Ir al contenido principal

¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 147
Política

Fuerza Suma+ reclama sancionar la Ley de Prevención de la Ludopatía

Por Mercedes Ovando

Una carta a los senadores para limitar las apuestas.

→ LEER NOTA
Política

La oposición ya le gana en redes a LLA

Por Fernanda Ruiz

El retroceso mileísta es notorio en Instagram.

→ LEER NOTA
Política

A Peña le sacaron el banquito (literal)

Por Ariadna Pérez Calle

Otro amigo de Milei que se cae del mapa.

→ LEER NOTA
Política

Sin las provincias no hay proyecto nacional

Por Martin Aguirre

El desequilibrio condiciona las chances de crecimiento.

→ LEER NOTA
01 / 5
⏱️ 6 min de lectura

¿Y ahora quién salva a Milei?

¿Y ahora quién salva a Milei?
Scott Bessent podría estar en problemas.

La derrota electoral de Donald Trump abre interrogantes sobre su capacidad de volver a intervenir en auxilio de Javier Milei. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, podría encontrar mayores obstáculos para respaldar al gobierno argentino. La nueva situación internacional, el poder del capitalismo tecnológico y las oportunidades que se abren para la Argentina.

Cinco claves:

  1. La derrota electoral de Trump abre interrogantes sobre la continuidad de su influencia internacional y su capacidad de respaldar a Milei.
  2. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, podría encontrar mayores dificultades para acudir nuevamente en auxilio del gobierno argentino.
  3. El orden internacional impulsado por Trump profundizó el predominio de las relaciones de fuerza sobre las instancias multilaterales de negociación.
  4. La inteligencia artificial moviliza capitales de una magnitud extraordinaria y plantea riesgos económicos, sociales y políticos de alcance mundial.
  5. La Argentina necesita construir una política exterior que aproveche las nuevas condiciones internacionales para superar el subdesarrollo.

Corto y fuera

A mediados de los ’90, Eric Hobsbawm registró que el «siglo XX corto» había concluido de sopetón. Con la marejada dominada por la impactante «ola azul» —con fama bien ganada de tsunami—, ¿se habrá iniciado el siglo XXI corto?

El año 26 del siglo formal de cien años actualmente en curso desprende un aroma no del todo claro. Verdad, una cosa es la caída del Muro y el indudable adiós al «socialismo real». Otra, que sea algo bastante más que un malestar pasajero —o nada más que eso— la derrota electoral de lo que expresa y representa un octogenario hirsuto, decadente, con obsesión por las nalgas, que pateó fuerte algunos aspectos del comercio global.

En este clima de rudos derechistas connotados en declive y otros pocos en ascenso, rumear sobre las perspectivas de la acumulación a escala mundial hace al interés de una Argentina que está yendo rápidamente para atrás.

Las posturas de derechistas, de los de ni tanto ni tan poco y de los deslizados más a la izquierda no resultan muy alentadoras en términos de ser una alternativa viable al tradicional y deletéreo estatuto del subdesarrollo. Eso indica que, antes que a la desesperanza, las mayorías nacionales tienen que abocarse a marcha forzada a superar esas taras y obstáculos.

Encima, en lo coyuntural, el quinto de caballería al mando del secretario del Tesoro, Scott Bessent, luce que no quedó en condiciones de salvar otra vez al jefe de la armada Viola Leone, ni a nadie. La mano pinta densa.

Post Trump

¿En el mundo post Trump tendrá más chances la Argentina? En principio, parece muy poco probable que Trump vuelva a amenazar al electorado argentino con que, si no vota a los libertarios, será boleta.

En cuanto al orden y las instituciones mundiales, si bien esa superestructura —en su mejor época— no dio ninguna buena señal cuando las papas quemaron en el centro y en la periferia, cabe reconocer que al menos a la sombra de su carácter de racionalización del desarrollo desigual de los países del mundo había instancias con algo de margen y mucha ilusión en las cuales se podía encontrar una mejor solución negociada a los problemas que se iban presentando.

Con Trump, ni eso. Incluso da la sensación de que ahora renace cierta esperanza en todo el orbe, que se había resignado a prepararse para convivir en el orden que emana de la ley del más fuerte. La perspectiva induce a tener en cuenta lo que apuntaba Karl Marx acerca de que «el derecho del más fuerte es también un derecho, y que este derecho del más fuerte se perpetúa bajo otra forma en su “estado de derecho”».

En términos prácticos sobre las consecuencias de este panorama, se puede sospechar que la tarea que le aguarda a la política exterior argentina, en tanto expresión e instrumento de una Argentina que quiere dejar atrás su crisis, es formidable.

Pero la discusión sobre las perspectivas internacionales no se agota en las modificaciones de la política estadounidense. Las condiciones de la acumulación capitalista mundial también están experimentando transformaciones de una magnitud difícil de comparar con las de períodos anteriores. Entre ellas se destaca la movilización de recursos alrededor de la inteligencia artificial.

IA

Porque además está el factor IA. El historiador Adam Tooze (Financial Times, 03/11/2026) advierte que el auge tecnológico actual de la inteligencia artificial supera los puntos de referencia históricos habituales, como el Proyecto Manhattan o las burbujas financieras tradicionales. Argumenta que la magnitud de esta movilización capitalista y su radicalidad transformadora se asemejan más a los oscuros períodos del imperialismo y el colonialismo.

Específicamente, examina cómo la trata transatlántica de esclavos combinó innovación financiera, redes logísticas globales y respaldo estatal con fines lucrativos. Aunque no se establece una equivalencia moral, se advierte que la mentalidad empresarial actual comparte con aquellas épocas una especulación desmedida y un desprecio por los límites éticos. Por lo tanto, comprender los riesgos existenciales de la tecnología moderna requiere examinar sin complacencia estas lecciones históricas.

Y una de esas lecciones es que, al desentrañar los mecanismos estructurales del capitalismo descontrolado y la reorganización social, el estudio de las sociedades esclavistas e imperiales demuestra que no existen límites éticos, sociales o normativos supuestamente fijos que restrinjan lo que se considera «razonable» o «posible» en la modernidad cuando se desencadena una movilización capitalista privada respaldada por el Estado.

Esta mentalidad, germen del «capital de riesgo» de Silicon Valley, señala Tooze, no busca una maximización prudente de la rentabilidad, sino que depende de la especulación salvaje y la aceptación de riesgos catastróficos. El ejemplo paradigmático al que acude Tooze es el de la Compañía de los Mares del Sur (1720), recordada como una simple burbuja financiera o esquema Ponzi. Su base real era un contrato de monopolio (Asiento) firmado con la Corona española para suministrar decenas de miles de personas africanas esclavizadas a las plantaciones en América, demostrando cómo el capital especulativo históricamente ha asumido consecuencias devastadoras a cambio de beneficios extraordinarios. El esclavismo traficó 12 millones de africanos.

La escala de estas transformaciones y los interrogantes abiertos por la nueva situación estadounidense forman parte de un mismo problema: cuáles serán las condiciones de la acumulación mundial y qué margen encontrarán los países periféricos para construir una estrategia propia.

Para la Argentina, que necesita abandonar su tradicional estatuto de subdesarrollo, la cuestión no es menor. Mucho menos cuando su política económica y sus relaciones internacionales han quedado tan vinculadas a la suerte de un gobierno estadounidense cuyo poder acaba de recibir un golpe electoral importante.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *