La ciudad de Buenos Aires detenta la tasa de tuberculosis más alta en niños, niñas y adolescentes, un dato que expone, según infectólogos consultados por Y ahora qué?, de fallas en la detección del “caso índice” originado en hogares, particularmente, de escasos recursos. Una enfermedad considerada de la pobreza que se profundiza en la ciudad más rica del país.
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria que afecta, principalmente los pulmones, aunque también puede comprometer otras partes del cuerpo. Se transmite por el aire cuando una persona con tuberculosis pulmonar expulsa bacterias al toser, hablar o cantar, y los síntomas más frecuentes son tos persistente, fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso.
Puede prevenirse y curarse con tratamiento a base de antibióticos. Sin embargo, en la ciudad de Buenos Aires, se supone que la más rica de la Argentina, hay un dato que encendió las alarmas porque dispone de la tasa en adolescentes de 15 a 19 años más alta del país.
Estos adolescentes representaron 193 de los 349 casos de menores de 20 años de CABA, aproximadamente el 55% de la tuberculosis pediátrica y adolescente notificada en la Ciudad. El Ministerio de Salud señaló expresamente que CABA tuvo en 2025 tanto la mayor tasa en menores de 15 años -31,7 cada 100.000- como en adolescentes de 15 a 19 -98 cada 100.000-.
En todas las edades, CABA tuvo durante 2025 1.812 casos de tuberculosis, con una tasa de 58,8 por 100.000 habitantes mientras que el total a nivel país fue de 17.283 casos y una tasa de 37,3.
Por otro lado, la Ciudad de Buenos Aires, respecto a la tuberculosis en general, en todos los grupos etarios está en segundo lugar a nivel país en cuanto a la presentación de nuevos casos de tuberculosis.
El análisis territorial nacional, del bienio 2024-2025, expuso a cinco comunas porteñas entre las zonas de mayor incidencia a nivel nacional. Las tasas bianuales de casos nuevos y recaídas fueron: Comuna 7, 144,4; Comuna 8, 137,7; Comuna 1, 130,7; Comuna 4, 102,0; y Comuna 9, 80 casos por 100.000 habitantes. Son datos de todas las edades, no exclusivamente adolescentes, pero permiten identificar dónde se concentra territorialmente el problema porteño.
Esto coloca en el mapa a barrios porteños con población habitada -no en su totalidad- por sectores medios, medios-bajos y bajos: Flores y Parque Chacabuco (Comuna 7); Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano (Comuna 8); Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución (Comuna 1); La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya (Comuna 4) y Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda (Comuna 9).
Las infancias y los jóvenes como síntoma
Los casos de tuberculosis saltan a los medios a partir de denuncias realizadas por padres de escuelas secundarias porteñas. Particularmente en el Colegio Bartolomé Mitre, del barrio de Balvanera, donde reportaron varios casos de tuberculosis desde fines del mes de junio.
Más allá de las denuncias, por parte de los padres, acerca de un supuesto abandono del Estado porteño y la interrupción de las clases, los jóvenes son el síntoma de una situación que, incluso, excede al gobierno de Jorge Macri
Y ahora qué? conversó con dos médicos infectólogos afectados a tareas en hospitales públicos porteños. Explicaron la situación bajo condición de preservar sus nombres ante el eventual riesgo, dijeron, de la pérdida de sus fuentes de trabajo.
–¿Qué están observan ustedes respecto a la tuberculosis?
—Por ejemplo, que el patrón de distribución de la infección en la ciudad de Buenos Aires es muy desigual. La enfermedad está presente mayormente en barrios que tienen alta vulnerabilidad social, tanto en las condiciones habitacionales como ocupacionales, en la posibilidad de acceder a servicios básicos y a ciertas condiciones de salud que permitan no enfermarse, como por ejemplo tener una adecuada nutrición. La gran carga de enfermedad que presenta CABA es a expensas de una gran inequidad al igual que en otras ciudades de Latinoamérica, pero acá estamos hablando de las ciudad más rica del país.
–¿Y a qué lo adjudican?
–En primer lugar a una clara distribución inequitativa. Por otro lado, también hay que decir que la jurisdicción tiene elementos diagnósticos de detección. Pero es una problemática que persiste a pesar de la existencia de herramientas diagnósticas, equipos formados y recursos destinados al abordaje porque tiene mucha correlación con la situación social y económica de la población. Las condiciones para que la infección se transmita de una persona a otra se dan fundamentalmente en ámbitos en donde, por ejemplo, puede haber hacinamiento, poca ventilación e, incluso, mala iluminación, lugares oscuros y húmedos.
–¿Qué es lo que habría que hacer ante un cuadro de casos como el de la Ciudad de Buenos Aires?
–A partir de la detección de esta tasa alta en niños, niñas y adolescentes, preguntarnos qué es lo que sucede con la falta de identificación precoz de las personas con tuberculosis, y con lo que se denomina búsqueda activa de casos, que es a partir de la aparición de una persona con tuberculosis, se infiere que pueda haber, en el entorno de esa persona, alguien más que presente la enfermedad. En términos epidemiológicos hablamos de una cadena de transmisión. Cuando aparece un caso de tuberculosis, hay que analizar su red de contactos, algo similar a lo que se hizo con el COVID, solo que la dinámica de transmisión de la tuberculosis requiere de otros elementos adicionales.
Los profesionales advirtieron que “infectarse no es sinónimo de enfermar”. A veces una persona se infecta, pero a partir de sus defensas puede no enfermar pero puede quedar una infección latente y manifestarse años después, o puede que nunca. Dependerá de las defensas de la persona y otros factores”.
–¿Qué representa un caso de tuberculosis como los detectados en los colegios porteños? ¿Cómo deben interpretarse?
–Un caso de tuberculosis en niños, niñas o adolescentes habla de una infección reciente, y eso significa que hay una cadena de transmisión activa y que se puede escindir, se puede cortar a partir de tratar a todas las personas que tengan esta infección reciente. Desde el punto de vista epidemiológico, significa que hay otras personas que también tienen la enfermedad y que no están siendo detectadas y, por lo tanto, no se está pudiendo tratar la enfermedad a tiempo para evitar la transmisión. Lo complejo es que alrededor de la enfermedad hay un estigma fuerte hacia las personas que la padecen, no hay campañas para combatirlo y generalmente la población actúa desde el miedo, el desconocimiento, el estigma y la discriminación.
–¿Cómo debería combatirse esta enfermedad?
–Con un abordaje intersectorial. Es decir, desde lo politico, lo económico, lo habitacional, la seguridad alimentaria y desde la provision de una medicación constante y acompañamiento desde los servicios de salud. El incremento en la cantidad de casos se viene produciendo desde hace unos años, incluso a nivel nacional, y puede estar relacionado con las condiciones de vida.
–¿Puede decirse que la tuberculosis es una enfermedad de la pobreza?
–Siempre se la ha descripto de esa manera. En términos poblacionales, está asociada a ciertas condiciones de vida, También puede ocurrir, por ejemplo, en personas que tengan el sistema inmune, pero habitualmente se relaciona a condiciones de vida vinculadas a la pobreza.
La inversión de la pregunta en Argentina
Federico Tobar, asesor en materia de financiamiento de la salud del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPFA), con sede actual en Nairobi, Kenia, fijó su posición a través de sus redes sociales:
En los siglos XIX y XX, la mortalidad por tuberculosis se redujo abruptamente, y el hecho suscitó uno de los mayores debates de la economía de la salud.
Primero Thomas McKeown mostró cómo las mejoras en las condiciones materiales de vida y nutrición impactaron en la incidencia de la tuberculosis. Luego, el economista Robert Fogel explicó cómo la alimentación, la salud y la productividad se refuerzan mutuamente. Y Angus Deaton reaccionó planteando que el desarrollo de respuestas desde la microbiología tiene más impacto que los determinantes sociales.
El debate giraba sobre ¿cómo consiguió la humanidad escapar del hambre, las enfermedades infecciosas y la muerte prematura?
Hoy, el aumento de la tuberculosis en Argentina obliga a invertir la pregunta: ¿por qué algunos sectores de la población parecen quedar al margen de ese gran escape?
La respuesta, como aseveraron los infectólogos consultados, es multicausal y debe -necesariamente- disponer de una adaptación a la realidad argenta porque así como importan las políticas sanitarias (detección temprana, disponibilidad de medicamentos y acompañamiento terapéutico), en la realidad actual debemos preguntarnos qué cuando una persona tiene acceso formal a un tratamiento gratuito pero no puede afrontar el transporte hasta el hospital, perder una jornada de trabajo o garantizar una alimentación adecuada.
“¿O cuando las instituciones solo consiguen reconocerla después de que su enfermedad ha avanzado?”, se interroga Tobar.
“Quizás la pregunta más importante no sea solo por qué vuelve a aumentar la tuberculosis, sino por qué todavía hay personas que quedan fuera de los beneficios del progreso sanitario. Una sociedad no termina de escapar de una enfermedad mientras una parte de sus integrantes permanece invisible”, sentenció el sanitarista argentino.