos hay en la campaña electoral de Brasil, a la que le quedan casi exactamente dos meses. Javier Milei, tal vez por telecomando, siguió subiendo el tono de sus insultos al colega brasileño. Donald Trump, el dueño del control remoto, le retiró la visa a la embajadora brasileña en Washington, un obscuro paso protocolar/legal justo a un centímetro de echarla como persona non grata. Lula da Silva reaccionó a ambos ataques como hace siempre, tranquilo, digno y con la clara definición de que son intervenciones extranjeras en las elecciones nacionales.
El ataque a la embajadora Maria Luiza Ribeiro Viotti tiene como excusa un precioso moco del mismo Donald Trump. Resulta que en temas diplomáticos, es costumbre avisar en privado a quién manda uno de embajador, para que el gobierno anfitrión pueda cuestionar el nombramiento si tiene problemas. Por ejemplo, un gobierno autoritario puede pedir que no le manden un activista en derechos humanos, o un gobierno -el de Milei, por ejemplo- puede pedir que no manden a alguien que se la pasaba hablando mal de Argentina en las redes. La idea es que el rechazo, si lo hay, no sea público, no suba a incidente bilateral. Si todo está bien, el gobierno anfitrión concede un “agrément”, así en francés, y el futuro embajador puede ser anunciado en público.
Pero Trump ni sabe de estas cosas y anunció por la libre que iba a mandar a un tal Daniel Pérez, ignoto legislador provincial sin experiencia conocida en el tema. Esto cayó fatal en Brasilia, primero por la indiscreción que sonaba a imposición, y segundo por la impresión de que les mandaban un cuatro de copas. Está bien que todo el mundo sabe que hay embajadores políticos y no es indispensable que sean de carrera, pero los aportantes de campaña, los minion, se mandan a paisitos o a aspirantes a colonia, como la Argentina de hoy.
El Departamento de Estado, la Cancillería de allá, fue literal al decir que la sanción a la embajadora fue en reciprocidad por la falta de agrément. Una fuente les dijo a periodistas brasileños que si Lula seguía sin aceptar a Pérez, no se descartaba expulsar a su embajadora y reducir el nivel de relaciones. Esto es: no aceptamos que la pifiamos y si no va Pérez, no va nadie. Diplomáticos norteamericanos les filtraron a empresarios brasileños que “esto es el comienzo” y se supo que Trump incluyó el nombre de Pérez en una lista de 19 embajadores que mandó a su Senado para que los aprueben. El Naranja está emperrado en que Lula de marcha atrás y se humille.
En exactamente esta situación estamos los argentinos con Brasil, con las relaciones de los dos socios comerciales rebajadas a encargados de misión. Después del show derechista de Milei en el lanzamiento de campaña de Flabio Bolsonaro, Lula había llamado a su embajador, Julio Bitelli. Esta semana, después de que nuestro presidente siguió insultando, se decidió que el diplomático no vuelva a Buenos Aires y la cosa quede en el segundo nivel.
¿Qué ganamos? Esto, pelearnos con un país indispensable.
Campañas
El domingo pasado Lula lanzó su séptima campaña electoral. Tiene ochenta años cumplidos pero no sólo se bancó el largo acto en el Expo Center Norte de San Pablo, sino que habló por una hora y diez minutos. Si alguien pensaba que el PT no tiene plataforma, basta escuchar al presidente, que habló de un cambio completo de rumbo para un cuarto mandato. “No quiero ser apenas el presidente de la Bolsa Familia” dijo, en referencia al formidable plan social que sacó al Brasil del mapa del hambre de la ONU. Era un claro reto a sus aliados y funcionarios, a los que les viene pidiendo propuestas audaces para la campaña y el futuro gobierno.
“Se acaba el Lula Paz y Amor de la campaña del 2002”, dijo con una sonrisa. “¡Se viene el Lulita Turro!”.
Y ahí empezó a discutirles a varios sectores. El primero fue el Congreso, por el duro tema de las Enmiendas Parlamentarias que generan enormes gastos y están llegando a un nivel y a un número peligroso. “Nos vamos a pelear”, avisó Lula. Y después dijo clarito algo que viene insinuando y haciendo desde hace tiempo, la inversión en defensa. “Quiero pedirle a la izquierda que la corten con esa tontera de que no hay que preocuparse por la defensa. Ya sé que tenemos el trauma de la dictadura militar pero, gente, el tiempo pasa…” El final del tema fue lapidario: “hay que estar preparados para que nadie nos invada y se lleve al presidente”.
Lula siguió con el tema de las tierras raras, abundantes en Brasil, y la necesidad de agregarles valor y no simplemente exportarlas en crudo. Y después tuvo para reírse con un errorazo de los organizadores del acto. Fue cuando hablaba de su plataforma feminista y señaló que no había ni una mujer entre los oradores del acto. Ahí la invitó a su mujer, Janja da Silva, y se sentó a escucharla. Y después agregó que “los violentos tienen que elegir, o me votan o le pegan a la mujer. Si les pegan a sus mujeres, que no me voten”.
Lo que no mencionó Lula fue el creciente caso del fraude en la Seguridad Social, que implica a su hijo Fabio, el Luliña, y a un aliado de muchos años, Marco Aurelio Santana Ribeiro, su ex Jefe de Gabinete, que esta semana renunció a su puesto en el equipo de campaña del PT. Lo de Luliña es medio difuso, cosa de portación de apellido, pero el caso contra Ribeiro es más duro. Resulta que la Policía Federal descubrió que una empresaria financiera, Roberta Luchsinger, le había prestado 249.000 reales, casi 50.000 dólares. Luchsinger es socia y lobista del empresario Antonio Carlos Camilo Antunes, conocido como “el pelado de la Seguridad Social” y muy involucrado en el desvío de fondos jubilatorios a inversiones cuestionables.
Ribeiro afirmó que el préstamo era eso, un préstamo personal, y que ya lo había devuelto por transferencia bancaria. Lo que no aclaró era para qué había pedido el dinero ni por qué se lo había pedido justo a Luchsinger. El político no está acusado de nada, pero renunció porque el caso le ofrece una entrada a la derecha.
Que fue exactamente lo que vio Flavio Bolsonaro, el rival ultraderechista que esta semana finalmente nombró candidato a vicepresidente. Se esperaba que la segunda parte de la fórmula fuera una mujer, cosa de ablandar la imagen de misógino del presidenciable, pero el puesto fue para el diputado Alfredo Gaspar, un alagoano de 55 años que piloteó la comisión de investigación del caso de la Seguridad Social en el Congreso. Gaspar dijo públicamente que Luliña era un delincuente y pidió que la Cámara presentara cargos, pero el voto fue en contra.
¿Y el tema mujeres? Bien, gracias: Gaspar está seriamente acusado de haber violado a una jovencita en situación de calle.
Michelle Bolsonaro, mujer del encarcelado ex presidente Jair, fue lanzada oficialmente el domingo pasado como candidata a senadora por Brasilia. Allá fue Flavio, su entenado, a hablar en el acto, pero se quedó con las ganas de la foto de la reconciliación porque Michelle faltó con aviso. Resulta que ese mismo día se despertó con una fuerte jaqueca y terminó internada para “un bloqueo anestésico de los nervios craneanos y pericraneanos”. Hasta mandó una foto en la que, muy bien peinada, se le ve en la cama del hospital.
Para que no piensen mal, Michelle mandó una carta que leyó en el acto su hermano, Diego Torres, donde dice que Flavio es “nuestro futuro presidente” y que va a trabajar con él “para evitar que el mal continúe castigando a nuestro pueblo”. Pero se le escapó una cuando escribió que Flavio es candidato sólo “porque lo eligió mi marido” ¿No tiene nada más que decir?
Mientras, el resto del arco conservador brasileño, el Centrón, oficializó su distancia con Flavio. Todos están presentando candidatos propios en todos los niveles y aliados históricos como el Partido Republicanos anunciaron que son neutrales en la presidencial. Este fracaso puso al hijo del golpista en la obligación de elegir un vice de su propio partido y lo obliga al silencio sobre el tema en campaña. Es que cuenta con los votos del sector para una segunda vuelta con Lula.
A todo esto, la última encuesta del estudio Genial/Quaest, publicada este jueves, muestra que Lula mantiene la ventaja sobre Flavio. En la primera vuelta le lleva nueve puntos, 39 a 30, y en la segunda le gana por cinco, 44 a 39.
Guerra aérea
La Policía Civil de Río de Janeiro acaba de crear la Coordinadora de Operaciones con Aeronaves no Tripuladas para combatir a la fuerza aérea de los narcos. El detonante fue un bombardeo con un dron que dejó dos heridos en la favela Dos Dourados, en la zona norte de la ciudad. La favela es controlada por el Comando Vermelho y disputada por el Terceiro Comando Puro, una banda rival. Los heridos estaban en la calle armando una piñata para un cumpleaños, y nadie sabe si eran el objetivo o fue un error.
La cosa es que ya es el séptimo ataque aéreo narco con drones desde marzo. Los narcos los usan para intimidad vecinos, atacar a rivales o bombardear policías. La coordinadora recién fundada reúne pilotos y agentes de inteligencia para ver cómo controlar este inesperado desarrollo.
Memoria y justicia
Brasil no tuvo juicios por la memoria, sus generales no vieron el interior de una celda. No es algo específico de los brasileños, ya que Argentina es, en esto, una excepción a nivel internacional. Ni amnistías, ni reconciliación, ni blanqueos, fueron una forma de construir una democracia.
Una forma, parece, contagiosa y creadora de antecedentes jurídicos, como los que usó el Tribunal Regional Federal de la Segunda Región al condenar en primera instancia al ex sargento Antonio Waneir Pinheiro, un torturador conocido como El Camarón, por violación. El Camarón tiene ahora 83 años y fue denunciado por una ex detenida, la empleada bancaria Inés Etienne Romeu, a la que golpeó, humilló y violó durante los 96 días que estuvo detenida en la Casa de la Muerte, una cárcel clandestina de Río, en 1971. Pinheiro recibió una condena de doce años y once meses de prisión.
Es la primera vez que un tribunal condena a un agente del Estado por violencia sexual en este contexto. La denunciante murió en 2015, a los 72 años de edad, con el largo proceso en marcha.
Pero lo relevante del caso es que la jueza federal Maria Isadora Frazao tipifica el caso como de crímenes contra la humanidad. Explícitamente, la magistrada afirma que ninguna amnistía cubre este tipo de delito. El Camarón anunció que va a apelar.