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Los mejores 18 meses… ¿para quiénes?

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Minería y agro bien, el resto agua y ajo.

El dato de abril volvió a mostrar que la economía argentina no se recupera de manera pareja. Aunque el Estimador Mensual de Actividad Económica creció 1,6 por ciento interanual, cayó 1,5 por ciento respecto de marzo y dejó una advertencia sobre la fragilidad del repunte. El problema no es sólo cuánto crece la economía, sino quiénes crecen, quiénes quedan afuera y cuánto derrama esa mejora sobre el empleo y las ciudades.

Al igual que el clima, la Argentina no tiene un único pronóstico. Es un país tan diverso que un solo número nunca alcanza para explicar lo que está pasando. Por eso, cuando el indicador que mejor refleja la actividad económica, el Estimador Mensual de Actividad Económica, sube o baja, no significa necesariamente que a todos les vaya igual.

El dato de abril, difundido hace pocos días, volvió a demostrarlo. También puso en duda el optimismo del ministro Luis Caputo, quien había asegurado ante la Cámara de Comercio Argentino-Americana que desde ese mes comenzarían “los mejores 18 meses desde el regreso de la democracia”.

El dato que enfría el optimismo

A primera vista, el número parece bueno. El Indec informó que la actividad económica creció 1,6 por ciento respecto de abril del año pasado. Pero cuando se compara con marzo, la historia cambia: la economía cayó 1,5 por ciento. Es decir, la recuperación perdió fuerza.

Pero lo más importante no es si el número dio positivo o negativo. La verdadera pregunta es quiénes están creciendo y quiénes siguen cayendo. Porque el objetivo de cualquier política económica debería ser que la mejora alcance a la mayor parte de los sectores y no solamente a unos pocos.

Ganadores e islas productivas

El informe describe una economía partida en dos. De un lado aparecen los grandes ganadores del esquema libertario: la minería, con una suba del 17,1 por ciento, y el agro, con un crecimiento del 10,9 por ciento. El resto, agua y ajo: la industria manufacturera retrocedió 2,9 por ciento, el comercio lo hizo 3,2 por ciento y la construcción volvió a terreno negativo, con una caída del 1,8 por ciento.

Todos son sectores que explican buena parte del trabajo privado urbano del país. Y esta no es una diferencia menor.

En la Argentina existen actividades que multiplican proveedores, salarios e inversiones en las ciudades, y otras que, aun siendo extraordinariamente eficientes, funcionan casi como “islas productivas”. Exportan mucho, generan dólares, pero derraman relativamente poco sobre el resto del tejido económico.

La industria y el empleo

Así, por cada 10 empleos industriales se generan 25 empleos indirectos en comercio, servicios y otras industrias. Es la mayor actividad multiplicadora de trabajo que tiene un país. Por eso los países desarrollados luchan por sostener sus industrias.

En otras palabras, la recuperación no viaja a la misma velocidad por todo el territorio. Una economía no se mide únicamente por la cantidad de dólares que genera, sino también por la cantidad de empresas que nacen, de fábricas que producen y de trabajadores que encuentran oportunidades.

La planilla no vota

Después de todo, el Producto Bruto no vota; quienes votan son las personas. Y la historia argentina demuestra que ninguna planilla de Excel logró ganar una elección cuando la recuperación quedó encerrada en un puñado de sectores y nunca llegó al bolsillo, al empleo ni a las ciudades donde vive la enorme mayoría de los argentinos.


Cristian Módolo es economista, docente en la UBA y la UNR, y exsubsecretario de Hacienda de la Nación.

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