La campaña arranca oficialmente este domingo 16 de agosto, con Lula adelante y Flavio Bolsonaro todavía atrás. La falta de ideas de la derecha y el anuncio de una campaña sucia.
Este domingo, agosto 16, arranca oficialmente la campaña electoral brasileña por redes, y el martes 18 por televisión. La semana que pasó fue relativamente tranquila, con algún acto de presentación de candidatos en el interior, mucha rosca para las fórmulas y algo de tiempo para ver las estrategias para el 4 de octubre. Una tendencia ya quedó en clara, que los candidatos nacionales, estaduales y locales no quieren participar de debates y tienen mucho cuidado de a qué programas de radio, televisión o webs le dan entrevistas. El control del mensaje es fundamental y para eso están las redes. Por ejemplo, el domingo pasado faltaron los tres candidatos que lideran las encuestas en Río, Paraná y Goiás, incluyendo al infame Sergio Moro, el juez del lavajato que encarceló a Lula da Silva, reconvertido en candidato bolsonarista. Flavio, hijo del ex presidente encarcelado Jair Bolsonaro, faltó sin aviso al principal programa de entrevistas de Globo News, imitando al presidente Lula, que los dejó esperando la semana anterior. Debatir, parece, queda para los candidatos menores.
No es que Lula se haya quedado quieto, para nada. Una de las cosas que anduvo cultivando fue la relación con los presidentes de ambas cámaras del Congreso, el senador Davi Alcolumbre y el diputado Hugo Motta. En los primeros meses de este año, cuando los números mostraban un empate técnico entre Jair y Lula, ambos legisladores eran bien guapitos y explícitos en su rispidez con el presidente. Desde que se consolidó la ventaja de entre nueve y diez puntos del candidato a reelección, se fueron poniendo más amistosos. Lula quiere que salgan rápido leyes que considera importantes y electoralmente valiosas, como la que impone el sábado inglés. Alcolumbre y Motta quieren seguir al frente de sus cámaras en un futuro cuarto mandato de Lula.
Hay que entender que esto es una posibilidad real por la inmensa fragmentación del legislativo brasileño, que tiene 22 bloques y minibloques. Presidir una cámara no depende de tener la mayoría sino de una compleja negociación entre bloques y presidentes.
Flavio, que ahora corre desde atrás, presentó una lista de candidatos a senadores que él bendice. Son 47 nombres para los 27 estados de la Unión y una muestra de su incapacidad de construir alianzas significativas: apenas quince son de otros partidos. Y apenas siete nombres son de mujeres. Flavio ni pudo encontrar una candidata a vice y tuvo que nominar al diputado Alfredo Gaspar, cuyo único laurel es haber conducido la investigación parlamentaria del hijo de Lula y haber fracasado en lograr que le votaran una acusación.
Para más, Gaspar es descripto como “terriblemente evangélico” pero está acusado de violación.
Lo que tienen en común los 47 nombres de Flavio es que apoyan con fuerza lo que se está transformando en un tema-eje de su campaña, la idea de lograr la mayoría en el Senado para hacerle juicio político a la Corte Suprema. Flavio no les perdona, y en particular al ministro Alexandre de Moraes, la larga prisión de su padre y quiere venganza. Su problema es que el tema no cala entre los votantes. La prestigiosa encuestadora Genial/Quaest acaba de publicar un estudio mostrando que lo que quieren los brasileños por una mayoría de 31 por ciento, son senadores que traigan beneficios e inversiones a sus estados. Es notable, porque entre los que ya votaron a su padre sólo el 25 por ciento cree que el impeachment sea una prioridad. Entre los más ricos y educados, el porcentaje se cae a 16 puntos. Ni los evangélicos lo compran, con un 35 por ciento que prioriza las obras.
Esto muestra la falta de contenidos que movilicen en la campaña bolsonarista, más allá del discurso de ley y orden que funciona a nivel local pero no tanto nacional. Para dar un ejemplo, la tropa económica del bolsonarismo cita cada vez más a nuestro Javier Milei, un excelente modo de perder votos.
Flavio también hizo un intento de mejorar su imagen de machirulo juntándose, al fin, con su madrastra Michelle, candidata a senadora por Brasilia. El martes, después de un mes y medio de no verse, se encontraron en un estudio para grabar mensajes electorales y trataron de reparar la pelea que tuvieron a fines de junio. Fue entonces que Michelle publicó un video en redes acusando a Flavio de ignorarla y maltratarla.
Esta vez, la ex primera dama dijo que no fue para tanto, que son cosas de familia. “Conversamos y nos unimos por algo mucho mayor para nuestra nación. Es mi entenado desde hace 19 años, nos abrazamos”.
Supremo
Pero la derecha brasileña es mucho más que la familia Bolsonaro y está aportando a la campaña a su manera sutil. La derecha insiste en que Lula es corrupto de un modo metafísico, como si ser progresista y usar barba demostrara su corrupción. Por eso fue tan grave que Flavio quedara pegado al corrupto banquero Daniel Vorcaro, al que le sacó millones antes de que quebrara y fuera preso. Flavio lo negaba, hasta que aparecieron sus mensajes en el teléfono del preso, diciéndole hermano y mangueándolo con naturalidad.
Por eso es importante ensuciar a Lula y el flanco que eligieron es su hijo, Fabio Luis da Silva, conocido como “Luliña”. La figura clave es el ministro de la Corte Suprema André Mendonca, que llegó al cargo de la mano de Jair Bolsonaro y, se nota, es un hombre agradecido. El juez tiene en sus manos las dos investigaciones más escandalosas de los últimos años, la de la quiebra del Banco Master que ensucia a Flavio, y la de los desvíos de fondos de la Seguridad Social, que afecta a Luliña. Y es notable la diferencia de velocidad en que se mueven los y la manía del juez por controlar qué hace la Policía Federal en las investigaciones.
La arbitrariedad ya es notoria. En el caso Master aparece el senador Ciro Nogueira, que fue ministro de Jair y cuyas investigaciones están bajo secreto de sumario. También aparece Jacques Wagner, cercano a Lula y líder del bloque oficialista en el Senado hasta junio. De Wagner se sabe todo, y lo que no se informó se hizo trascender. De Luliña, el juez Mendonca habla abierta y públicamente de su “complicidad como socio oculto” de Carlos Camilo Antunes, detenido por las maniobras financieras.
En la bolada también cayó Roberta Luchsinger, una “petista de corazón”, empresaria y amiga de Luliña y su mujer Renata. Luchsinger le prestó plata a Wagner, que hasta mostró el recibo de transferencia con que se la devolvió. La empresaria tuvo que entregar el pasaporte y anda ahora con una pulsera electrónica por orden del juez Mendonca.
La expectativa -el rumor en la campaña bolsonarista- es que habrá filtraciones, audios, textos, cuidadosamente editados, que afecten a Lula en momentos estratégicos. Es un anuncio de una campaña sucia.
Inflación
Nuestro Javier Milei talvez debería dejarse de insultar a Lula y en vez prestar atención a lo que pasa por Brasil. Es que la inflación de julio fue una alegría inesperada, con una clara baja al 0,7 por ciento. Si bien los mercados esperaban que fuera de menos todavía -algo como un 0,3 por ciento- la noticia es buena porque la tasa de los últimos doce meses es de 4,44, por debajo de la meta de 4,5 puntos. Y sin ajustes ni privatizaciones.
Ganancias
Brasil tiene una empresa de fabricación de aviones que empezó como una de esas cosas que los neoliberales repudian por nacionalistas y deficitarias, y terminó siendo un éxito internacional. Embraer acaba de publicar que sus resultados financieros superaron las expectativas y sus acciones subieron un 9,40 por ciento en un día. En el segundo trimestre de este año, la compañía tuvo una ganancia neta de casi 250 millones de dólares, un 25,1 más que en el mismo período del año pasado.
La inestabilidad marca Trump ayudó a los brasileños porque varios países buscan diversificar sus compras y no hay tantos proveedores de aviones. El bestseller es el transporte militar KC-390, que acaban de comprar en cantidad Colombia y los Emiratos, con Portugal a punto de cerrar un trato. India también está negociando la compra de sesenta a ochenta aviones de ese modelo, lo que llevaría a que Brasil abra una fábrica en territorio indio. El negocio también puede incluir a los aviones de pasajeros E1 y E2, ideales para rutas menores.
Humos
Una de las industrias más asentadas en el Paraguay es la tabacalera, dedicada a falsificar marcas internacionales o a desarrollar las propias. En ambos casos, hace muchos años que estos productos se contrabandean a Brasil en tal escala que las marcas paraguayas ya son familiares y comunes. Pues la nueva tendencia es que delincuentes brasileños falsifiquen las marcas paraguayas y las produzcan en fábricas clandestinas con mano de obra semiesclavizada. Parece que es más seguro y rentable para las bandas producir en el país que traer el producto de contrabando. La Policía Federal ya cerró 81 fábricas en quince años y liberó a centenas de trabajadores. Pero el fenómeno se acelera: en apenas dos años detectaron y clausuraron 21 de esas fábricas.