Ir al contenido principal

¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 146
Política

Fuerza Suma+ llama a cambiar las relaciones entre Argentina y Brasil

Por Junta Promotora de Fuerza Suma+

Las personalidades reunidas en el conglomerado plural Fuerza Suma+ reclamaron a Javier Milei que reconozca el triunfo de Lula da Silva y normalice las relaciones diplomáticas con Brasil, y cuestionaron…

→ LEER NOTA
Y ahora qué? +Perfil

Y ahora qué? en +Perfil | Programa 12: 30/10/2026

Fernanda Ruiz sobre campañas electorales y Beto Quevedo sobre la nueva cultura política argentina

▶ VER ENTREVISTA COMPLETA
Política

Rector Bartolacci: “León ya estaba al tanto de la situación de las universidades en Argentina”

Por Guillermo Lipis

¿Cómo se gestó el encuentro del Papa con las universidades argentinas?

→ LEER NOTA
Fútbol

Hace 50 años Maradona se calzaba la número 10

Por Alberto Beto Emaldi

Con la “10”, de Villa Fiorito al mundo, pasando por la mano de Dios y el barrilete cósmico.

→ LEER NOTA
Economía

Cuidado con el Conejo Blanco de la dolarización

Por Enrique Aschieri

Abandonar la moneda nacional supone resignar una herramienta central de soberanía.

→ LEER NOTA
01 / 5
⏱️ 7 min de lectura

Trump viene mal para el martes 3

Trump viene mal para el martes 3
Los norteamericanos odian en serio la inflación.

Hay legislativas y los pronósticos vienen mal para los republicanos, que esperan perder el control de Diputados y luchan por retener el Senado. Las consecuencias de las “ideas” económicas del presidente Naranja y el precio de la inflación.

Cinco claves:

  1. Los republicanos arriesgan el control de Diputados y enfrentan una disputa por retener el Senado.
  2. La inflación erosiona el apoyo a Trump pese al crecimiento económico y bajo desempleo.
  3. Los aranceles encarecieron los productos sin lograr la reindustrialización prometida.
  4. La guerra con Irán y las rebajas impositivas presionan sobre la deuda, las tasas y los recortes sociales.
  5. Las denuncias por venta de influencias involucran a allegados de Trump.

Hay una dolencia muy común entre los presidentes -y primeros ministros, dictadores o monarcas- que es eso de negar los problemas insolubles. Para Javier Milei, la economía argentina florece y sus gobernados están cada vez mejor. Para Donald Trump, la economía “es un problema de relaciones públicas”, esto es, de percepción. Este martes 3 de noviembre, el Naranja va a tener un flor de problema de percepción cuando cuenten los votos de las legislativas porque todo indica que los demócratas controlarán Diputados y es posible que también el Senado.

El problema es que los votantes “perciben” la inflación. Y los primos del Norte odian, pero odian en serio, a la inflación. Trump detesta verse débil y es de los que niegan en público la mera existencia de algún problema. Pero este octubre se lo gastó de gira electoral, haciendo actos hasta en lugares tradicionalmente republicanos como Texas y Carolina del Sur, donde el partido ganaba en automático.

Las encuestas liquidaron esta placidez de la derecha, con bancas que eran seguras, y ahora en juego. El Presidente sabe lo que pasa. “Yo fui elegido por los precios altos”, dijo en un discurso. “No eran mis precios altos, eran los de ellos”, agregó, acusando a los demócratas. Lo que fue su ventaja, ahora pasó a ser su desventaja.

Hay que decir que los actos del Naranja son entretenidos, producidos como un show de televisión, con colores, banderas, música, pantalla gigante y divertimentos como el presidente tirándole gorritas de MAGA a los fans. Pero a los actos van los convencidos y Trump se encuentra predicando para los conversos. Esos son los que aceptan que la economía anda bien porque creció un 3,4%, el desempleo es relativamente bajo y el consumo no se pinchó. Para pensar así, hay que recortar que subieron los combustibles, los servicios de salud, el costo de financiar con la tarjeta, las hipotecas, los alquileres y absolutamente todo lo que contenga un supermercado.

Esto se debe a dos factores que salieron directamente de la Casa Blanca. Uno es la utopía trumpiana de reindustrializar los Estados Unidos y devolverle la gloria del Made in USA, como era en la infancia del Presidente. Esto suena bien y a peronismo bolilla uno, pero es endiabladamente difícil de lograr. El demócrata Bill Clinton fue el primero en patear la pelota de la globalización definida como la libertad absoluta para las corporaciones de exportar la producción industrial a países más baratos.

Como esta exportación de fábricas, cadenas de producción y tecnología genera desempleo y destruye la mítica clase obrera norteamericana, esa de casa con garage para dos coches, hubo que ofrecer un lindo caramelo al público votante. Y ese caramelo fueron los precios bajísimos de los importados. Así nació ese EEUU en el que una hamburguesa y una Coca cuestan más que una camisa o un jean. Es el país de armarios atiborrados, electrónica de consumo barata y talleres de fin de semana equipados como pequeñas fábricas. Es el país donde lo que no se puede importar -el dentista, el óptico, el restaurante, el mecánico- resulta comparativamente carísimo. Trump intentó revertir eso, y lo hizo con torpeza porque usar tarifas de importación y nada más que eso y meter al país en dos años de guerras comerciales, rompió el trato globalizador, retiró el caramelo, pero no reindustrializó. Lo que hizo fue subir los precios.

El segundo factor es la guerra con Irán, que fue directo al surtidor. Como se sabe, los americanos usan el precio de los combustibles como los argentinos usamos el dólar: como el índice de cómo anda la economía. Lo que ven no les gusta y, peor para Trump, todo el mundo está convencido de que la guerra fue un tiro en el pie, algo innecesario que hizo porque quería hacerlo.

Entre contentos y enojados

El primer proyecto de Trump fue una rebaja general de impuestos corporativos, algo que quedó tapado por tanta agitación comercial. Es la “gran y bella ley”, que le ahorró fortunas a los ricos con el objetivo de alentarlos a invertir. El problema es que invirtieron más que nada en la Bolsa -burbuja de la inteligencia artificial- y en infraestructura como los centros de datos. Importante, a futuro, pero no exactamente base industria.

Para bancar semejante recorte de ingresos públicos hubo que recortar servicios sociales, bolsas de alimentos y atención médica, lo que golpea directamente a la base demócrata. Los nueve meses de guerra en Irán ya costaron casi 50.000 millones de dólares y todo esto hubo que bancarlo emitiendo deuda. Fue simbólico que se pasara la barrera de los 40.000 trillones de dólares en bonos, con el consecuente aumento de rendimientos y, de inmediato, de las tasas de interés. En fin: pocos contentos, aunque muy contentos, y muchos enojados. El problema, para el Naranja, es que los muchos votan este martes.

Corrupción

El Presidente y su familia están lucrando como nunca se vio con eso de tener la Casa Blanca. Los norteamericanos mantenían las formas y los beneficiados por los mandatarios se ocupaban de ellos después, no durante, con contratos lucrativos para dar conferencias o cursos, o puestos bien pagos en directorios diversos. Trump considera todo eso una pavada.

Lo que sí le molesta es que alguien haga negocios sin darle su parte, como acaba de probar un divertido caso de venta de influencias. La protagonista es la abogada Alina Habba Mildon, antaño una de las abogadas del empresario Trump, que consiguió un espectacular contrato de cincuenta millones de dólares como asesora legal de un multi-multi-multi millonario. El cliente es Julio Herrera Velutini, ciudadano venezolano e italiano, actual cabeza de una familia que ya era rica en el siglo 18. El empresario fue procesado el año pasado por donar demasiado dinero a la campaña republicana, algo considerado una infracción y no un delito. Aunque recibió una pena simbólica, el hombre quería limpiar su currículum

Trump se enteró literalmente por los diarios que el perdón presidencial que le había firmado a Herrera en enero había sido pagado a precio de oro. Y que a él no le tocaba nada. Fuentes de la Casa Blanca contaron que se escuchaban los gritos de furia presidenciales ¿Qué hizo Trump? No repudió a la abogada, no envió el tema a alguna oficina de ética, no canceló el perdón. Lo que hizo fue exigirle a Mildon que donara parte de lo ganado al fondo para construir su biblioteca presidencial, presupuestada en mil millones de dólares, a inaugurar a futuro en Miami. O sea, pidió su parte.

Es la segunda vez, porque a principios de octubre ya se había enojado con dos asesores cercanos, James Blair y Chris LaCivita. El par, políticos profesionales y operadores veteranos, son parte del equipo que dirige la actual campaña republicana, pero enfurecieron al presidente cuando se supo que cobraban cientos de miles de dólares para hacer lobby por algo llamado la Republika Srpska, un gobierno separatista pro ruso en los Balcanes. Tampoco hubo comité de ética. Blair y LaCivita enseguida anunciaron una fuerte donación a la biblioteca presidencial.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *