El peronismo debe pensar cómo soluciona la cuestión del funcionamiento militar como parte de su programa para volver al Gobierno. Para Montenegro, de la UNQui y la Umet, se trata de un problema endémico para la política argentina que no se resuelve con compras costosas ni declaraciones altisonantes. Las necesidades actuales de un aparato (casi) inoperante.
Cinco claves:
- Las Fuerzas Armadas mantienen una estructura sobredimensionada, con recursos insuficientes para garantizar su operatividad.
- Las compras de F-16, Stryker y Orion no resuelven la falta de presupuesto para mantenimiento y adiestramiento.
- La gestión de Milei repite el esquema menemista: adquirir equipamiento mientras se deteriora el funcionamiento militar.
- La disputa por recursos, el Atlántico Sur y la Antártida exigen capacidades de defensa en un escenario internacional más conflictivo.
- El peronismo debe formular una reforma militar sostenible que priorice operaciones, funcionamiento conjunto y autonomía tecnológica.
“Un país en lucha puede representarse por un arco con su correspondiente flecha, tendido al límite máximo que permite la resistencia de su cuerda y la elasticidad del madero y apuntando hacia un solo objetivo: ganar la guerra. Sus fuerzas armadas están representadas por la piedra o el metal que constituye la punta de la flecha, pero el resto de esta, la cuerda y el arco, son la nación toda, hasta la mínima expresión de su energía y poderío.”
La frase fue pronunciada por el coronel Juan Domingo Perón en ocasión de la disertación inaugural de la Cátedra de Defensa Nacional en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata, el 10 de junio de 1944.
En la actualidad la punta de la flecha está desgastada, para decirlo elegantemente. Desde 1983 la dirigencia política nacional no ha podido resolver la cuestión de cómo financiar adecuadamente la operatividad militar y esto resulta esencial para desarrollar las actividades de adiestramiento y preparación para la guerra, es decir, para cumplir la misión de las fuerzas armadas argentinas en tiempos de paz.
Una herencia en decadencia
La democracia heredó una organización militar que había desempeñado un rol predominante en el sistema político, desde septiembre de 1955. Esas fuerzas tenían una dotación numerosa de personal, estaban materialmente bien dotadas, poseían un despliegue territorial capilar, contaba con presupuestos abultados y eran tecnológicamente avanzada para los parámetros sudamericanos. Estaban dispuestas para afrontar tres potenciales escenarios conflictos vecinales, construidos históricamente, la participación en el conflicto Este-Oeste en el marco del sistema militar interamericano y el control y represión del “enemigo interno”.
Las condiciones políticas, económicas y estratégicas que permitieron esa configuración, se evaporaron de manera acelerada a partir de 1983.
Solo a modo de ejemplo los recursos presupuestarios asignados a la defensa comenzaron a reducirse de manera sostenida. Durante la dictadura giro en torno al 5% del PBI, hacia 1985 alcanzó 2,3%, durante los años ’90 estuvo entre el 1,5% y el 1,1% y en ese margen se mantuvo los años subsiguientes. Para el año 2027 está previsto que se ubique en torno al 0,27%. No obstante, no medió ningún proceso de reestructuración o reforma castrense abarcador para adecuar la organización y el despliegue de las fuerzas militares a las nuevas condiciones.
Hoy sobrevive una organización sobredimensionada para los recursos asignados, insostenible financieramente e inadecuada para las condiciones estratégicas existentes. Se trata de una matriz “constrictiva” que, de mantenerse en el tiempo, terminará por ahogar cualquier desarrollo futuro. Apenas pueden atender necesidades comunitarias frente a catástrofes, cumplir algunas tareas acotadas de vigilancia marítima y aérea y sostener la campaña antártica.
Hasta ahí, en la práctica, no se trata de fuerzas armadas preparadas para la guerra. En sentido estricto eso no existe. Pese a las adquisiciones recientes de aviones F-16, vehículos blindados Stryker y aeronaves Orion, entre otros. Por cierto, la administración del presidente Milei lleva invertidos 445 millones de dólares en equipamiento, un ritmo acelerado. La opción de recuperar capacidades mediante la adquisición, modernización o actualización de equipamiento no es, por si sola una solución para el problema del funcionamiento.
Esto debe ser encarado sin duda, ya que el material militar -como cualquier otro- se desgasta y se vuelve anticuado. Si la Nación ha decidido mantener fuerzas militares, es algo que debe hacerse de la manera que sea: con partidas específicas, autorización de créditos o mediante mecanismos como la ley 27.565, que estableció el hoy desactivado FONDEF. Argentina ha protagonizado en distintos momentos adquisiciones militares durante los últimos cuarenta años.
Semejanzas menemistas y libertarias
El caso de la administración menemista es paradigmático, por su similitud con la gestión libertaria actual. Por un lado liquidó el presupuesto militar ordinario y, por el otro, adquirió equipamiento en una proporción importante para las tres fuerzas armadas, especialmente vía los Estados Unidos. Sin embargo, la persistencia de un presupuesto ínfimo de funcionamiento y una organización sobredimensionada, tuvo como consecuencia que muy pocos años después, gran parte de ese material se encontrara en servicio limitado, fuera de servicio o radiado.
Necesidades vs. matriz constrictiva
Resulta necesario poseer fuerzas armadas que puedan prepararse para cumplir su misión de manera sostenida. Que permita al personal militar adiestrarse adecuadamente y conformar un instrumento militar operativo. La dirigencia política debe reflexionar seriamente sobre cómo resolver este problema estructural, que aqueja hace años y cada vez más agudamente al funcionamiento de las fuerzas armadas.
Mantener la matriz “constrictiva” como la que aún existe, es condenar al país a liquidar sus fuerzas armadas como instrumentos reales de la acción estatal y mantenerlas como meros instrumentos protocolares. Además, implica un gasto presupuestario carente de sentido: el presupuesto de defensa para 2027 prevé $ 3.778.591 millones, no es poco, para mantener un aparato casi inoperante.
Dadas estas circunstancias no se puede dejar de ponderar que el escenario internacional se ha vuelto más competitivo y conflictivo. Además la institucionalidad internacional dedicada a la seguridad es más endeble que en el pasado. En ese marco, Sudamérica sigue siendo una “zona de paz”, pero ha recobrado la atención de las grandes potencias en función de la competencia por los recursos, los pasos interoceánicos y el acceso al Atlántico Sur y la Antártida. Hoy tenemos, entre otros intereses extra regionales, estadounidenses, chinos y rusos cruzados en la zona. Además del conflicto con el Reino Unido que sigue presente por nuestras Islas Malvinas.
Un plan para reconstruir las Fuerzas Armadas
Dicho esto, se está gestando una expectativa creciente sobre la posibilidad de que el peronismo vuelva al poder a nivel nacional. Resulta necesario empezar a estudiar de manera consistente e imaginativa la resolución de este problema que aqueja a las fuerzas armadas. Se trata de una situación técnicamente compleja y políticamente intrincada, que demanda tiempo de planificación y ejecución. No se resuelve adoptando discursos y poses soberanistas, militaristas y nacionalistas y prometiendo más compras militares.
Es fundamental abordar la cuestión de la reorganización de las Fuerzas Armadas, su despliegue y sus formas de funcionamiento, ya que el esquema actual es impracticable. Y ello no es responsabilidad ni de los militares ni del público en general, corresponde el Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo de la Nación. La Constitución Nacional (artículo 9 inciso 12 y artículo 75); la ley de Ministerios 25.520 (artículo 19) y la ley 23554 de Defensa Nacional (artículos 10 y 11) lo establecen con precisión.
La disyuntiva no es comprar o no comprar, sino decidir si la Argentina quiere fuerzas armadas reales o apenas una escenografía. Un F-16 sin horas de vuelo es un monumento. Perón lo dijo en 1944. La punta vale lo que vale el arco. Si el peronismo llega a 2027 sin un plan para tensar el arco y afilar la punta, será mas de lo mismo. No hay que pedir permiso, se trata de un componente más de nuestro poder soberano. Es necesario avanzar en la definición de un modelo sostenible de organización militar viable, que funcione efectivamente. Más concentrado territorialmente pero con mayor capacidad de despliegue, asentado sobre criterios de organización y funcionamiento conjunto, en donde se privilegie a los elementos operacionales por sobre instancias administrativas, que dé cuenta de la incorporación de nuevas tecnologías y dispositivos que están alterando la manera tradicional de desarrollar las operaciones militares y que implique algún grado mayor de margen de autonomía material y tecnológica.
El peronismo no debería dejar pasar la oportunidad de imaginar algo diferente.