Quienes sucedan a Milei deberán inspirarse en el filósofo chino Confucio, quien dijo que lo primero que haría si gobernara un Estado sería “rectificar los nombres”. La correspondencia de las palabras con los actos también es requisito para comprender al gobernante corrupto y evitar que el orden social se desmorone. Ningún analista los toma en serio, y no falta quien prefiere ver a los libertarios como síntoma.
Cinco claves:
- Los US$60.000 millones de exportaciones de cobre anunciados por Milei carecen de sustento y contradicen las proyecciones oficiales.
- Exponen cifras infladas para exhibir éxitos de gestión y minimizadas para ocultar los fracasos económicos.
- La literalidad y la falta de empatía impiden reconocer las dificultades de quienes no llegan a fin de mes.
- El alineamiento con Trump coloca a Milei en un papel subordinado, sin autonomía ni capacidad de diálogo.
- El triunfo de Lula reivindica la pluralidad, el derecho a la incertidumbre y la construcción de un destino propio.
Como quien se refiere al caudal de ventas del almacenero de la esquina, Fenómeno Barrial afirmó durante su último y esperpéntico tour en Madrid que la Argentina podría exportar cobre por 60.000 millones de dólares anuales. Curiosa la cifra, sin plazos de realización, yacimientos involucrados ni estudios económicos que la sustenten. Curiosa, temblequeante y contradictoria con la proyección elaborada por la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera que el año pasado presentó, para responder a la pregunta 1301, la Jefatura de Gabinete ante la Cámara de Diputados.
En esa ocasión se dio a conocer que el Poder Ejecutivo estimaba para 2035 las exportaciones anuales de: cobre por 11.742 millones de dólares; litio por 11.396 millones de dólares; oro por 1.627 millones de dólares y plata por 782 millones de dólares. Al sumar esos cuatro minerales la proyección alcanza a 25.547 millones de dólares anuales, menos de la mitad de los 60.000 millones que el fenómeno barrial atribuyó sólo a uno de ellos, al cobre, en un futuro indeterminado.
Hubo, después de los números oficiales presentados en la Cámara de Diputados en 2025, varias actualizaciones, para formular un escenario más previsible (y por lo tanto razonable) de las exportaciones cupríferas para 2035, pero en ningún caso estuvieron fuera del rango que va desde 10.000 millones de dólares anuales hasta los 24.000 millones. O sea que los 60.000 millones de dólares que planteó el fenómeno barrial como una previsión verificable, a corto plazo y al alcance de la mano, parecen impropios de quien tantas veces manifestó cierto amor desmesurado por el rigor lógico y formal, y se pensó inmune a la ambigüedad interpretativa propia de la literatura o de la política.
Es habitual que Milei presente números inflados con euforia dislocada cuando se refieren a los presuntos éxitos de su gestión, y anemiados hasta la virtual extinción si apuntan a poner en la superficie alguno de sus fracasos. O sea que los números, como es coherente para quienes se manejan desde la trinchera de la escuela austríaca (marginal respecto de la teoría económica neoclásica y teóricamente escéptica del cálculo diferencial, el álgebra matricial, la econometría y otras herramientas por el estilo) servirían al gobernante para expresar almibaradamente la contabilidad pública y poco más, o serían abnegados portadores de falsías o coartadas ‘pour la galerie’.
Milei es mentido
El velo de la distracción discursiva que levanta el Gobierno libertario gira alrededor de la posible subsistencia de los argentinos cuando sus ingresos se agotan al promediar el mes. No es el único motivo que da cauce al torrente de insultos que lanza Milei cada vez que toma la palabra, pero reitera enfáticamente sus dificultades para dialogar, su carácter irritable, su estudiada y consentida inmadurez y persistente torpeza.
Analistas de la política y cultores de muy diversas disciplinas señalaron que el rasgo principal de esa condición del autopercibido fenómeno barrial es no tener acceso a la metáfora, debiendo permanecer entendiendo y expresándose en el terreno de la absoluta literalidad. Decir que una gran parte de los argentinos sólo llegan al día 20 de cada mes, por ejemplo, para él es “una pelotudez”, dado que desde el día 20 no podrían comer ni beber y por lo tanto morirían. Horacio Verbitsky -en su editorial del domingo pasado- también se hizo eco de estas cuestiones, y agregó que “más allá del cinismo y la ausencia de empatía, esta interpretación literal de las palabras es un síntoma clave del espectro autista”.
Suena feo, pero lo cierto es que abundan los adherentes y defensores de la literalidad, los que prefieren transitar por terrenos supuestamente firmes y seguros, axiomáticos, ajenos a la más mínima contingencia, claros, distintos y previamente creados y decididos de una vez y para siempre. Abundan quienes hacen sacrificios sobrehumanos para mantenerse al margen de cualquier fantasía, lo más lejos posible de todo impulso creativo, convencidos de que alcanza un gesto de mínima imaginación para devolver al mundo su inestabilidad amenazante.
Cuando el fenómeno barrial asegura que es “una pelotudez” plantear que gran parte de los argentinos sólo llegan al día 20 de cada mes sencillamente porque morirían si desde ese día no comieran ni bebieran, elige mantenerse en la esfera de los “hechos y números” tal como fueron enunciados. Para Milei sólo importan los significantes agrupados inequívocos, los significados estrictos de cada significante (sea una palabra, sea una cifra), especialmente cuando se trata de negar aquello que algún “malnacido” manifestó, apelando a una figura retórica como la metáfora, para poner en la superficie la mishiadura derivada de su gestión, por ejemplo.
Plegaria del milagrero
El fenómeno barrial sabe que las sirenas, como bien escribió Homero, son peligrosas no sólo porque enloquecen a los hombres con cantos bellísimos sino también porque prometen el conocimiento absoluto. De ahí que Odiseo, antes de zarpar hacia sus dominios, escuche los consejos de Circe, la hechicera, quien le advierte que aquellos que cedieron a los cantos de las sirenas terminaron encallando las naves en los arrecifes que rodean a su isla, Antemóesa, o muriendo de hambre y sed en las orillas.
Pero habría un procedimiento para evitar el peligro, agrega Circe, y Odiseo pudiera escuchar los cantos desestabilizadores de las sirenas, extraordinarios, tumultuosos y tenazmente metafóricos. El héroe debería taponar con cera de abejas blanda los oídos de los marineros, y así volverlos insensibles a dichos cantos, al tiempo que él (con los oídos despejados) debía dar órdenes de que lo ataran al mástil mayor de la embarcación y no lo liberaran bajo ningún concepto, por más súplicas y amenazas que profiriera.
Aceptada la descripción del vínculo con lo metafórico y simbólico que expresa La Odisea, de igual manera que la vigencia del conjunto de la obra (como lo ratificó una vez más el estreno a mediados de año de la última versión cinematográfica dirigida por Christopher Nolan, y su recepción masiva), amerita revisitar el pasaje de las sirenas. Es una instancia que sirve en primer término para pensar en quienes se aferran a la literalidad con uñas y dientes, y en aquellos que al menos sienten curiosidad por esa figura retórica, la metáfora, de la cual bien dijo Paul Ricaur que implica “una torsión del sentido”. Entonces el canto de las sirenas es para quienes se animan a dar un paso adelante hacia la esfera donde impera la metáfora, lo equívoco, lo engañoso y polisémico, lo inexacto y contingente, y lo que puede ser simultáneamente otra cosa.
También es posible proyectar esta dicotomía al escenario político actual, simplemente para buscar algo que la ilustre. Parece deducible entonces que difícilmente podría desempeñar el papel de Odiseo un alérgico a lo metafórico o creativo, y adicto a la literalidad. Y menos aún quien se asuma seguidor de otro, como el fenómeno barrial lo sugiere respecto de Trump. De ahí que Trump, en sentido figurado, podría encarnar una suerte de versión aggionada de Odiseo, con severas ataduras al mástil mayor de su embarcación, y desde allí podría ver a Milei vuelto un remero con los oídos taponados de cera de abeja blanda, un remero que como no puede oír tampoco puede dialogar, y por lo tanto tampoco puede hacer algo distinto que no sea continuar a su servicio.
En caso de que Trump se tomara una licencia no sería una hipótesis del todo descartable que asumiera su papel, desde la perspectiva del fenómeno barrial, un Benjamín Netanyahu, aunque luego de las elecciones en Israel haya quedado un tanto deslucido y con un futuro político incierto.
Dando vuelta los aforismos
Por estas jornadas Milei, además, no sólo lanzó insultos a diestra y siniestra como de costumbre, sino que también debió asimilar la derrota de su compañero de ruta ultraderechista Flávio Bolsonaro en Brasil, a manos de Lula, a quien en varias ocasiones calificara como un “zurdo que estuvo preso por corrupción”, un “comunista”, un “corrupto”, un “ladrón y mentiroso”, etcétera. Entonces creyó interesante desplegar algún vandalismo intelectual más o menos distractivo, y omitió reconocer y felicitar al ganador de los comicios, dejando de nuevo al lenguaje atascado en la literalidad, aplanado, sin resonancias ni evocaciones, mientras el perdidoso Flávio Bolsonaro (su candidato in pectore) se profugaba traspasando temporariamente la frontera argentina.
Fue tan intensa la situación que pareció que ya nada dejaba por metaforizar, y que no quedaba espacio en el lenguaje para resonancia alguna, evocaciones o significancias erráticas pero valiosas. Pareció cancelado todo atisbo de incertidumbre, como si la suerte estuviera definitivamente echada y para dar satisfacción a lo que dijo Sartre cuando era el vocero predilecto de los existencialistas europeos de posguerra: “prefiero la desesperación a la incertidumbre”.
Pero afortunadamente en Brasil, y ojalá pronto suceda en Argentina, junto con el resultado de la primera vuelta favorable a Bolsonaro también dieron vuelta el aforismo sartreano, reivindicando el derecho a la incertidumbre, al futuro, a la pluralidad de sentido, a lo diverso y acorde con los pueblos decididos a construir su propio destino.