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Manzano, el chupete de Milei

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En las élites argentinas nada se pierde, todo se transforma.

No es exactamente el dueño de todo, aunque a menudo es el que teje la red. En los noventa José Luis Manzano arrancó asociándose con Daniel Vila, Jorge Mas Canosa y MasTec. Después llegaron Mercuria, Glencore y otras compañías internacionales. En la Argentina comparte negocios con Mauricio Filiberti y Vila en Edenor y aparece alrededor de la expansión hacia Metrogas y los activos de Shell. Su holding posee minerales críticos y empresas energéticas dentro y fuera del país. El caso AySA permite observar un modelo que se repite: capital local, capital extranjero, activos estratégicos, diseño de país enclave y un conocimiento utilitario del Estado y sus protagonistas.

Mientras para preservar la esencia del Gobierno libertario la Corte Suprema preparaba el salvataje del DNU 70/2023 con un fallo distractivo, a las diez de la mañana del 8 de octubre se abrieron dos sobres en el Ministerio de Economía. El Grupo Roggio ofreció 285 millones de dólares por el 90 por ciento de Agua y Saneamientos Argentinos, AySA. El otro consorcio presentó 340,2 millones.

Aunque todavía resta la evaluación definitiva, en esa instancia ganó el segundo grupo. Está formado por estas cuatro empresas:
*Rowing, del empresario Walter Román.
*Arcos Saneamento e Participações, del grupo brasileño Equipav.
*PHX Aqua AR B.V., un vehículo de inversión radicado en los Países Bajos.
*Y Transclor, de Mauricio Filiberti.

AySA abastece de agua potable y cloacas a alrededor de 14 millones de personas de la Ciudad de Buenos Aires y 26 municipios bonaerenses. La concesión será por 30 años, prorrogables por otros diez. Hoy deja ganancia, pero ése no debería ser el criterio más importante. El fondo de la cuestión es sencillo: ¿por qué el agua y el saneamiento deben guiarse por el espíritu de lucro? Como pensaba lo contrario, Néstor Kirchner reestatizó la empresa. Altri tempi.

Por alguna razón misteriosa, o no, el nombre de José Luis Manzano se entreveró con la noticia de la privatización de AySA. El ex ministro del Interior de Carlos Menem (1991-92) no figura entre los oferentes, y tampoco uno de sus socios en otros emprendimientos, el también mendocino Daniel Vila.

Sin embargo, el misterio deja de ser tal cuando se empieza a tirar del hilo.

Una de las cuatro empresas del grupo que quedó primero, Transclor, desde 2009 es proveedor del policloruro de aluminio que AySA utiliza para potabilizar el agua. Filiberti, su dueño, es además socio de Manzano y Vila en el control de Edenor. Y AySA es el mayor consumidor eléctrico del área metropolitana y, por lo tanto, uno de los clientes decisivos de esa distribuidora.

No es conspiranoia. Son datos. Negocios: el proveedor químico puede convertirse ahora en accionista de su cliente, y ese mismo empresario polifacético comparte con Manzano y Vila otra de las compañías que le vende un insumo fundamental a AySA. Nada menos que electricidad.

No es un holding tradicional

Desentrañar quién es Manzano hoy en los negocios que se realizan en la Argentina puede ser útil para observar cómo se está reformulando el país bajo el mandato de Su Excelencia el Presidente Javier Milei.

Protagonista político de las privatizaciones menemistas, entusiasta del Rigi de Milei para minería y petróleo, Manzano puede aportar dinero a la Fundación Faro del Presidente y a la vez presentarse como interlocutor de Axel Kicillof junto a otros empresarios en Nueva York. Pero su discurso económico actual está claramente adaptado a su forma de ganar dinero. En marzo, durante la Argentina Week en Nueva York, dijo que no consideraba que la economía estuviera estancada.

“Habrá sectores que deberán hacer un gran esfuerzo de adecuación porque no son competitivos para este modelo”, dijo. Y pronosticó una gran actividad en otros rubros: “Hay sectores que van a volar: Vaca Muerta, la minería, el agro y la tecnología. Estos sectores compensarán a los que caigan”.

“Vamos hacia una economía muy exportadora y, por ende, una economía que sale de su déficit crónico de dólares”, dijo, aunque no dio precisiones sobre cómo esos dólares quedarían en el país. Y añadió, al estilo Luis Caputo: “Si logramos eso, seremos una economía estable”.

Sería sencillo definir a Manzano como un gran capitalista argentino. Sencillo pero incompleto. ¿Y representante de capitales extranjeros? Tampoco alcanzaría. ¿Lobbyista? A los 70 años, tiene un enorme conocimiento de la política, del Estado y de sus protagonistas. A muchos de ellos los conoció en 1983, cuando tenía 26 años y asumió como diputado nacional por el peronismo mendocino. Pero un lobbyista trabaja fundamentalmente para intereses ajenos, y desde que abandonó la política partidaria y se fue a los Estados Unidos, en 1993, Manzano combina intereses de otros con intereses propios.

Es empresario, accionista, financista, negociador y articulador. Es un puente. Un argentino transnacionalizado que articula capital criollo con financiamiento y compañías internacionales. Una persona que se especializa en negocios donde la relación con el Estado, las regulaciones y los activos estratégicos resulta decisiva.

Manzano, se sabe, no construyó un conglomerado semejante a Techint, Arcor o Ledesma, y aunque su influencia es cada mayor no escaló hasta el nivel de Héctor Magnetto.

Arma operaciones, encuentra socios, consigue financiamiento, detecta activos suculentos, junta intereses, compra, reestructura y termina hallando nuevos socios. El tejido permanente de una red que cada día incorpora una trama distinta.

Miami, el primer puente

El método puede rastrearse hasta los años noventa.

Como diputado nacional, Manzano muy pronto terminó presidiendo el bloque. Luego fue su paso fugaz por el Ministerio del Interior, de agosto de 1991 hasta diciembre de 1992. De 1992 es Robo para la Corona, un libro que fue bestseller, titulado así porque el autor, Horacio Verbitsky, le atribuyó esa frase al propio Manzano cuando investigó el funcionamiento de la maquinaria menemista de poder, privatizaciones y negocios.

Ya en los Estados Unidos Manzano se relacionó con Jorge Mas Canosa, un anticastrista furioso que presidía la Fundación Cubano Americana y en su costado visible ya había hecho dinero con las telecomunicaciones. Mas Canosa es el padre del dueño del Inter Miami.

En 1995 su compañía MasTec ingresó en Supercanal, la empresa de televisión por cable de Daniel Vila, mendocino como Manzano. La operación se concretó por unos 18 millones de dólares. MasTec quedó con el 28,8 por ciento del holding. Una nota de La Nación de marzo de 2000 sostuvo que había sido Manzano quien introdujo a Vila en el círculo de Mas Canosa. Sea como sea, allí confluyeron Vila, Manzano y capital llegado desde Miami.

Bernardo Ruti, exempleado del grupo, sostuvo que entre 1996 y 1997 el holding había recibido alrededor de 500 millones de dólares en créditos de ING Barings para expandirse en medios.

Lo cierto es que MasTec tenía el 28,8 por ciento de Supercanal. Adelina Dalesio de Viola, junto a María Julia Alsogaray una de las incorporaciones provenientes de la Unión del Centro Democrático que fichó Menem para consolidar su frente conservador, aparecía como apoderada de ese grupo que combinaba capital argentino y capital estadounidense, ambos con financiamiento internacional.

En el área de medios, que también se va ampliando, Telefe informó en 2025 que el comprador fue un holding liderado por Gustavo Scaglione, “con la participación de José Luis Manzano”, y que Integra actuó como estructurador y asesor financiero. No publicó el porcentaje de Manzano.

De los medios a los recursos naturales

El salto importante de Manzano a nuevas ligas se produjo cuando comenzó a ingresar a negocios de petróleo, electricidad, gas y minería. Activos físicos, recursos naturales y, por qué abandonar las ventajas comparativas, negocios regulados.

En petróleo, la asociación central fue con Mercuria, uno de los grandes traders globales de commodities.

Andes Energía, vinculada con Manzano, se fusionó con Petrolera El Trébol, de Mercuria, y creó Phoenix Global Resources. El negocio incorporó una importante superficie en Vaca Muerta.

Otra vez aparece el mismo patrón de comportamiento. En lugar de inventar desde cero un negocio vertical que haga todo por sí mismo, se asocia con un jugador internacional. La propia firma Integra Capital describe su propia estrategia como orientada hacia energía, minerales críticos e infraestructura y destaca expresamente la importancia de las “alianzas internacionales”.

¿El argentino que compra a las multinacionales?

La minería lleva ese modelo todavía más lejos.

Un dictamen de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia de 2026 aporta un dato especialmente útil para atravesar las estructuras societarias. Informa que José Luis Manzano posee el 80 por ciento del capital y los votos de Integra Capital Business S.A.

El mismo documento detalla los vehículos mediante los cuales controla indirectamente compañías con derechos mineros sobre litio, potasio, boratos y otros minerales en Jujuy y Catamarca.

De modo que Manzano no es sólo un intermediario, e incluso aparece como comprador, o representante de compradores, frente a grupos internacionales de gran porte.

Integra registra una secuencia rápida. En 2021 adquirió Minera Aguilar en Jujuy. En 2023 ingresó en Potasio Río Colorado en Mendoza. En 2024 tomó el control de Volcan en Perú y de la sociedad vinculada al Puerto de Chancay, un proyecto chino. En 2025 agregó Integratel y la mencionada participación en Telefe. Es la transformación de un grupo originalmente muy ligado a medios y energía argentinos en una plataforma regional de recursos naturales, infraestructura y comunicaciones.

Potasio Río Colorado permite dimensionar la escala. Mendoza adjudicó el 88 por ciento del proyecto al grupo privado integrado por Minera Aguilar y la brasileña ARG, mientras la provincia retuvo 12 por ciento. El compromiso original fue invertir US$1.039 millones en cinco años para llegar a producir 1,5 millones de toneladas anuales de sales de potasio.

En Perú la construcción es todavía más sofisticada. La memoria de Volcan de 2025 muestra que Transition Metals AG tenía 32,59 por ciento de las acciones Clase A y el Fideicomiso Transition Metals otro 22,43 por ciento. Ambas posiciones pertenecen al universo de Integra, que las compró al grupo Glencore. Así aparece otra constante de Manzano: el poder de voto puede ser mucho mayor que lo que sugeriría una mirada rápida sobre el porcentaje total del capital económico. El pago inicial fue de apenas 20 millones de dólares y la propia Glencore otorgó una facilidad financiera adicional de hasta 40 millones para que Transition Metals pudiera afrontar determinadas obligaciones de la operación.

Es un ejemplo casi perfecto del modelo: empresario de origen argentino, sociedad formada fuera del país, una firma global como vendedora y financista y un activo minero en otro país latinoamericano.

De Volcan se separó además el negocio portuario. Inversiones Portuarias Chancay concentra 40 por ciento de Cosco Shipping Ports Chancay Perú y la estatal china COSCO conserva el restante 60 por ciento. El activo conecta las explotaciones minerales peruanas con uno de los grandes corredores logísticos hacia Asia.

El sitio web de Integra enumera actualmente participaciones en litio, uranio, Minera Aguilar, Volcan, Edenor, Edemsa, generación hidroeléctrica, Interoil y Metrogas.

Edenor: cuando aparece Filiberti

El nombre de Edenor es clave. En 2020 el grupo integrado por Manzano, Vila y Mauricio Filiberti acordó comprar a Pampa Energía el control de Edenor. La operación se completó en 2021. Filiberti venía del negocio de la potabilización pero con Edenor los tres empresarios quedaron instalados en uno de los servicios públicos más sensibles de la Argentina como es la electricidad.

Siguieron adelante. En agosto de 2026, Edenor ofreció 780 millones de dólares por el 70 por ciento de Metrogas que pertenecía a YPF. Traducido: quedan bajo el mismo núcleo empresario la principal distribuidora eléctrica y la mayor distribuidora de gas del área metropolitana. Red de redes. Infraestructura y tarifas.

Del pozo al surtidor

La operación Shell completa otra parte del crecimiento.

Mercuria acordó pagar 1.420 millones de dólares por los activos argentinos de Raízen. El paquete incluyó la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes, terminales logísticas, instalaciones aeroportuarias y 894 estaciones. No dicen “Chupete”, por el apodo que tenía Manzano como joven diputado. Conservan “Shell”. El punto es que Manzano ya estaba asociado a Mercuria, por sí mismo y como socio de Edenor.

Manzano no es el dueño de todo

Conviene evitar una simplificación tentadora. No existe una gigantesca sociedad llamada Manzano S.A. propietaria de todas esas compañías, ni Manzano es el dueño de la Argentina. A veces controla, otras participa, y también se asocia, asoma a través de holdings o aprovecha cambios en el paquete accionario.

Por eso en AySA ni figura como oferente. Cualquiera podría considerarlo un disperso, pero hace por lo menos 30 años que la diversificación es un valor muy buscado en los negocios. Así conviven o se suceden, según el caso, Mas Canosa y MasTec en los noventa, Mercuria en petróleo y combustibles, Glencore como contraparte en minería, Vila durante treinta años, Filiberti en servicios públicos, capitales argentinos europeos o norteamericanos, sedes en Panamá, Delaware, Gran Bretaña, Perú o Suiza y activos en la Argentina.

AySA y el círculo que se cierra

Volviendo al agua, si termina de redondearse la adjudicación al grupo ganador Transclor integrará el grupo propietario de AySA, y todo en una red infinita.

Para el Estado, o para el Estado si no estuviera gobernado por Su Excelencia y su ministro Federico Sturzenegger, un desafío sería cómo controlar las operaciones entre empresas relacionadas entre sí. Es difícil imaginar la capacidad del Estado para regular grupos que participan simultáneamente en distintos servicios esenciales. Una pregunta es dónde termina una asociación empresaria y dónde comienza un nivel de concentración económica capaz de condicionar a los propios reguladores.

¿Quién controla a quién cuando un mismo entramado puede encontrarse a ambos lados del mostrador de una relación entre proveedor y cliente?

Treinta y cuatro años después de abandonar el Ministerio del Interior, quizá ésa sea la verdadera dimensión del poder construido por José Luis Manzano: no la propiedad absoluta de un imperio, sino la posición central dentro de una red.

Habrá que seguir de cerca cómo se mueven las elites nacionales y extranjeras en un mundo desordenado donde la concentración, todavía, manda.

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