La remontada de Lula se explica por una concepción y no por una herramienta. Consiste en la militancia como protagonista en todos los territorios. Los datos de la conversación digital en Brasil y en la Argentina muestran cómo se construyó y qué lección deja para la región.
Cinco claves:
- La remontada de Lula no se explica por WhatsApp sino por una concepción política que convirtió a la militancia en protagonista en todos los territorios.
- Tras la primera vuelta, Lula pasó del 54% al 75% de las interacciones frente a Flávio Bolsonaro y multiplicó casi por nueve su promedio diario.
- La estrategia combinó redes, calle, inteligencia artificial, artistas, jóvenes y una agenda concreta como el fin de la jornada 6×1.
- En la Argentina, la conversación sobre Lula explotó recién al final del balotaje y Janones fue conocido cuando la elección ya estaba prácticamente ganada.
- La lección para la región no es copiar un canal sino construir una red federal, intergeneracional y creativa en la que la militancia produzca su propia palabra.
El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro le ganó la primera vuelta a Lula por casi dos puntos. Tres semanas después, el 25 de octubre, Lula se impuso con el 51,76% de los votos y obtuvo su cuarto mandato. En el medio pasó algo que la conversación argentina tardó en ver y que, cuando lo vio, nombró sobre todo por su herramienta: un canal de WhatsApp.
El canal “Exército do Lula”, del diputado André Janones, pasó de unos 60 mil inscriptos a cerca de 11 millones en tres semanas. Cada día sus integrantes recibían una misión: compartir, comentar, instalar etiquetas, salir a la calle. La Justicia electoral llegó a suspenderlo y lo restableció. Es un dato extraordinario. Pero quedarse con el canal es quedarse con lo menos importante.
Lo que se veía en abril
En abril, un relevamiento de QSocial sobre la conversación digital brasileña mostraba un desequilibrio profundo. El sector crítico del gobierno movilizaba 2,8 veces más acciones y 3,3 veces más visualizaciones que el sector de apoyo. Ocho cuentas bolsonaristas sumaban en un trimestre más visualizaciones que las 5.000 publicaciones más virales de todo el ecosistema en un mes, y solo Nikolas Ferreira superaba en ese trimestre los 780 millones.
Del otro lado, la comunicación oficialista se apoyaba en medios institucionales y en la lógica de partido. Faltaba una capa de comunicadores populares capaces de llevar a Lula a los formatos rápidos y emocionales de las redes. Esa capa apareció después de la derrota.
Las tres semanas

Antes del 4 de octubre, Lula concentraba el 54% de las interacciones de la conversación con Flávio Bolsonaro en Instagram, Facebook, X y TikTok. Desde la primera vuelta, el 75%. Su promedio diario pasó de 1,3 a 11,6 millones de interacciones; el de Flávio, de 1,1 a 4 millones. Las cuentas de Lula también aceleraron el ritmo, de 32 a 45 publicaciones diarias.
En video el salto es todavía más nítido. En X y TikTok, Lula pasó de 0,6 a 1,9 millones de reproducciones diarias, mientras Flávio se mantuvo en 0,5 millones. Su porción de las reproducciones subió del 55% al 79%.

Detrás de esas curvas hay una decisión política. El 7 de octubre, Lula recibió en Brasilia a Ana Elisa Santos Silva, de 21 años, recién electa diputada federal por Minas Gerais con 524.219 votos, la segunda más votada del estado detrás de Nikolas Ferreira, para sumarla a la comunicación digital de la campaña. Un dirigente a punto de cumplir 81 años confió en un diputado que había sido cobrador de colectivos y en una estudiante de Derecho para expandir su magia a los formatos narrativos del territorio digital. Ahí empieza la diferencia.
Todos los territorios a la vez
El territorio digital, con el cuerpo. Los audios de Janones llegaban a cualquier hora y a los gritos: “¡Pessoal, urgente! ¡Explode!”. Y la gente respondía con el cuerpo. En los videos que circularon, una mujer salta de la hamaca, agarra una bandera con la cara de Lula y sale a festejar. Dos amigas se incorporan de golpe en el sillón, celular en mano, bajo el cartel “el ejército de Lula no tiene un minuto de paz”. Otra salta de la cama con la remera de Lula puesta. Cada llamado se convertía en un video nuevo, con la casa, el perro y el humor de quien lo filmaba. La militancia no ejecutaba órdenes: producía su propia palabra a partir del llamado, y se reía de sí misma.

La inteligencia artificial, en clave de alegría. Entre las piezas que circularon, Lula baila con los tambores de Olodum en el Pelourinho de Salvador, hace la entrada en calor de Maradona en Múnich y repite el festejo de Enzo Fernández contra Inglaterra. Ninguna le hace decir algo que no dijo. La IA no se usó para engañar sino para jugar: para poner a Lula dentro de escenas que ya son patrimonio afectivo popular.
El proyecto de país. A once días del balotaje, el Senado aprobó la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas sin baja salarial y el fin del esquema de seis días de trabajo por uno de descanso. La militancia lo convirtió en consigna: #lulapaidofimda6x1. En la Argentina, 81 de las publicaciones más virales sobre Lula hablaron de la jornada laboral y sumaron 368 mil acciones.

Los artistas. Tom Morello, Madonna, Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Guillermo del Toro y Tilda Swinton llamaron a votar por Lula. Y de este lado, el “¡Vamos carajo!” de Mateo Sujatovich en pleno concierto, cuando le avisaron del resultado, reunió 113 mil acciones en una sola publicación argentina.
La calle. Las movilizaciones en Copacabana, las marchas estudiantiles y los festejos frente al Obelisco circularon con fuerza en las redes argentinas. Un medio lo resumió con una imagen: el verdadero ejército de Lula eran los abuelos y las abuelas.
El ánimo. En Facebook, entre la primera vuelta y el balotaje, las reacciones de amor en las publicaciones argentinas sobre Lula pasaron del 11,7% al 15,1%, y las de risa bajaron del 22,1% al 15,9%. La conversación fue pasando de la ironía al afecto.
Cómo lo leyó la Argentina
Las 5.000 publicaciones más virales que mencionaron a Lula o a Janones en la Argentina entre el 4 y el 29 de octubre reunieron 17,8 millones de acciones y 168 millones de visualizaciones. En QSocial llamamos vitalidad comunicativa al total de acciones (reacciones, comentarios y compartidos) que moviliza un actor o un tema, y trascendencia comunicativa a las acciones que logra cada publicación: la primera mide cuánto se mueve una conversación; la segunda, cuánto pesa cada intervención.
La vitalidad se concentró al final: el 68% de las acciones llegó entre el 24 y el 29 de octubre, y solo el 26, el día después del balotaje, sumó el 40%. Janones tuvo apenas cuatro menciones antes del 24; desde el 26 sumó 25 y el 94% de sus acciones. La Argentina conoció al “general” cuando la elección ya estaba ganada, y lo conoció como el hombre del WhatsApp.
La trascendencia cuenta otra historia. La Derecha Diario fue la cuenta con más publicaciones sobre Lula (525), pero obtuvo 1.817 acciones por publicación. Página 12, con 214, promedió 10.965. Publicar mucho no es lo mismo que conmover.
La causa de la región
Milei aparece en el 22% de las publicaciones argentinas sobre el balotaje. La victoria de Lula se leyó en clave propia: “se terminó el mito de que la izquierda no puede ganar en Latinoamérica” fue una de las frases más compartidas, con 227 mil acciones en una sola publicación. La IA llevó a Lula a dos íconos del fútbol argentino, y una de esas piezas lo dice sin vueltas: el triunfo de Lula es el triunfo de la Patria Grande.
En una región donde la ultraderecha venía ganando elecciones de un modo que parecía invencible, Brasil mostró que se puede revertir una derrota en tres semanas. La pregunta es qué se lleva cada país de esa lección.
Y ahora qué
Ya circulan en la Argentina propuestas de replicar el canal. La herramienta puede ayudar, pero lo que se traslada no es una tropa sino una concepción. El tono de mando funcionó en Brasil en un momento de desesperación. Lo que la Argentina necesita construir es una red inteligente y estratégica de millones de personas que puedan tomar la palabra en todos los territorios: el físico, el digital, el simbólico, el anímico y el cultural.
Eso pide una dirigencia que entienda a la militancia como protagonista y no como altavoz de una palabra centralizada. Una construcción dialógica, intergeneracional y federal, donde los jóvenes y las jóvenes encuentren sus lenguajes, donde la IA sea creativa y divertida, donde los artistas pongan el alma colectiva en movimiento, y donde un proyecto de país concreto, como el fin del 6×1, le dé sentido a cada misión.
Brasil ya lo probó. En su primer discurso tras el triunfo, Lula dejó una frase que puede servir de brújula: en esta segunda vuelta aprendió que, cuando un gobernante no sabe qué hacer, le pregunta a su pueblo. La herramienta está al alcance de cualquiera. Lo que hace la diferencia es animarse a esa pregunta.