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Récord de gases de efecto invernadero

Récord de gases de efecto invernadero
El planeta podría subir 2,8 grados más.

La concentración de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso alcanzó niveles sin precedentes en 2025. La ONU advierte que las políticas actuales son insuficientes y reclama acelerar la reducción de emisiones. El calentamiento aumenta los riesgos de olas de calor, inundaciones, sequías e incendios. Un informe del organismo señala que todavía es posible limitar sus consecuencias, pero exige recortes profundos y sostenidos durante los próximos años.

Cinco claves:

  1. El CO₂ atmosférico llegó en 2025 a 426,8 partes por millón, un 53% más que en 1750.
  2. Las emisiones de CO₂ de origen fósil alcanzaron un récord estimado de 38.100 millones de toneladas.
  3. Con las políticas actuales, el calentamiento podría llegar a 2,8°C durante este siglo.
  4. La ONU plantea reducir las emisiones mundiales un 18% para 2030 y un 45% para 2035.
  5. La protección de bosques, el control del metano y la adaptación figuran entre las medidas recomendadas.

La concentración de los principales gases de efecto invernadero volvió a alcanzar un máximo histórico y encendió una nueva señal de alarma sobre la evolución del clima mundial. La Organización Meteorológica Mundial informó el 27 de octubre que el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso registraron en 2025 los valores más altos desde que comenzaron las mediciones de su red de observación.

El dato se conoce a pocos días de la difusión de otro informe de Naciones Unidas, que advierte que las medidas adoptadas hasta ahora por los países están lejos de alcanzar las reducciones necesarias para limitar el calentamiento global.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la continuidad de las políticas actuales podría llevar a un aumento de la temperatura de 2,8 grados durante este siglo respecto de la era preindustrial. La cifra es una proyección y su evolución dependerá de las emisiones futuras y de la respuesta del sistema climático.

Los gases que se acumulan en la atmósfera

El informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que la concentración promedio de dióxido de carbono llegó a 426,8 partes por millón en 2025, frente a las 423,9 registradas en 2024. El valor es aproximadamente un 53 por ciento superior al de 1750, antes de la industrialización.

El metano alcanzó las 1.948 partes por mil millones y el óxido nitroso llegó a 339,1 partes por mil millones. Ambos valores también superaron los registros del año anterior.

La quema de carbón, petróleo y gas es una de las principales fuentes de dióxido de carbono, junto con actividades industriales y cambios en el uso de la tierra. El metano proviene, entre otras fuentes, de la ganadería, los arrozales, los residuos y la explotación de combustibles fósiles. El óxido nitroso está asociado al uso de fertilizantes, la quema de biomasa y distintos procesos industriales.

La OMM aclara que su boletín mide la concentración de gases acumulados en la atmósfera, que no es lo mismo que las emisiones liberadas en un año. Aproximadamente la mitad del dióxido de carbono emitido permanece en la atmósfera, mientras que el resto es absorbido por los océanos y los ecosistemas terrestres.

El estudio científico Global Carbon Budget 2025 estimó que las emisiones mundiales de CO₂ de origen fósil alcanzaron un récord de 38.100 millones de toneladas en 2025, alrededor de un 1 por ciento más que en 2024.

Al sumar las emisiones asociadas a cambios en el uso de la tierra, el total preliminar fue de 42.200 millones de toneladas, ligeramente inferior al del año anterior. El estudio advierte que sus estimaciones pueden ser revisadas.

Una suba que continúa y sus posibles consecuencias

Entre 2024 y 2025, la concentración mundial de dióxido de carbono aumentó 2,8 partes por millón. El incremento fue menor que el registrado entre 2023 y 2024, pero se mantuvo por encima del promedio de la década de 2011 a 2020.

La científica de la OMM Oksana Tarasova explicó que ese menor ritmo estuvo relacionado, entre otros factores, con una recuperación de la capacidad de absorción de los ecosistemas terrestres y con menores emisiones procedentes de incendios después del fuerte episodio de El Niño de 2023 y 2024.

Sin embargo, Tarasova advirtió que el aumento sigue representando una incorporación considerable de carbono a la atmósfera. También señaló que las concentraciones podrían continuar creciendo en 2026 por la quema de combustibles fósiles y por los efectos de El Niño sobre la capacidad de absorción de los ecosistemas.

La acumulación de gases intensifica el efecto invernadero y contribuye al aumento de la temperatura del planeta. Entre las consecuencias se encuentran olas de calor más intensas, mayores riesgos de sequías e incendios en determinadas regiones, lluvias extremas y aumento del nivel del mar.

Esos cambios pueden afectar la salud, la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, las viviendas y la infraestructura. También amenazan a ecosistemas y especies que tienen dificultades para adaptarse a cambios acelerados.

La directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, advirtió que cada fracción adicional de calentamiento y cada año por encima de 1,5 grados incrementan los riesgos climáticos, entre ellos las inundaciones, las olas de calor y los incendios.

El cambio climático puede modificar la probabilidad o la intensidad de estos fenómenos, aunque para determinar cuánto influyó en un evento particular se necesitan estudios específicos.

La brecha entre los compromisos y las reducciones necesarias

El informe de la ONU considera que, aun si todos los países cumplieran plenamente sus compromisos climáticos actuales y mantuvieran esfuerzos comparables después, el calentamiento podría alcanzar los 2,6 grados durante este siglo.

En un escenario más ambicioso, que además incluye el cumplimiento de objetivos de emisiones netas cero, la proyección se ubica en torno a los 2,1 grados.

El organismo también analizó una trayectoria que contempla superar temporalmente los 1,5 grados, limitar el pico de calentamiento a entre 1,7 y 1,8 grados hacia mediados de siglo y volver a 1,5 grados o menos hacia 2100. La posibilidad estimada de lograr ese regreso es de alrededor del 50 por ciento y depende de recortes profundos de emisiones y de retirar grandes cantidades de CO₂ de la atmósfera.

Para seguir esa trayectoria, las emisiones mundiales deberían reducirse un 18 por ciento para 2030, un 45 por ciento para 2035 y un 69 por ciento para 2040, siempre en comparación con los niveles de 2025.

En cambio, el cumplimiento completo de los compromisos nacionales actuales permitiría una reducción de entre el 5 y el 8 por ciento para 2030 y de entre el 11 y el 15 por ciento para 2035. Esa diferencia es la que Naciones Unidas denomina brecha de emisiones.

El secretario general de la ONU, António Guterres, sostuvo que la posibilidad de superar temporalmente el límite de 1,5 grados no implica renunciar al objetivo de limitar el calentamiento. Planteó que ese período debe ser lo más breve y reducido posible mediante una disminución acelerada de las emisiones.

Las medidas que se reclaman a los países

Los organismos internacionales recomiendan que los gobiernos refuercen sus compromisos climáticos y los traduzcan en medidas concretas para reducir el uso de combustibles fósiles, ampliar las energías de bajas emisiones y mejorar la eficiencia energética.

También señalan la importancia de controlar las fugas de metano en instalaciones de petróleo y gas, mejorar la gestión de residuos y promover prácticas agropecuarias que reduzcan las emisiones. La protección de los bosques y la recuperación de ecosistemas degradados forman parte de las acciones propuestas.

Junto con la reducción de gases, los países necesitan invertir en adaptación. Entre las medidas figuran los sistemas de alerta temprana, la preparación de los servicios de salud ante olas de calor, la planificación del agua y la construcción de infraestructura capaz de enfrentar lluvias y temperaturas extremas.

La ONU advierte que los países con menos recursos necesitan financiamiento y acceso a tecnologías para afrontar tanto la transición energética como las consecuencias de un clima que ya está cambiando a pasos acelerados.

En su Encíclica Laudato Si de 2015, el papa Francisco ya lo advirtió y habló de avanzar hacia una ecología integral que una la crisis ambiental con la justicia social ya que todo el planeta está interconectado.

“Esta hermana (la Tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y de los abusos de los bienes que Dios ha puesto en ella”, dijo Francisco al hablar del planeta, o lo que es lo mismo de nuestra “casa común”.

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