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¿Y ahora qué?

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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto
Edición: 144
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¿Y si gana Lula?

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De aquí al 25, mucha selfie y cuidado con Bolsonaro, que es Milei.

Luiz Inácio Lula da Silva transita los últimos días que preceden al balotaje del 25 con una elección que volvió a abrirse. Después de perder la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro por unos 2,2 millones de votos, el presidente candidato cambió la campaña, salió a la calle, descubrió las selfies y combinó la movilización con medidas concretas y comprensibles. Logró dos días de descanso para los trabajadores y anunció transporte gratuito los fines de semana. También, ayuda para estudiantes. De paso, el lulismo convirtió a Javier Milei y su motosierra en un fantasma sobre el “tesouraço”, el tijeretazo que podría aplicar el candidato de ultraderecha. Las encuestas ya muestran un escenario de empate técnico.

Su Excelencia lo consiguió. Cada vez es más famoso en Brasil. Lula decidió colocar al gobierno de Javier Milei en el centro de su ofensiva contra Flávio Bolsonaro de aquí al 25 de octubre. La idea es sencilla. Si el candidato de ultraderecha ahora promete un fuerte recorte de gastos y su equipo económico reivindica a Luis Toto Caputo, Lula intenta convertir la motosierra de Milei en una anticipación visual de otra cosa: el “tesouraço” brasileño. Traducción: tijeretazo.

La campaña del Partido de los Trabajadores y sus aliados difundió un video con imágenes de Flávio Bolsonaro y de Daniela Marques, economista, expresidenta de la Caixa Econômica Federal y coordinadora del área económica de la campaña de Flávio, elogiando a Milei. Luego aparecen noticias sobre empleo, cierre de empresas y problemas sociales en la Argentina, una imagen de Jair Bolsonaro y, finalmente, una pregunta: “¿Usted cree en coincidencias?”. Respuesta: “No”.

En distintas piezas que circulan en las redes figuran el aumento de la pobreza argentina, el cierre de las 30 mil empresas bajo Su Excelencia y el consumo de carne de burro para suplantar la de vaca.

El propio Milei se había metido en la campaña brasileña. En julio último viajó a Brasil para participar de la convención del PL que oficializó la candidatura presidencial de Bolsonaro. Aprovechó para insultar a Lula. Repitió el insulto estos días en los Estados Unidos. Lo llamó “dictador comunista”.

Daniela Marques es la promotora de un ajuste fiscal tamaño Brasil. Quiere recortar entre 150 mil millones y 200 mil millones de reales de gastos públicos. Entre 30 mil y 40 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, la campaña de Flávio dice que de ninguna manera quitará ni una moneda del programa Bolsa Família, la AUH brasileña.

Edinho Silva, presidente nacional del PT y coordinador de la campaña presidencial de Lula, resumió la operación de comunicación. Cuando Flávio habla de un “tesouraço”, dijo, la pregunta es qué cortará esa tijera.

Miguel, el chico con hambre

Hay varias líneas nuevas en la campaña de Lula para el balotaje.

Sacaron de la galera el caso de Miguel, un chico de 11 años de Minas Gerais que en 2022 llamó a la Policía Militar porque en su casa no había comida.

“Antes de votar, recordá lo que pasó en 2022 con Miguel, de 11 años”, dice el video. En 2022 gobernaba todavía Jair Bolsonaro, el padre de Flávio, hoy en prisión domiciliaria con una condena de 27 años por intento de golpe de Estado.

El objetivo del lulismo, en su costado de campaña del miedo, es unir tres momentos en una misma secuencia. El hambre durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Flávio Bolsonaro como continuidad del bolsonarismo. Y el riesgo, según la campaña de Lula, de perder las políticas sociales reconstruidas durante el actual gobierno. Sea reconocido o no por los votantes el 25, uno de los logros de estos cuatro años de Lula es haber sacado a Brasil del mapa mundial del hambre.

¿Funciona el miedo? Hay un dato reciente de Quaest, una de las encuestadoras más leídas. El 43 por ciento de los brasileños dice temer más el regreso de los Bolsonaro al poder. Otro 43 por ciento teme más la reelección de Lula. Empate. En la medición anterior, el temor a Lula era también del 43 por ciento, pero el temor a los Bolsonaro estaba en 40. Subió el miedo al postulante de ultraderecha.

La gestión es una mochila de piedras y, a la vez, una oportunidad. Como presidente y como candidato, Lula busca ofrecer una esperanza mediante beneficios concretos y, simultáneamente, construir temor alrededor de lo que esos mismos sectores ahora beneficiados podrían perder.

La remontada todavía no es definitiva

Los números exigen cautela.

PoderData, que realizó su relevamiento entre el 13 y el 15 de octubre, encuentra a Lula y Flávio empatados en 50 por ciento de los votos válidos. En votos totales tienen un 47 por ciento cada uno. Blancos y nulos suman 4 y los indecisos, 2. El dato relevante, de nuevo, está en la historia reciente. Muy reciente: el 8 de octubre Flávio tenía seis puntos de ventaja. Después la distancia bajó a dos. Ahora es cero. Hay que recordar que la primera vuelta terminó con Bolsonaro con un 1,8 por ciento arriba de Lula.

CNT/MDA muestra una diferencia mínima. Flávio alcanza 50,5 por ciento y Lula 49,5 por ciento de los votos válidos. El margen de error es de 2,2 puntos. El infierno tan temido, o ansiado, del empate técnico.

Otra encuestadora, Datafolha, le da una foto más linda a Bolsonaro. Un 51 por ciento frente al 49 de Lula. Pero hace una semana la diferencia no era de dos puntos sino de cuatro.

Ninguna encuesta de la última semana da el balotaje como resuelto.

El celu y la calle

Después de la primera vuelta, el propio presidente candidato reconoció problemas graves de organización. Entonces centralizó más las decisiones, reforzó la presencia en las calles y dio mayor protagonismo a dirigentes jóvenes, militantes digitales y redes que no dependen directamente de la estructura partidaria.

También apareció una transformación en el mismo Lula: descubrió que el celular tiene cámara. Empezó a grabarse. Videos verticales, por supuesto, en modo selfie, siempre con gente joven alrededor y sin encuadres profesionales. Lula podría ser considerado uno de los políticos con mayor capacidad de comunicación del mundo, pero el 25 no se juega el ego sino el batacazo. Entonces, hasta el Gardel de los políticos cambió de técnica. Política pura.

La transformación digital coincidió con otra transformación mucho más visible.

El 11 de octubre una movilización por Lula ocupó 12 cuadras de la avenida Paulista, en São Paulo. La Paulista, que puede asemejarse a Avenida de Mayo, tiene 28 cuadras. El hecho se repitió en otras 76 ciudades, con enorme protagonismo de estudiantes. El efecto político no puede medirse simplemente contando asistentes porque, según informaron a este medio dirigentes brasileños, la clave es que las movilizaciones cambiaron el aire y tonificaron el ánimo para ir a buscar votos nuevos entre los que no votaron el 4 de octubre.

El cambio también es cuantificable en WhatsApp. Léase uatsapi, para ponerle banda de sonido en brasileiro.

El canal “Exército de Lula”, coordinado por André Janones, diputado federal de Rede por Minas Gerais, pasó de alrededor de 50 mil integrantes después de la primera vuelta a más de cuatro millones el 13 de octubre, según datos analizados por Datrix y citados por el diario Folha de São Paulo, que no es petista. De allí se pueden tomar videos, audios y actividades recomendadas. Practicidad política.

En redes aumentaron los seguidores de Lula y también las interacciones.

Nadie menosprecia el peso en redes de Bolsonaro. La novedad es que la agenda política fue virando hacia el mundo del trabajo, del ingreso y de la vida cotidiana.

Es lo concreto, estúpido

En los últimos días Lula fue abandonando los conceptos generales y eligió temas palpables. Ahora habla de tiempo libre, de salario, del boleto de colectivo, de las becas para estudiantes y de los endeudados. Pero no solo habla sobre ellos. Se dirige a cada uno de ellos. La magia de las selfies.

No abandonó el argumento democrático contra el bolsonarismo, pero le agregó una traducción material comprensible.

El Congreso brasileño aprobó al fin la Enmienda Constitucional 141, un proyecto de Lula presidente que elimina gradualmente la escala de seis días de trabajo por uno de descanso. En solo 60 días más, la jornada máxima bajará de 44 a 42 horas semanales y los trabajadores pasarán a tener dos días de descanso semanal remunerado. Catorce meses después de la promulgación, el límite será de 40 horas semanales, sin reducción salarial.

El Ministerio de Trabajo estima que, de casi 45 millones de trabajadores registrados y con horas contabilizadas, 15 millones, es decir, un tercio, trabajan con un solo franco semanal.

En el Senado la votación fue abrumadora. En dos rondas salió 75 a uno. El único voto negativo fue el de Hamilton Mourão, senador de Republicanos por Rio Grande do Sul y exvicepresidente de Jair Bolsonaro.

Hasta Flávio Bolsonaro terminó votando a favor después de haber cuestionado la supuesta utilización electoral del tema. Era un asunto demasiado popular como para quedar del otro lado. Y en términos políticos, el candidato opositor terminó discutiendo en el terreno elegido por el candidato presidente.

Un día más de vida

La fuerza electoral del 6×1 anulado está en que casi no necesita explicación, tipo resultado fiscal o números macro. Se entiende fácil. Es un día más sin trabajar.

Lula conectó inmediatamente esa reforma con otra propuesta. Explicó que si el trabajador dispone de dos días de descanso, debería poder usar parte de ese tiempo sin que el costo del transporte sea un obstáculo. De allí surgió el anuncio de transporte público gratuito los fines de semana. Por supuesto, con otra selfie vertical y desprolija.

La propuesta ni siquiera figuraba en el paquete de eliminación del 6×1.

El mismo mecanismo se aplica al Pé-de-Meia Universitário. Un fondo de ahorro que beneficia a los estudiantes con 700 reales mensuales durante diez meses y un depósito de 2.500 reales por año que estaría disponible al terminar la carrera. Son 140 dólares por mes y 500 dólares ahorrados por año. Los beneficiarios serían unos 500 mil estudiantes.

Después de la primera vuelta, Bolsonaro podía decir, como había buscado en la campaña, que él representaba el cambio y Lula la continuidad. El candidato presidente trata de revertir esa imagen con la serie de cambios verificables ya.

Meta operar nomás

Por lo que pudo determinar Y ahora qué en un paneo por dirigentes del PT, el nivel de exitismo es igual a cero. Se explica. Según Datafolha, entre quienes no se autoperciben ni petistas ni bolsonaristas, Flávio Bolsonaro obtiene 59 por ciento de los votos válidos y Lula 41.

Lula predomina entre los más pobres, donde tiene 53 contra 38. También entre los habitantes del Nordeste, con 61 contra 32 por ciento. Entre los católicos, obtiene 52 contra 42. Entre las mujeres, 49 contra 40. A Bolsonaro le va mejor entre evangélicos, hombres, electores de ingresos medios y altos y buena parte del Sudeste, Sur y Centro-Oeste.

El Sudeste (San Pablo, Río y Minas Gerais) es un talón de Aquiles para Lula: está en 41, contra el 51 de Bolsonaro. Por eso precisa meterse en sectores que no se identifican con el PT. ¿Son los 33,4 millones que no votaron en la primera vuelta? La búsqueda de ese voto de abstención explica el valor de la calle. Simpatizantes lanzados a la alquimia de convertir una abstención en un voto lulista.

Algo debe haber mejorado el lulismo porque hay gente preocupada. Gente poderosa. El Tribunal Superior Electoral consideró que la empresa de Mark Zuckerberg cometió anomalías en el manejo de los algoritmos para impedir la igualdad de posibilidades de cada candidato.

Especialistas de Meta reconocieron restricciones que perjudicaron cuentas vinculadas con Lula. La cuenta oficial, incluso, estuvo casi 24 horas sin poder impulsar publicaciones del feed entre el 9 y el 10 de octubre. Al mismo tiempo, Bolsonaro apareció extrañamente, contra el sesgo lógico, en Instagram y WhatsApp. Meta dice que no tiene favoritismo político y atribuye esos episodios a presuntas fallas técnicas. Y justo cuando llegó el momento de las selfies.

¿Y si gana Lula?

Si gana Lula, sería electoralmente un hecho inédito en Brasil. Hasta ahora ningún candidato brasileño que terminó segundo en la primera vuelta logró triunfar en el balotaje. Para Lula, eso significaría volcar en su favor durante tres semanas una diferencia de alrededor de 2,2 millones de votos.

Para conseguirlo tendría que sostener y aun mejorar su ventaja en el Nordeste, mantener el nuevo clima, movilizar a mujeres y jóvenes para que consigan nuevos votos, achicar la abstención, reducir el daño en los tres estados del Sudeste y captar a una parte de los ni-ni.

Al día siguiente de la primera vuelta parecía que nada de esto era posible. Ahora la chance de una victoria que garantice un cuarto mandato para el presidente quedó, al menos, en el terreno de lo probable. Sería un regalo anticipado de cumpleaños para Lula: el 27, dos días después de la segunda vuelta, cumplirá 81. Comprar velitas ya tiene otro sentido. Y cruzar los dedos, claro.

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