El rechazo a la extranjerización de tierras y a los cambios en las normas sobre manejo del fuego llegó tras el impulso de nacionalismo democrático que floreció la bandera de Malvinas que recogió y acomodó Giovani Lo Celso. Una encuesta de la Fundación Ebert y Latinobarómetro muestra, además, que la Argentina es el país de la región donde más peso tiene la defensa de la soberanía como prioridad de política exterior. De aquí a fin de año, se cruzarán con la política doméstica las elecciones en Brasil y Estados Unidos y la visita de León XIV, para quien la justicia social es un valor y no, como dice Milei, un crimen.
Si el pueblo argentino anda estos días con la autoestima alta, rapidito debería resolver dónde pone una placa que diga esto: “El 7 de agosto de 2026, para no chocar con el repudio masivo, el Senado votó una ley que no incluyó ni la extranjerización de tierras ni el cambio de las normas sobre manejo de fuego”. Es un poco larga, sí, pero a veces conviene explicar las cosas en lugar de resumirlas con brutalidad. Hay otra variante. En un país tan afecto a los monumentos, el pueblo podría erigir tres. Uno a Giovani Lo Celso. Otro a Lali. Un tercero a Emilia Mernes.
Que se sepa, Lo Celso no es un militante político. Recibió en la final con los ingleses la bandera “Las Malvinas son argentinas” y al toque la estiró sobre el césped. Pero protagonizó el inicio de la mayor difusión histórica de una causa nacional, por masividad y penetración en medio de una Copa del Mundo. San Giovani. Con una ene y no con dos, porque así lo anotaron sus padres hace 30 años en Rosario.
Lali y Mernes, entre otras y otros artistas populares, le pusieron el broche a un clamor tan fuerte que, como cuenta María Fernanda Ruiz en esta misma edición, hasta le hizo perder a un proyecto de ley su nombre original. Pasó de la inviolabilidad de la propiedad privada a “Ley de Extranjerización de Tierras” o, simplemente, “Ley de Tierras”.
¿Se habría caído igual el proyecto de Su Excelencia Javier Milei sin los hinchas que entraron con la bandera disimulada en la ropa y sin el gesto de San Giovani que acompañaron el Cuti Romero, el Licha Martínez, Leandro Paredes y una buena parte de la Selección?
“Tuvimos el Mundial”
“Esta ley vino un poco endiablada, en primer lugar porque ya hacía tres meses que la estábamos tratando y en el medio tuvimos que parar el Congreso un tiempo hasta definir la decisión de Adorni”, trató de explicar después del fracaso Patricia Bullrich, jefa del bloque de senadores libertarios. “Eso nos paró dos sesiones importantes. Después tuvimos el Mundial y fue casi imposible poder trabajar con la gente explicando la ley”.
“Tuvimos el Mundial”, claro, termina siendo un eufemismo para el banderazo en el estadio de Atlanta, Georgia, visto por miles de millones en directo y replicado de inmediato en las redes sociales de todo el planeta. Una clase de política exterior y diplomacia pública para el canciller Pablo Quirno y el cónsul en San Pablo Luis Kreckler.
Bullrich, según trascendió, está enojada con el ninguneo a sus aliados por parte del senador violeta Joaquín Benegas Lynch, el guitarrista de la banda presidencial. Benegas Lynch, directivo de la empresa de venta de tierras a extranjeros Glocal Terra, tildó a los amigos de LLA de tibios. No es poco importante el conflicto de intereses, pero sí sería pueril quedarse en el destrato como explicación de la derrota oficialista en extranjerización y normas sobre qué se puede hacer y qué no después de un incendio.
Y ahora qué tuvo acceso a un interesantísimo estudio de opinión encomendado por la Fundación Ebert, que puede descargarse completo aquí. El nombre es Amlat Radar 2026 y el título dice: “Navegar la incertidumbre. Miradas latinoamericanas sobre Europa y el mundo”. La Ebert lo encargó a Latinobarómetro, que realizó y procesó 12 mil entrevistas en diez países de América Latina, 1.200 de ellas en la Argentina, entre el 3 de octubre y el 18 de noviembre de 2025. La investigación interrogó sobre emociones, guerras, potencias mundiales, Europa, integración regional y prioridades de política exterior. En la planificación y la evaluación estuvieron los especialistas Guadalupe González, Monica Hirst, Carlos Luján, Carlos A. Romero y Juan Gabriel Tokatlian.
Soberanía y comercio
El capítulo 5 se llama “América Latina: agendas fragmentadas y prioridades dispersas”. Cuando preguntaron por prioridades de la política exterior, los encuestadores obtuvieron estas dos respuestas en la Argentina:
*Defender la soberanía nacional fue la prioridad para el 56 por ciento.
*El 54 por ciento señaló que también era importante promover el comercio.
Un dato interesante es que el 56 por ciento argentino es el porcentaje más alto de los diez países encuestados para esa respuesta.
La particularidad se entiende mejor al compararla con el promedio latinoamericano:
*Promover el comercio, 45 por ciento.
*Defender la soberanía nacional, 40 por ciento.
O sea que el promedio da cifras menores en general y, además, invierte el orden de prioridades imperante en la Argentina.
El texto que acompaña a los números del informe no desarrolla expresamente una interpretación particular sobre la soberanía argentina. Tampoco relaciona el resultado del sondeo con Malvinas, la extranjerización de tierras o las movilizaciones sociales. Y, tal como quedó expresado, las preguntas fueron realizadas en 2025.
Mucho más atrás de soberanía y comercio aparecen, entre los consultados argentinos, controlar la migración, con el 28 por ciento. Integrarse con los países de la región, con el 26 por ciento. Defender la democracia y los derechos humanos en el mundo, con el 25 por ciento. Y proteger a los argentinos en el exterior, con el 21 por ciento. Profundizar los vínculos con Europa queda en el 19 por ciento. Mejorar la capacidad militar y defender el territorio, en el 18 por ciento. Estrechar relaciones con Estados Unidos, también en el 18 por ciento. Y hacerlo con China, en el 13 por ciento.
La combinación entre soberanía y comercio impide interpretar el resultado como una preferencia por el encierro. Los consultados no reclaman retirarse del mundo. Quieren comerciar y mantener relaciones internacionales, pero parecen reclamar que esos vínculos no reduzcan la autonomía del país. La soberanía funciona, así, menos como sinónimo de aislamiento que como condición desde la cual relacionarse con otros actores. Nada que suene distante de un realismo pacífico que descarta alineamientos automáticos como el que proclama y practica Su Excelencia con los Estados Unidos de Donald Trump y el Israel de Benjamín Netanyahu.
Pobreza, la gran preocupación
La preocupación argentina por la soberanía convive con una agenda muy concreta. Ante una lista de problemas mundiales, la pobreza extrema ocupa el primer lugar, con el 68,8 por ciento. Luego aparecen el narcotráfico, con el 66,2 por ciento, los problemas económicos, con el 62,5 por ciento, el hambre mundial, con el 60,4 por ciento, y las guerras y conflictos armados, con el 56,8 por ciento. A diferencia del promedio latinoamericano, donde la guerra queda primera, en la Argentina la cuestión social y económica se impone.
El mismo patrón reaparece cuando se pregunta por los desafíos de América Latina. Para los consultados en la Argentina, la pobreza encabeza la lista con el 75 por ciento, seguida por el narcotráfico y el crimen organizado, con el 65 por ciento, el bajo crecimiento económico, con el 59 por ciento, el desempleo, con el 55 por ciento, la inflación, con el 54 por ciento, la violencia, con el 46 por ciento, y la desigualdad, con el 45 por ciento. En cambio, sólo el 15 por ciento identifica como riesgo que la región se vuelva irrelevante en el mundo.
Estos resultados amplían el significado posible de la soberanía. No se trataría solamente de una cuestión territorial o diplomática. También podría expresar la expectativa de que el Estado conserve instrumentos para enfrentar la pobreza, proteger recursos, fomentar el empleo y evitar que decisiones externas condicionen el desarrollo económico. La encuesta no pregunta qué entiende cada entrevistado por soberanía, pero el cruce con las preocupaciones sociales y los últimos acontecimientos permite formular esa hipótesis.
Lo que viene
Difícil anticipar ahora en qué se traducirá la ola que arrancó con San Giovani, y si también impregnará otros temas de discusión pública.
De aquí a fin de año, por lo pronto, la realidad argentina se cruzará no sólo con las leyes de destrucción masiva que prometió enviar Su Excelencia sino con tres hechos relevantes. Uno, las elecciones brasileñas del 4 de octubre. Otro, los comicios de medio término en los Estados Unidos, donde quedará claro si Trump pierde una de las cámaras legislativas o las dos. Y el tercero, la visita de León XIV el 8 de noviembre a un país donde Francisco dejó armada una red de obispos en la línea de la justicia social, que para Su Excelencia es un delito. El día de San Cayetano sintetizó esa postura Jorge Lugones, jesuita como Jorge Bergoglio y obispo de Lomas de Zamora. Hablando del Gobierno nacional, la crisis y el empleo pobre o nulo, dijo Lugones: “Parece que a ellos les preocupa el déficit fiscal, pero no la gente”.