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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 141
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En Bolivia sube el diésel y baja Paz

POR

Lo que pasa en el surtidor es determinante.

El gobierno de Rodrigo Paz Pereira elevó el precio del diésel de 9,80 a 17,95 bolivianos por litro, un aumento del 83 por ciento que ya genera temor a una suba generalizada de los alimentos y movilizaciones de transportistas y productores. Mientras el presidente sostiene que la eliminación de la subvención es indispensable, dirigentes del transporte cuestionan el costo real del combustible importado. A la disputa económica se suma una crisis de credibilidad política y un clima social cada vez más tenso.

Sábado por la mañana. La gente hace cola en la puerta del supermercado. Adentro está lleno de clientes que cargan los carritos con muchos más productos de lo habitual. Hace algunas horas, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, decretó la suba del diésel de 9,80 a 17,95 bolivianos por litro, un 83 por ciento de aumento.

Hay incertidumbre y miedo a que los productos, particularmente los comestibles, se acaben o, en el mejor de los casos, permanezcan en los estantes pero con precios remarcados.

Y es que el diésel es el carburante de camiones y vehículos de alto tonelaje, pero también de la maquinaria agrícola. Por eso, de manera automática, se produjo un aumento en los precios de los alimentos.

Todos los sectores sociales se han pronunciado en contra del aumento y, pese a la vigencia del “estado de excepción”, se produjeron manifestaciones como la realizada por trabajadores de la soja y de la caña en Santa Cruz, que ven peligrar sus empleos porque el incremento del diésel vuelve menos competitivas sus industrias.

Un decreto con miedo

Las autoridades bolivianas no han tocado ni el precio del gas ni el de la gasolina, dado que gran parte del parque automotor depende de estos carburantes y la reacción popular sería mayor.

Pero la Confederación de Choferes de Bolivia decretó un paro de actividades para el lunes 28 de septiembre por 24 horas, que claramente podría prolongarse.

Los analistas consideran que se trata de ganar tiempo hasta que los campesinos terminen la siembra de sus productos en el Altiplano. “Mientras se siembra no hay posibilidad de que los trabajadores del agro salgan a poner piedras en el camino”, sostiene el exembajador de Bolivia en Venezuela Sebastián Michel.

A eso se suma que en septiembre hay cambio de autoridades comunales. Pero octubre está a la vuelta de la esquina.

Paz prepara la guerra

Pese a que en su discurso en Naciones Unidas señaló que la población boliviana ha aceptado la suba del precio del diésel, Rodrigo Paz Pereira es consciente de que apenas el 18 por ciento de los bolivianos encuestados por la empresa 1825 está de acuerdo con el retiro total de la subvención estatal al carburante. Un punto menos, 17 por ciento, es el grado de aprobación del presidente Paz.

El mandatario sabe que habrá movilizaciones y por eso, en su discurso ante el pleno de la Asamblea General, llamó a la asistencia multilateral contra el narcoterrorismo, repitiendo la política de Donald Trump, quien horas antes había sostenido ante el pleno de la ONU que Estados Unidos defendería, incluso militarmente, sus intereses en su “patio trasero”.

El sentimiento latinoamericano fue expresado por Luiz Inácio Lula da Silva, quien sostuvo que Brasil es demasiado grande para ser el patio trasero de nadie.

Pero Paz Pereira sueña con que, en caso de ser necesario para defender a su gobierno, lleguen los marines y tropas de países gobernados por la ultraderecha. Entre ellos, la Argentina de Milei, que se niega a ser considerada ya como un país neutral. Por eso aparece la propaganda gubernamental según la cual las protestas están financiadas por los narcos.

Hace varios meses que señalamos que detrás de la excusa de luchar contra el narcotráfico estaba la nueva guerra de Donald Trump, siempre interesado en mover la industria armamentista norteamericana y en cultivar el neoimperialismo estadounidense.

Pero además Rodrigo Paz fue uno de los poquísimos presidentes que se reunió con Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí responsable de la masacre de miles de palestinos. También lo hizo el presidente de la Argentina, Javier Milei, quien además dijo que era su amigo.

Claramente fue de espaldas al criterio de la mayoría de los países del mundo, cuyos representantes en la Asamblea General no solo abuchearon al dirigente israelí, sino que abandonaron la sala de conferencias, dejándolo prácticamente solo. También Paz Pereira y Milei hablaron frente a decenas de sillas vacías.

Netanyahu respondió en el mejor estilo de Trump y de Milei, insultándolos al calificarlos de “cobardes morales”.

Bajo la influencia de Cerimedo, una de las primeras medidas de Rodrigo Paz fue reiniciar relaciones diplomáticas con Israel, que habían sido rotas durante el gobierno de Evo Morales.

A la hora en que las papas queman, como ahora, Paz Pereira cree que la llegada de tropas extranjeras podría salvar a su gobierno.

Tres hechos podrían conspirar contra ese deseo: que se plasme una victoria de Lula da Silva en Brasil, que Trump pierda las elecciones de medio término en noviembre y la reacción ciudadana en Perú y Chile a las declaraciones de Nadia Beller sobre una supuesta intervención de Cerimedo y compañía en los resultados electorales.

Claramente, si estás en problemas en tu país, difícilmente irás a meterte en los líos de otro.

¿Cuánto realmente cuesta el diésel?

El presidente Paz señaló, en su mensaje anunciando el incremento del precio del diésel, que era eso o el futuro. Sostuvo que seguir vendiendo el carburante por debajo del costo internacional significaba dejar de construir escuelas y hospitales y reiteró que el diésel se vendería al precio al cual se compra.

Pero los dirigentes de los transportistas hicieron su tarea técnica. Mandaron a realizar un estudio sobre los costos reales del litro de diésel importado.

Los resultados fueron que, puesto en Arica, el carburante cuesta 9,40 bolivianos, a lo que hay que sumar transporte, almacenaje, impuestos y gastos administrativos. La conclusión es que importar diésel haría que el costo estuviera entre 12 y 13 bolivianos. Pero el gobierno aumentó el precio a 17,95. ¿Dónde va la diferencia?

La cosa se complica con la denuncia de que Cerimedo cobraba un boliviano de sobreprecio por litro, que repartía con los jerarcas, particularmente, según Nadia Beller, con la primera dama.

Y se enreda aún más cuando se comprueba que el combustible importado pertenece a la categoría Euro 2, es decir, de la peor calidad, mientras en Brasil y Argentina se usa diésel Euro 6.

El fantasma de la gasolina basura reaparece con fuerza. Peor aún cuando nos enteramos de que el precio de 17,95 bolivianos está indexado al precio del diésel de la más alta calidad, conocido como Colonial 62, que según el experto Jaime Balanza Márquez es un carburante norteamericano de “ultrabajo contenido de azufre”.

Mi sabia abuela Roxana hubiera dicho que “nos están vendiendo gato por liebre”.

El precio del diésel, mayor que el de la gran mayoría de nuestros vecinos, evitará el contrabando porque ahora resulta más barato buscar un energético de mayor calidad en Brasil o Argentina.

Una crisis de credibilidad

El peor pecado en política es que no te crean. Y eso es lo que le pasa al gobierno boliviano.

Es fácil ver que la olla de presión está sobre la lumbre y muy pronto comenzará a pitar, aunque el mandatario asegure que llegarán 10 mil millones de dólares.

Los precios de los alimentos ya han subido. Las colas en los supermercados del occidente del país han desaparecido porque, de momento, no hay medidas de presión. Pero si los campesinos bloquean los caminos, a pesar de estar entrando en la primavera, para el gobierno todo será invierno.

Conservé también los cuestionamientos al costo de importación que aparecen en el original, incluida la comparación entre 12-13 bolivianos y el precio final de 17,95, sin verificar esas cifras externamente porque el pedido fue YAQ y no fact-check.

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